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SOBRE LA HIERBA SECA


Sobre aprender a mirar(nos)

Sobre la hierba seca. Revista Mutaciones - 1

Son varias las películas de Nuri Bilge Ceylan que arrancan con un personaje llegando o volviendo a un lugar al que inevitablemente pertenece y del que difícilmente podrá escapar. En El pueblo (Kasaba, 1997) y en Lejano (Uzak, 2002) los protagonistas luchan por abandonar sus pueblos de nacimiento con la intención de buscar suerte en la gran ciudad. En Nubes de mayo (1999) y El peral salvaje (2018) la operación es la contraria, los protagonistas regresan al pueblo desde la ciudad con intención de visitar familiares, antiguos amigos y afrontar cuentas pendientes. El comienzo de Sobre la hierba seca, la nueva obra del cineasta turco, remite directamente a esos conflictos y nos presenta a Samet (Deniz Celiloglu) acercándose a un pequeño pueblo cubierto de nieve. Grandes planos generales en formato 2:39, pronunciadas panorámicas y travellings amplían el vasto horizonte al que se enfrenta y le acompañan en el dificultoso recorrido que traza hasta la casa que comparte con Kenan (Musab Ekici), amigo y compañero de la escuela en la que Samet imparte clases de manera temporal esperando su pronta destinación a Estambul. La cinta seguirá al profesor durante los frustrantes meses de estancia -llenos de largas conversaciones y tiempos muertos- , centrándose especialmente en las complejas relaciones que establece con Sevim (Ece Bagci), una de sus jóvenes alumnas, y con Nuray (Merve Dizdar), profesora de otro colegio con la que intima.

Enseguida se encienden muchas de las inquietudes y obsesiones del director: el aislamiento rural y la dicotomía campo-ciudad, Estambul como un sueño a alcanzar, la asfixiante adscripción a un lugar no deseado, personajes moralmente ambiguos… Estas son expuestas desde un preciso dispositivo formal de profundo respeto por el espacio y el valor del plano (muchas de los extensos diálogos se resuelven con un único plano fijo de conjunto). Ceylan, siempre expresivo con sus imágenes, juega incesantemente con la proxemia, los escorzos y la composición lumínica para bucear en los vaivenes de las relaciones que presenta. En todo ello, reserva un lugar privilegiado para los escasos primeros planos (en los momentos de mayor apertura emocional de sus personajes) y los movimientos de cámara (esos paneos rápidos que ejecuta cuando algo se quiebra o el travelling in para expresar el deseo). Le concede también especial importancia al montaje: son significativamente diferentes aquellas escenas que se nos presentan fragmentadas desde la planificación, con respecto a aquellas que se nos presentan en plano único. Este clasicismo rígido es solo aparente, pues la cinta también se deja empapar de ciertas incursiones poéticas como planos a cámara lenta, fundidos encadenados de notable fuerza plástica (nieve cayendo/hierba) y la entrada, en el tramo final, de una inesperada voz en off llena de profundo lirismo.

Sobre la hierba seca. Revista Mutaciones - 2

Paralelamente, la vertebración de la obra a través de unas fotos retrato de habitantes del pueblo (que hace el propio Samet), los cuadros retrato que hace Nuray y la irrupción de lo metacinematográfico –en plano secuencia desde la ficción- lanzan la película a un ignoto terreno que enarbola un complejísimo discurso en torno a la imagen y lo difuso de la representación. Y es que Sobre la hierba seca acaba convirtiéndose en una honda reflexión sobre la percepción y las apariencias, sobre todo aquello que proyectamos y lo que finalmente se cumple, sobre la perspectiva y sobre encontrar el lugar desde el que aprender a mirar(nos). Una diatriba que se dispara firme en doble dirección. Por un lado, hacia el cine, para hincarle el diente a su fuerza de manipulación y cuestionar la realidad de lo mostrado (“la verdad es tan brutal como aburrida”). Por otro lado, hacia Samet, personaje absolutamente acorazado que proyecta hacia el exterior ese “yo” repleto de arrogancia y condescendencia mientras esconde en su interior multitud de demonios y carencias. Ahí la cámara de Ceylan funciona como juez impasible en el sentido más rohmeriano, ya que, a través de acciones del personaje, contradice todo aquello que él está seguro de ser para enseñarnos lo que “realmente” es (imposible no pensar en Mi noche con Maud durante la cena entre Nuray y Samet).

No es casualidad pues que la película cierre con Samet -a punto de marchar a Estambul- subiendo hacia el monte para acceder a una nueva vista. Desde ahí, de pronto, sus pensamientos (voz en off mediante) discurren libres, más sinceros que nunca, y admite las mentiras que ha ido acumulando y es consciente de sus miedos. Un pájaro echa a volar (símbolo acaso de esta aceptación/expiación) y la cámara le sigue hasta acabar en un luminoso horizonte al que el protagonista mira triste, sabedor -al fin- de que la solución de todos sus males no pasa por escapar hacia la gran ciudad, sino tal vez por dejar de huir de sí mismo y asumirse con todas las consecuencias.


Sobre la hierba seca (Kuru otlar üstüne, AlemaniaFranciaSueciaTurquía, 2023)

Dirección: Nuri Bilge Ceylan / Guion original: Nuri Bilge Ceylan, Ebru Ceylan, Akin Aksu / Producción:  Maren Ade, Sébastien Beffa, Rémi Burah, Kristina Börjeson, Nuri Bilge Ceylan, Jonas Dornbach, Janine Jackowski, Alexandre Mallet-Guy, Anthony Muir, Olivier Père, Bettina Ricklefs, Mehmet Zahid Sobaci, Mediha Didem Türemen, Baris Yildirim, Nadir Öperli / Fotografia: Cevahir Sahin, Kürsat Üresin / Montaje: Oguz Atabas, Nuri Bilge Ceylan / Sonido: Fatih Aydogdu, Pascal Chauvin, Clément Laforce, Jean-Pierre Laforce, Ömer Sari, Yasin Tan / Música: Philip Timofeyev / Reparto: Merve Dizdar, Deniz Celiloglu, Musab Ekici, Ece Bagci, Erdem Senocak, Yüksel Aksu, Münir Can Cindoruk, Cengiz Bozkurt, Onur Berk Arslanoglu, Yildirim Gücük, Emrah Ozdemir, Elit Andaç Çam

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