SMALL AXE: ROJO, BLANCO Y AZUL

Black lives matter o la lucha contra el racismo policial

En su libro “La noche de los niños” (Lumen, 2016), Toni Morrison trazaba la infancia de su protagonista en torno a la estricta educación recibida de una madre mestiza que rechazaba a su hija de piel azabache como remembranza permanente del racismo que sus ancestros habían soportado. Rojo, blanco y azul, la tercera entrega de la antología dirigida por Steve McQueen (Viudas, Reino Unido, 2018), parte de una premisa similar al trasladar al espectador hasta los días escolares uniformados de su protagonista (John Boyega), marcados por la severidad de un padre de origen jamaicano que clama por su estatus como ciudadano británico de pleno derecho en cada una de sus pequeñas acciones cotidianas. En una especie de chiste macabro, el padre le advierte al hijo acerca de que “nunca le traiga a la policía a casa”, como muestra de repulsa hacia el uso indiscriminado de la fuerza bajo el amparo de la ley que aquella simboliza, advertencia que se vuelve contra el progenitor cuando su hijo años más tarde decide convertirse en policía.

Steve McQueen borda un retrato perfectamente hilvanado donde se entremezcla el periplo vital de su protagonista —un brillante investigador que renuncia a una carrera como forense para introducirse en el cuerpo policial como patrullero— en su anhelo de transformar desde dentro un sistema lastrado por la segmentación y los prejuicios hacia los inmigrantes, junto a la negativa de un padre que ve en su hijo la encarnación física de aquello que más detesta.

Small Axe Rojo, blanco y azul. Revista Mutaciones

Rojo, blanco y azul presenta así dos partes nítidamente diferenciadas: una primera mitad en la que se produce el proceso de conversión hacia la carrera policial del hijo y la oposición frontal del padre, marcada por el idealismo de aquel en su firme propósito de producir un cambio real en las instituciones, y una segunda mitad donde la propia realidad del mundo se interpone en su camino como policía en activo, jalonado de una sarta de actos racistas y cobardes por parte de los integrantes del cuerpo policial, junto al rechazo paralelo de la propia comunidad negra en riesgo de exclusión a la que pretende proteger. Uno de los mayores logros de la cuidadísima puesta en escena de esta tercera entrega está en la recreación precisa de las tensiones y el ambiente opresivo que tiñen las relaciones cotidianas que entabla Boyega, como ese recorrido ante una galería de retratos de oficiales policiales blancos que preside su llegada a la comisaría o la colección de condecoraciones que exhibe su superior jerárquico, signo de una autoridad con un pasado colonialista que no ha sido digerido del todo.

El realizador británico realza el conjunto resultante introduciendo sus característicos plásticos planos detalle marca de la casa —producto de su pasado como videoartista— y puntuando las escenas con cálidos temas soul o de reggae (verdaderos leitmotivs de la antología), que elevan discretamente la propuesta sin enterrar el motivo principal de la misma, que no es otro que la denuncia del racismo sistémico. E introduce una coda final: a veces es necesario remover todos los obstáculos para que algo nuevo crezca.


Small Axe: Rojo, blanco y azul ( Red, White and Blue, Reino Unido, 2020)

Dirección: Steve McQueen / Producción: Turbine Studios, BBC, Lammas Park, Emu Films, Amazon Studios / Guion: Steve McQueen, Courttia Newland / Música: Mica Levi / Fotografía: Shabier Kirchner / Reparto: John Boyega, Steve Toussaint, Joy Richardson, Antonia Thomas, Nadine Marshall, Assad Zaman, Calum Callaghan.

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