MALDITA

Netflix sabe jugar sus cartas

Maldita (Frank Miller y Tom Wheeler, 2020) es una de las grandes apuestas de Netflix, a la que ha puesto como cara del proyecto a Katherine Langford, actriz que ya soportó el peso de un éxito de la plataforma y que ahora vuelve con claras intenciones de mostrar un registro totalmente diferente y deshacerse de la imagen anclada a Por trece razones (Brian Yorkey, 2017). Sin embargo, a pesar de que la promoción de la serie se concentra en la actriz, se comprueba el relativo peso de su personaje, lo cual es favorecedor. Con una perspectiva global, la serie gana en su registro de producción coral. La multitud de personajes de peso hacen inevitable concentrarse en una protagonista, las tramas secundarias llegan a la altura de interés del conflicto principal y el desarrollo del universo salva en muchos momentos la historia.

Tom Wheeler y Frank Miller reelaboran el mito de la espada legendaria Excalibur en su novela Maldita y son también los encargados de llevarla al formato serial. En su versión, juegan con personajes como Arturo, Merlín o Morgana, e incorporan otros elementos históricos como la llegada de los vikingos a Inglaterra, la lucha por la corona del reino y la influencia de la Iglesia aquí encarnada por los Paladines Rojos, una especie de inquisición que persigue a los Fey (humanos con características mágicas). En este caso, la portadora de la espada de poder, aquí descrita como la de los primeros reyes, es Nimue, una joven Fey que ha crecido señalada en su aldea por poseer extraños y oscuros poderes. Netflix apuesta por esta revisión de una de las historias más conocidas de la historia que cambia el foco de atención y pone en segundo lugar al popular Arturo para reivindicar un referente femenino.

Entre Arturo y Nimue se desarrolla una curiosa relación. Maldita es una serie que es certera en señalar el innecesario y absurdo orgullo masculino y pone en alza la sororidad y la unión de las mujeres y su poderío. La cantidad de personajes femeninos con peso dramático y ejerciendo papeles importantes y en lugares de poder es notable, y muchas veces estos destacan por encima de otros masculinos con mayor referencia. Merlín es posiblemente el personaje más polémico, siendo la versión interpretada por Gustaf Skarsgård una versión del mago oscura y casi derrotada. El mago se encuentra constantemente en territorio de nadie, sus orígenes se desvelan a medias y con muchas reservas, y los datos aportados crean aún más preguntas incontestables.

Aunque en conjunto la serie llega a ser interesante, lo peor de Maldita son sus primeros capítulos. Se hace evidente la incapacidad del equipo de llevar la complejidad del universo y las numerosas tramas a la pantalla de una forma eficaz. La intención de situar al espectador en el universo y presentarle casi todos los hilos narrativos y personajes a la vez crea problemas en la narración. El ritmo es atropellado, la información es abrumadora, las escenas de acción rozan lo cómico, los personajes no resultan interesantes… Todo esto, acompañado de una estética que lucha por ser efectista, pero se queda en algún que otro buen fotograma para las imágenes de promoción y que en su conjunto solo evidencian la falta de calidad del material. Es posible que el mayor error de la serie sea el jarro de agua fría que suelta al espectador cuando suelta tanta información en tan poco tiempo, sobre todo en el episodio primero, y la tardanza con la que se recompensa al mismo de este duro golpe y puede alcanzar el ritmo de la serie. Y es que hay que esperar, con excepciones, hasta el quinto episodio para que los personajes empiecen a mostrarse y desarrollarse a medida que sus tramas se entrelazan por fin y comienzan a interactuar. El universo en el que se desarrolla la serie dispone ahora el tiempo suficiente para que el espectador lo descubra e incluso lo disfrute. Esta segunda mitad de temporada deja con incertidumbre al espectador, y el saber equilibrar la balanza entre los personajes y tramas hace que se reparta el peso de la serie entre todos y que no recaiga todo el peso en las espaldas de Langford.

Y es que es posible que Netflix encontrara diamante en bruto en la obra de Miller y Wheeler, pero muy difícil de pulir. La materia prima de la que parte es ya compleja de por sí, y se añaden adornos innecesarios que le hacen perder la credibilidad y madurez que pretende. Un ejemplo de ello, el tratamiento de la violencia, intencionadamente explícita, que se pierde a veces en un gore casi cómico y devalúa las intenciones de madurez del proyecto. La serie no innova, tiene referentes muy claros y conexiones con otras producciones muy evidentes como Vikings (Michael Hirst, 2013), The Witcher (Lauren Schmidt Hissrich, 2019). Se queda en terreno seguro y abusa de clichés, haciéndola previsible. Sin embargo, todo apunta a que hay Maldita para rato, tiene los ingredientes para contentar al diverso público de la plataforma y a atraer a muchos de sus suscriptores.


Maldita (Cursed , EEUU, 2020)

Dirección: Jon East, Zetna Fuentes, Daniel Nettheim, Sarah O’Gorman / Guion: Frank Miller, Tom Wheeler / Producción: Alex Boden, Ben Holt, Mike Horvath, Silenn Thomas / Fotografía: Damian Bromley, Stuart Howell, James Friend / Montaje: Crispin Green Steve Singleton, San Crinnion St. John O’Rorke, William Oswald / Reparto: Katherine Langford, Devon Terrell, Gustaf Skarsgård, Daniel Sharman, Shalom Brune-Franklin, Sebastian Armesto, Lily Newmark, Peter Mullan, Emily Coates, Billy Jenkins

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