MIÉRCOLES

Monstruosa normalidad

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Pese a venir auspiciado por los showrunners Alfred Gough y Miles Milar, este encuentro entre el cineasta Tim Burton y el universo del historietista Charles Addams parecía predestinado desde hace ya mucho tiempo. Su mutua atracción por lo macabro, aderezado por un morboso sentido del humor negro, o su visión compartida sobre una normalidad comparativamente gris y adocenada respecto a una monstruosidad erigida en punto de vista narrativo y moral, hacían de Burton -o de su mejor cine- el perfecto reflejo de la peculiar sensibilidad desarrollada por Addams a lo largo de una prolífica carrera como dibujante en la que brilló con luz propia su más célebre creación: la familia Addams.

O así lo ha entendido la plataforma de contenidos Netflix a la hora de promocionar esta primera temporada de Miércoles (Alfred Gough y Miles Milar, 2022- ), que ha convertido esta aventura de una de las descendientes del clan Addams en el flamante retorno de Burton a lo neogótico. Y todo a pesar de que ni Burton sigue siendo el renovador de formas cinematográficas de antaño (aunque tampoco el sátrapa que tanta gente parece tener prisa por condenar), ni el mundo es hoy el que fue durante los años noventa en los que el cineasta instauró su reinado, ni lo que Miércoles tiene que ofrecer se circunscribe únicamente a su labor, a pesar de que la sombra de su herencia creativa esté más que presente en muchos de sus aspectos.

El autor de Sleepy Hollow (1999) firma los cuatro y más entonados primeros capítulos de esta serie de ocho, quedando en manos de Gandja Monteiro y James Marshall la dirección de los restantes. Pero a pesar de contener escenas de interés y alguna inadvertida carga de profundidad, uno de los rasgos más destacables de esta entretenida primera temporada de la serie es la impresión de que el trabajo de Burton como director no se diferencia excesivamente del de sus compañeros. Y todo pese a su apuesta por la complicidad, construida como está Miércoles a modo de narración hecha en primera persona con ocasionales rupturas de la cuarta pared, repleta de referencias iconográficas al universo de Addams y algunos emblemas del cine y la literatura de terror y juvenil, o de algunos elementos adscribibles en su forma y fondo a la filmografía anterior de Burton, incluyendo su habitual atracción por los entornos familiares disfuncionales, una muy reconocible huella estética  planteada aquí de forma un tanto adocenada pero que en sus mejores momentos cuaja en una atmósfera de cierta densidad, o una banda sonora firmada por un desganado Danny Elfman, en complicidad con Chris Bacon.

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La presencia del cineasta en la serie se salda así con una relativa decepción debida fundamentalmente a que la implicación de Burton en el proyecto cobraba sentido frente a la lógica ácrata y divertidamente malévola de Miércoles (muy bien interpretada por Jena Ortega), que en Miércoles se diluye al quedar integrada en una trama criminal que es pasto de un enfoque moral convencional, en las antípodas de la mirada morbosamente festiva del personaje y el resto de los Addams sobre cuestiones como la muerte, el dolor (propio y ajeno) o el asesinato. En este contexto, su acidez se queda en divertida pero mera retórica, y la idiosincrasia del personaje pasa a ser una pátina gótica superficial, significativamente incapaz de afectar la trama criminal un tanto caótica que termina por cobrar su debida y convencional consistencia gracias a las relaciones interpersonales planteadas por Miércoles, especialmente en los episodios dirigidos por Monteiro y Marshall.

Y eso que Miércoles empieza su andadura con una escena (junto con el baile viral de Miércoles, uno de los más peculiares y también mejores momentos de la serie) que se diría malvada caricatura de las trágicas matanzas en institutos de los EE.UU.. A lo que sigue uno de los lugares comunes del cine de Burton, aquí resumido en el enfrentamiento entre Miércoles y sus fogosos progenitores, Gómez (Luis Guzmán) y Morticia (Catherine Zeta Jones). Una apuesta por el humor negro y el choque generacional casi omnipresentes en la filmografía del cineasta, repleta de malintencionados huérfanos y niños abandonados, y de fallidas relaciones paterno-filiales, que aquí hace las veces de acicate narrativo para situar a la joven Addams en Nunca Más: una academia tan especial como su alumnado, formado por licántropos, sirenas de dos piernas o mitológicas gorgonas.

Seres excepcionales que, paradójicamente, llevan una existencia adolescente reconociblemente vulgar, con sus desamores, narcisismos e incomprensiones familiares varias. Un proceso de cotidianización de lo extraño que brinda algunos de los momentos mejor resueltos de Miércoles -como la ausencia del gorgona Ajax (Georgie Farmer) a su cita con la relamida licántropa y compañera de habitación de Miércoles, Enid (Emma Myers), después de que el joven cometa el error de verse en el espejo mientras se acicala para el encuentro, quedándose petrificado- pero que aun siendo recurrente en al menos una parte del cine de Burton, carece en este caso de un equivalente proceso de extrañamiento de la normalidad, que sea capaz de desequilibrar el conjunto en favor de la visión del mundo de la protagonista.

El resultado, transversal al conjunto de la serie, es una llamada al orden que se ve más acentuada todavía cuando la trama se adentra en los vericuetos de un whodunit sobrenatural -pero no por ello resuelto de forma menos convencional- que pone a Miércoles tras la pista de una misteriosa criatura asesina que mora por los alrededores de Nunca Más. El pulso entre la lógica macabra de Miércoles y la de una moral empática, representada por el entorno de la joven, se resuelve mayormente en favor de la más previsible y menos interesante de las opciones narrativas, convirtiendo lo más reconocible de la autoría de Burton en una simple línea de fácil seguimiento para los otros dos directores de la serie.

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Pero por otra parte, la serie es también un lúcido y desencantado comentario sobre la evolución de la monstruosidad otrora formulada por el cine de Burton como sinónimo de singularidad, y que a la luz de Miércoles aparece como vaciada de significado, a la espera de una nueva reformulación. No deja de ser harto significativo que en un entorno educativo tan codificado por la monstruosidad como es el de Nunca Más, los jóvenes freaks que allí se agrupan en calidad de aprendices internos se reúnan en comunidades de iguales que desconfían de las otras formas de alteridad que viven bajo su mismo techo, reivindicándose desde la exclusividad. Más cerca, pese a la tibieza de sus formas, del resentido victimismo de Sweeney Todd (2007) que de Eduardo Manostijeras (1990), su dulce y comprensivo reverso, en Miércoles la diferencia ya no se contempla desde el sufrimiento, la soledad o incluso la libertad de saberse al margen de la sociedad y sus códigos, sino desde un narcisismo envenenado y capaz de generar sus propias formas de intolerancia.

Lo que obliga a replantearse la presencia, a modo de cómplice guiño cinéfilo, de la actriz Cristina Ricci, intérprete de una excelente Miércoles en el díptico formado por La familia Addams (1991) y La familia Addams: La tradición continua (1993), que fueron dirigidas por Barry Sonnenfeld. En una significativa inversión de papeles, Ricci interpreta en Miércoles a Marilyn Thornhill, docente de la academia que es, también, su único ser humano vulgar y corriente (un normie, según la institucionalizada jerga freak de Nunca Más) y, por tanto, la criatura más extraña y solitaria de las que moran por su interior. Con todo lo que ello implica en este contexto. Así, y tal y como se plantea en Miércoles, la monstruosidad según fue reformulada por Burton hace ya unas décadas se halla en vías de extinción, muerta por éxito y dando al traste con los mecanismos de representación de lo diferente que fueron instaurados por el director de Mars Attacks! (1996) con especial habilidad durante las décadas de los ochenta y noventa.

No faltan en la serie momentos que parecen apoyar esta posibilidad desde la autoconciencia: un arquetípico baile estudiantil que acaba convertido en un émulo del de Carrie (Brian De Palma, 1976) (de la que Miércoles se diría una reescritura en clave conciliadora), después de que una lluvia de sangre (falsa) caiga sobre los adolescentes allí congregados. Reestablecido el orden como quien se zafa de una broma más o menos pesada, pero aún conservando un tono rojizo que resalta hábilmente la irrealidad del momento, la licántropa Enid y el gorgona Ajax se declaran el uno al otro, convirtiendo el recurrente interés de Burton por revelar irónicamente los mecanismos de su puesta en escena en la perfecta ilustración de cómo los parámetros del horror y la monstruosidad que alimentaron el primer tramo de su filmografía han sido normalizados hasta convertirse en un simple cascarón, carente de la capacidad de subversión de antaño. Imponiéndose una huida hacia adelante, demostrada por los diferentes personajes principales de la serie, hacia el mestizaje, la mezcla y la afinidad a contracorriente que se erigen como formas de libertad y lucha frente a los nuevos totalitarismos, basados en una imposible pureza que en Miércoles sobrepasa las porosas fronteras que separan lo monstruoso de una empero más poderosa normalidad. Signo de los tiempos.

Miércoles (Wednesday. EE.UU., 2022- )

Creadores: Alfred Gough y Miles Milar / Dirección: Tim Burton, James Marshall, Gandja Monteiro / Producción: Alfred Gough, Miles Millar, Tim Burton, Steve Stark, Andrew Mittman, Gail Berman, Kayla Alpert, Jonathan Glickman, Tommy Harper, Kevin Lafferty y Kevin Miserocchi / Guion: Alfred Gough, Miles Millar, Kayla Alpert, April Blair, Matt Lambert, basándose en los personajes creados por Charles Addams / Dirección de fotografía: David Lanzenberg y Stephan Pehrsson / Montaje: Jay Prychidny, Ana Yavari y Paul G. Day / Música: Danny Elfman y Chris Bacon / Reparto: Jenna Ortega, Catherine Zeta-Jones, Luis Guzmán, Gwendoline Christie, Christina Ricci, Emma Myers, Jamie McShane, Hunter Doohan, Georgie Farmer, Moosa Mostafa.

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