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MAMÍFERA

Retrato de mujer sin maternidad al fondo

Hay películas que resultan valiosas por sus méritos cinematográficos, otras por lo que explican y, en una tercera posibilidad, por lo que representan dentro del contexto en el que se inscriben. El valor de Mamífera (Liliana Torres, 2024) es triple, pues aglutina las categorías anteriores sin solución de continuidad aparente. El tercer y más logrado largometraje de los dirigidos en solitario por Torres se distancia de los híbridos entre documental y ficción aportados desde sus anteriores filmes Family Tour (2014) o ¿Qué hicimos mal? (2021) para abrazar la ficción desde una perspectiva, empero, igualmente personal. El resultado es un filme sencillo, de ritmo ágil y humilde en sus pretensiones y puesta en escena perfectamente acorde con la cotidianeidad de lo que narra, convirtiéndose en una pieza cinematográfica militante al humanizar una situación íntima no por habitual menos silenciada y hasta estigmatizada socialmente.

Crítica de Mamífera_Revista Mutaciones_1

Lola (interpretada por una mayúscula María Rodríguez Soto) es una artista y profesora que convive felizmente con su pareja Bruno (amorosamente encarnado por Enric Auquer, aunque ocasionalmente puede resultar algo excesivo), hasta que un embarazo no previsto ni deseado la lleva a tener que reflexionar sobre su decisión de no ser madre durante tres días, antes de poder interrumpirlo clínicamente. Tres días en los que se encontrará con mujeres de su círculo de amistades y familia revelando lo solitario de sus convicciones en un momento de su vida en el que la crianza en general, y la maternidad en particular, parecen haberse convertido en todo un imperativo social ejercido por hombres y mujeres.

Madres superadas por sus responsabilidades y por las expectativas volcadas sobre ellas desde diferentes frentes (Ann Perelló), mujeres que sufren la incapacidad de sus cuerpos para tener hijos (Ruth Llopis) u otras que dieron a luz y criaron a sus pequeños porque eso era, sencillamente, lo-que-había-que-hacer (Amparo Fernández), entretejen el periplo de Lola, matizando, como un juego de espejos que nunca aciertan a reflejar su estado de ánimo, el peso de su solitaria resistencia. Y Torres, en calidad de guionista y directora, perfila en imágenes y sonido la omertá acerca de la no-maternidad que planea sobre todos estos casi episódicos encuentros con amigas y familiares. Pero lo hace poniéndoles nombres y apellidos, sin desmerecer su humanidad ni tampoco la complejidad de sus dilemas en favor de una postura panfletaria que la cineasta evita gracias a su apuesta por no hacer de Mamífera una película sobre la renuncia de la protagonista a ser madre sino sobre los efectos que su decisión tiene en sus relaciones y, más concretamente, en el sólido amor que comparte con su pareja.

La sencillez de la puesta en escena del filme y su tono liviano devienen así estrategias para hacer visible y humano el espacio personal y social vacío por el que transita Lola, dotando a Mamífera de una dimensión reivindicativa y política que en modo alguno resulta postiza, gracias a su atención por el detalle y las relaciones sexuales, amorosas y de amistad retratados por Torres, y a un elenco interpretativo en estado de gracia. Aun con la omnipresencia de Lola en calidad de protagonista absoluta y vector por el que se desarrolla toda la película, la organicidad del lúcido retrato social ofrecido por Torres se beneficia de la complicidad que desprenden las actrices, tocando techo en una emotiva y silenciosa muestra de apoyo entre mujeres en la clínica de interrupción del embarazo. Sus actuaciones generan una mayor sensación de involuntaria exclusión hacia Lola y sus principios, en contraste con las cariñosas atenciones demostradas por la interpretación de Enric Auquer como Bruno que acaban por acorralarla de un modo igualmente involuntario, pero con resultados paradójicamente más asfixiantes.

Crítica de Mamífera_Revista Mutaciones_2

Lejos de convertirse en meros ejercicios de esteticismo narrativamente vacuo, las fugas mentales y sueños que aparecen en la película y que guardan obvias similitudes estéticas con los collages firmados por la protagonista de Mamífera (y que fueron creados por María José Garcés Larrain y animados por Nú Larruy) se transforman así en espacios personales amenazados por esta nueva perspectiva, y en los que Lola puede expresarse libremente aportando información sobre sus miedos tanto al público como, se diría, también a ella misma. Un lugar en el que resintonizarse identitaria y emocionalmente y que supone el elemento más declaradamente expresionista de una película no desprovista de ciertos simbolismos pese a su aparente apuesta de invisibilizar sus recursos dramáticos tras una lograda pátina de cotidianeidad.

Desde que la noticia de su embarazo cae sobre ella, la protagonista de Mamífera pasa a definirse por su búsqueda continua de algo que no parece existir, en busca de alguien que apoye su postura o, mejor, un referente que la haga sentir menos desamparada. Como un eco lejano de algunos de los personajes del neorrealismo italiano, el de Lola no parece esperar otra cosa que que el tiempo pase, deambulando permanentemente por escenarios naturales como calles, transportes públicos e interminables escaleras que reflejan lo cansado de su resistencia y su temor a regresar a un lugar anteriormente seguro, pero que hoy es la parte más temida de su desorientación: el hogar que comparte con Bruno.

De entre todos los que habitan la película de Torres, el personaje interpretado por Auquer es el que más dolorosamente representa el retorno de una concepción de la crianza que se creía superada por roles de género presuntamente modernos, pero que devienen tan fallidos como humanos en Mamífera. Un filme cuyos méritos creativos corren el riesgo de pasar desapercibidos por su no menos valiosa, y se diría que también solitaria, contribución cinematográfica a un debate social necesario, pero hoy día tan ahogado que corre el riesgo de dejar de existir. Y sería una lástima porque, además, Mamífera es de esas raras películas donde, sin hacer ruido, ambos aspectos devienen indiferenciables el uno del otro.

Mamífera (España, 2024)

Dirección y guion: Liliana Torres / Producción: Miriam Porte y Carla Sospedra, para Distinto Films, Edna Cinema y RTVE / Dirección de fotografía: Lucía C. Pan / Montaje: Sofi Escudé / Música: Joan Pons / Intérpretes: María Rodríguez Soto, Enric Auquer, Ruth Llopis, Anna Alarcón, Mireia Aixalà, Ann Perelló, Amparo Fernández, Anna Bertrán.

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