CURTOCIRCUITO 2018: “PENÍNSULAS”

En las raíces, las Penínsulas

El pasado 29 de septiembre la capital gallega inauguraba la 15º edición del festival de cine internacional ‘Curtocircuito’. Con la idea de convertirse en una especie de altavoz para los trabajos que se están llevando a cabo en España, llama particularmente la atención el apartado de “Penínsulas” dentro de las cuatro categorías que compiten en el festival.

Es interesante que, de los seis cortometrajes y un mediometraje que compitieron en esta sección, solo uno de ellos, Los inocentes, de Guillermo Benet, se plantea abiertamente como una obra de ficción, mientras que el resto de películas juegan entre los paradigmas del cine documental y la ficción. Más abiertamente adscritos al cine de no ficción, y con unas soluciones de puesta en escena similares, se presentan cortometrajes como Porque la sal de Cardozo Basteiro, Los que desean de Elena López Riera, 592 Metroz Goiti de Maddi Barber o el mediometraje Perrolobo (Lycisca) de Gerard Ortín. En ellos abundan la sucesión de planos fijos de larga duración para retratar la vida que fluye a través de la cámara, como si fuera un espectador más. En los casos donde la cámara graba la vida cotidiana de las personas, cabe la posibilidad de que los personajes miren directamente al espectador, sabiéndose observados, recordando al espectador que no son personajes de un documental, sino personas reales que aparecen delante de sus ojos con una historia a sus espaldas que merece ser contada.

592 Metroz Goiti - Revista Mutaciones
592 Metroz Goiti, de Maddi Barber

El premio del público de esta 15º edición ha recaído sobre 592 Metroz Goiti, de Maddi Barber. A través de un documental donde recupera de la memoria las trágicas circunstancias que rodearon la construcción del pantano de Itoiz, la directora prefiere centrar su atención en el presente de la zona sin detenerse especialmente en lo que pudo ser y no fue. La directora establece una relación directa entre la realidad de muchas personas y los animales. La muerte de una vaca al dar a luz a un becerro, así como las imágenes de buitres devorando su comida, viene a significar que no todo final es, necesariamente, un final, ya que la vida siempre logra abrirse paso.

En el caso de Porque la sal Basteiro decide utilizar el formato 1:1’33 que, por un lado, traslada al espectador a un tiempo pasado donde las imágenes se consumían en formato cuadrangular, constriñéndolas, y, por otro, centra y encuadra algo muy concreto de la realidad que se está filmando. Parece que este es precisamente el objetivo que persigue Basteiro al poner el punto de atención en la pequeña localidad de Almadraba de Monteleva (Almería), conocida popularmente como las Salinas de Cabo de Gata puesto que el origen del pueblo está íntegramente relacionado con la explotación de las minas de sal. El recuerdo, el paso del tiempo y el olvido son una constante, como también lo es la resistencia a él por parte de sus ya mayores vecinos. La necesidad de dejar huella traspasa los límites de la pantalla en decisiones como dejar los comentarios del equipo de grabación mientras se filma, siempre desde la distancia, los quehaceres de los vecinos.

Igual que en el caso anterior, el mediometraje Perrolobo (Lycisca), de Gerard Ortín, ahonda en el paso del tiempo en el territorio del valle de Carranza desde un punto de vista un poco nostálgico mediante la comparación de antiguas formas de vida más respetuosas con el entorno y las actuales, totalmente desconectadas y desconocedoras del medio en el que están.

Los que desean - Revista Mutaciones
Los que desean, de Elena López Riera

Elena López Riera, por su parte, vuelve de nuevo a sus raíces en Orihuela en Los que desean. Este cortometraje, que recibió mención especial en San Sebastián en la sección Tabakalera-Zabaltegi, retrata, desde la mirada extraña y fascinada de un forastero, la columbicultura que se vive con especial pasión en algunos lugares de España. También aquí la cámara es percibida y sentida como intrusa en la vida de las personas que se están filmando, aunque esta vez para hablar de los problemas de ciertos roles de género que se inculcan desde muy pequeños sin que apenas seamos conscientes de ello.

Aliens - Revista Mutaciones
Aliens, de Luís López Carrasco

Aliens, de Luís López Carrasco, si bien podría clasificarse como obra de no ficción, la puesta en escena de este singular trabajo es bastante diferente en comparación con los cortometrajes de su misma sección. Grabado en VHS, con formato 1:1’33, recupera el capítulo autobiográfico de Tesa Arranz, cantante del grupo ‘Zombies’, recogido en el libro La Mala Fama de Germán Pose, donde habla sobre sus experiencias durante los años de la movida madrileña y sus consecuencias. Precisamente comienza la historia con un vídeo de una de sus actuaciones en televisión, pero está borroso y apenas se distingue nada excepto la música. Solo al final, cuando el espectador ha logrado saber quién es Tesa en realidad, la imagen se revela. La constante durante toda la cinta son los aliens: Tesa está obsesionada con ellos, y mientras narra su historia de manera desenfadada y en off, la imagen muestra una mano que va pasando las hojas de los cuadernos donde hay cientos y cientos de retratos de extraterrestres realizados a lo largo de toda una vida. Solo al final del relato, y tras la constante relación entre su historia y las imágenes de los alienígenas, comprendemos que durante toda la vida lo que pintaba Tesa era una vía de escape de una realidad extraña, externa a toda razón.

En el caso del cortometraje como Los desheredados, de Laura Ferrés, las líneas que separan al cine de ficción con el de no ficción están más difuminadas que en el resto de los trabajos que compiten en esta sección. La directora representa en clave de ficción la historia real de su padre, que además es el actor protagonista del cortometraje. El relato de cómo su padre se vio obligado a cerrar su negocio de autocares a causa de la crisis económica está contado de manera tranquila, mostrando una sucesión de secuencias muy sensibles pero enmarcadas en un cuadro emocional enorme por lo que significan cada una de ellas. La caída a los infiernos de Pere Ferrés, de 54 años de edad, se trata en este cortometraje desde la contención más estoica. Quizás por todo ello este cortometraje mereció la mención especial que el jurado de esta 15º edición le concedió.

Finalmente la película ganadora de la sección “Penínsulas”, fue a parar a Mi amado, las montañas, de Alberto Martín Menacho, “por su capacidad de evocar a través del paisaje y los rostros, transformando una posible realidad violenta en un relato tierno entre generaciones”. De nuevo se hace patente la presencia de la cámara. Se compone de planos y secuencias muy largas en el tiempo en los que los hombres cazan y los niños aprenden a disparar un arma, donde la presencia de la religión está totalmente arraigada, donde, en definitiva, la protagonista no encuentra su lugar.

Mi amado las montañas - Revista Mutaciones
Mi amado, las montañas, de Alberto Martín Menacho

Por último, Los inocentes, de Guillermo Benet, cuenta una historia donde, buscando una tensión y una complicidad con el espectador que no llega del todo, un grupo de amigos intentan reconstruir los hechos de la noche anterior donde murió un policía en el desalojo de una sala de música. El cortometraje juega durante toda la proyección a retrasar o a dar el mínimo posible de información para así crear un suspense añadido a la historia del incidente. Esta falta de información, sobre todo al principio, y la gran cantidad de personajes que aparecen dentro de un formato de pantalla muy parecido al de un vídeo grabado por un teléfono móvil en vertical (otra manera de ocultar información al espectador de manera visual), hacen que se pierda totalmente la empatía con una historia que no llega a conectar con el público hasta muy avanzado el relato.

En definitiva, la sección “Penínsulas” este año ha apostado por recuperar historias pequeñas, olvidadas en la memoria de mucha gente pero que es el día a día de otras tantas. Resignificando el punto de vista y dotándoles de nuevos carices, queda claro que estos relatos merecen ser contados y escuchados.

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