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LOS ÚLTIMOS PASTORES


Pan, niebla y el lobo

La actualidad se fundamenta en un mar de contradicciones: sociedades cada vez más industrializadas, pero con una gran preocupación por el ecologismo; gobiernos que introducen políticas verdes, pero con agriculturas y ganaderías tradicionales que no paran de debilitarse. Dentro de todo este contexto, Samu Fuentes decide detenerse a mirar a dos hermanos asturianos en Los últimos pastores (2023).

Fernando y Manolo Mier Espina llevan trece años pastoreando en las montañas de los Picos de Europa, una práctica que se remonta a hace más de 5000 años, y como viene siendo una tendencia por toda España, un oficio que se halla en peligro de extinción. Fuentes llegó a los hermanos Mier durante la preparación de su primer largometraje Bajo la piel del lobo (2017) donde se encargaban de enseñar sobre pastoreo a Mario Casas para su interpretación. Aquí, en su segunda película (y primer documental) mantiene la temática, pero cambia de manera considerable sus formas. El metraje es un acompañamiento en la rutina de estos dos pastores a lo largo de quince días de rodaje repartidos por las cuatro estaciones. Hay una intencionalidad de que la cámara pase desapercibida sin llegar a ser invasiva dentro de sus rutinas, con la que Fuentes nos muestra la soledad e implicación de su labor. Mira con paciencia y detenimiento la relación que tienen con el aislamiento social y el uno con el otro, brindando grandes planos generales donde pastores y naturaleza se convierten en uno, en una preciosa cohabitación del espacio. Lo llamativo es que dentro de esta mirada intimista que buscaba Fuentes, consiguen colarse reminiscencias de su experiencia en la ficción y ambas tendencias luchan en la sala de montaje.

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Entre planos detalle de las manos de los hermanos haciéndose unos cafés para los dos mientras charlan de cómo les ha ido el día, y planos de las ovejas descendiendo la montaña en un sostenido plano fijo sin cortar hasta ver la última oveja salir de cuadro, se hallan unos monumentales planos de dron que poco colindan con el tono del resto del metraje. Así se pierde la delicadeza, de la misma manera el sonido directo se corta para introducir una abrupta banda sonora de violines. Alejándose de esa mirada intimista pero respetuosa (algo consecuente con su propia postura dentro de ese entorno), se deja perder en imágenes vacías en pos de la espectacularidad del entorno.

Algo crucial para ellos es la meteorología y el cambio de estaciones, en especial para decidir a cuál de sus cabañas acudirán. Cierto es que en estos traslados las distancias quedan un poco difusas, aunque no sería estrictamente necesario saber en qué lugar se hallan en cada momento. Pero de tanto en tanto el espectador se encuentra con unas cabeceras especificando el nombre de la montaña o pueblo y su correspondiente altitud. Hecho que puede llegar a desconcertar, ya que en muchas ocasiones no se transitan los desplazamientos con ellos, sino que pasa de una ubicación a otra haciendo que la concepción del espacio y distancia entre tales lugares sea nula.

Más allá del retrato del entorno, es de gran importancia para Fuentes la soledad elegida por los hermanos Mier. Ambos mantienen una vida alejada del pueblo (no es hasta el minuto cuarenta que los vemos bajar a él para hacer recados) a pesar de demostrar que son personas muy sociables. La decisión de Fuentes pasa por preservar su oficio y forma de vivir, y mostrar que no son ermitaños, disfrutan de su soledad compartida. En sus conversaciones hay una latente preocupación (por el lobo) y el casi nulo relevo generacional de la trashumancia. Por ello, Fuentes decide arrojar luz a esta compleja realidad introduciendo una secuencia (que no estaba planteada en la película en primera instancia) en la que uno de los hermanos conversa con un futuro joven pastor de once años con mucha determinación en su deseo de hacer queso y no dejar que realmente Fernando y Manolo sean los últimos pastores de los Picos de Europa.

Los últimos pastores acaba siendo un acercamiento muy respetuoso a la realidad de dos hermanos y su entorno, con incongruencias a nivel formal, pero que consigue llevar al espectador a querer quedarse eternamente en sus imágenes. Verlos cómo hornean su propio pan, cómo en una silla en medio de montañas verdes se cortan el pelo el uno al otro con torpeza, sus charlas sobre si han de preparar ya la cena que se hace tarde, o acompañarlos en esos largos planos junto a sus animales. Una pequeña oda al pastoreo desde una postura de gran respeto y sin duda preocupación por una tradición cada vez más desvanecida.


Los últimos pastores (España, 2023)

Dirección y guion: Samu Fuentes/ Producción: José Mª Morales, Miguel Morales, Rubén G. Revilla, Adrián F. Antúnez, Néstor Fernández/ Fotografía: Alejo Ramos Sabugo/ Montaje: Maialen Sarasua/ Sonido: Aníbal Menchaca/ Música: Paloma Peñarrubia/ Reparto: Fernando Mier Espina, Manolo Mier Espina.

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