VIUDA NEGRA

Sororidad alla Marvel

Viuda negra. Revista Mutaciones

La Ohio de 1995 es la puerta de entrada a la infancia de Natasha Romanoff, protagonista de Viuda Negra (Cate Shortland, EE.UU., 2021), última película del Marvel Cinematic Universe. Mostrado al espectador como un pequeño paraíso donde los arboles suburbanos, con sus columpios llenos de niños, son ajenos a lo que vivirá la protagonista y su familia. Serán obligados a abandonar el país a toda prisa, dejando atrás, con nostalgia, los restos de la cultura estadounidense. Lo que parece, en principio, una familia feliz en un lugar feliz, es un constructo del gobierno soviético para robar información del americano. Así, la mentira se desvela y Natasha es raptada, junto con su hermana Yelena, y llevada a la Sala Roja, donde serán convertidas en implacables asesinas. 21 años después Natasha ha perdido a su otra familia, Los Vengadores, y ha de ocultarse de la justicia que quiere atraparla.

Sobre esta noción de la familia como algo que puede construirse (mediante la convivencia y la fricción; más allá de la mera consanguinidad) pivota la idea central de Viuda Negra. Y así lo entiende Cate Shortland, su directora, que propone una mirada cercana a los personajes, a los que les deja reencontrarse poco a poco, con escenas de diálogos muy orgánicas (gracias al trabajo de los actores, en especial de Florence Pugh, que trasciende el rol de alivio cómico entendiendo a la perfección el carisma dual intrínseco a su papel). Este naturalismo es, de lejos, lo mejor de la película. Está equilibrado con las escenas de acción, que se reparten e integran bien, siendo necesarias para mantener el sello que caracteriza a los productos Marvel. Aunque es dicho naturalismo lo necesario para que, cuando llegan los momentos en los que los protagonistas sacan afuera todo lo que han guardado durante los años, estos no parezcan impostados o excesivamente grandilocuentes.

Viuda negra. Revista Mutaciones

Es más, la escena climática de Viuda Negra bebe de este hecho para darle la vuelta. Hacia el tercer acto, cuando Natasha consigue reunirse con el general Dreykov, su némesis, tienen una conversación que se articula como una danza en la que se manifiestan ciertos tropos asociados al maltrato machista (resultando la escena un paralelismo de lo anterior). Shortland deja que crezca la tensión entre los personajes haciendo que la protagonista sea, en primer lugar, sumisa, para que luego comience a resistirse al hombre (al que no puede pegar debido a un bloqueo mental al oler sus feromonas) y que sea este el que, al ser contradicho, pierda los estribos. Y posteriormente la abofetee. Natasha busca la debilidad que reside en la violencia y en la artificialmente elevada autoestima del machista tóxico para utilizarla en su contra.

Esta escena es la guinda del pastel metafórico de Viuda Negra: un hombre oculto en las sombras que controla mentalmente a un montón de mujeres desde que son unas indefensas niñas. Aunque no puede evitar enmarcarse en el evidente estereotipo del control mental de los regímenes totalitarios, se presente finalmente como una simple pero efectiva analogía del patriarcado. Mujeres que pelean contra mujeres porque las controla el poder masculino oculto. Y son ellas mismas las que han de liberarse.


Viuda Negra (Black Widow, Estados Unidos, 2021)

Dirección: Cate Shortland/ Guion: Eric Pearson/ Fotografía: Gabriel Beristain Reparto: Scarlett Johansson, Florence Pugh, Rachel Weisz, David Harbour, William Hurt,

 

 

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