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LOS REYES DEL MUNDO


Cuando la sangre no tiña el río, el mundo tendrá un hogar

Un joven abrazando a un caballo blanco. El mismo corcel albo en mitad de una ciudad vacía entre la noche y el día. Con esta presencia metafórica arranca el segundo largometraje de Laura Mora: Los Reyes del Mundo. El simbolismo de este animal se siembra desde un primer momento y, en un goteo constante, va haciendo acto de presencia hasta materializarse en el desenlace. Durante el transcurso, deviene lazarillo de la travesía en la que los cinco protagonistas se ven inmersos y su figura se ve influenciada por el poeta Mahmoud Darwish. No es casual la presencia del poeta pues no solo define la inclusión del caballo blanco -en cuyas composiciones encarna al protector del hogar y al que guía al individuo hacia ese-, sino que entre sus versos también se encuentran resonancias con uno de los temas cruciales de la película: la tierra.

Los Reyes del Mundo - Mutaciones

Si bien en Matar a Jesús (2017) Mora apostó por una inmersión más contenida a las entrañas urbanas de Medellín -donde la retrata como cuna de violencia, corrupción y una criminalidad sistematizada-, en Los Reyes del Mundo expande sus fronteras y adopta unas dimensiones más cercanas a la épica. Tras el compromiso de devolverle los terrenos que le fueron arrebatados a su abuela, Rá (Davidson Andrés Flórez) se ve decidido a reclamar aquello que es suyo por derecho. Junto a su familia electa -Sere (Carlos Andrés Castañeda), Winny (Brahian Stiven Acevedo), Nano (Cristian Campaña) y Culebro (Cristian Camilo David Mora)-, el grupo de jóvenes inicia una odisea que los lleva a atravesar un país levantado desde falsas promesas, una burocracia no cooperante, una violencia física e institucionalizada y una explotación ocultada; un país donde el conflicto está amarrado a la tierra y a los intereses con esta. Lleno tanto de inclementes dificultades como de personajes secundarios que brindan luz a la oscuridad, el viaje de supervivencia a través del misticismo de la selva hacia esa tierra prometida se convierte en un retrato social y una reivindicación de un lugar al que llamar hogar.

Todo este contexto circundante aflora desde lo masculino; las mujeres se muestran ausentes: una ausencia que va desde lo íntimo -con la muerte de la abuela y la madre de Rá- hasta lo social -con la mujer que no le puede prometer las tierras a Rá pese a tener toda la documentación, puesto que hay intereses y luchas que vienen de más arriba-. Así pues, existe un vínculo irrevocable entre el hombre y la territorialidad. La virilidad se posiciona como forjadora de una sociedad atravesada por una violencia metastásica que impacta desde la infancia, donde uno debe ser superviviente antes que ciudadano. Frente a eso se cultiva la fraternidad, poniendo la relación entre cinco sujetos marginales en un primer plano lleno de verdad y vivencias que cada uno aporta a nivel individual como actores noveles. Esa hermandad funciona como pilar fundacional para construir esa familia no-sanguínea con la que unirse frente a la violencia, el infortunio y la injusticia. La unión les enseña a valerse por sí mismos, pero también a abrazar la rebeldía y la desobediencia como forma de hacer temblar los cimientos impuestos y coronarse reyes de su propio mundo.

Los Reyes del Mundo -2- Mutaciones

No obstante, esta problemática que nutre el fondo de la película es tratada desde una posición distinta a como la directora hizo en su ópera prima. El montaje rehuye el paso del tiempo y construye el momento desde lo que sucede emocionalmente y no tanto desde la duración ordenada de los distintos acontecimientos. De esta forma, cuando entran en la tierra prometida uno ha dejado de preguntarse por el transcurso hasta ahí, sencillamente han llegado. Paralelamente, el diseño de sonido consigue envolver al espectador en el ambiente por el que transitan y, en sus instantes de letargo, revela el mundo interno de Rá, la intuición que lo guía y el choque entre su sueño y la crudeza del mundo adulto. Esta combinación de elementos genera un aura cercana a la fábula, a la ensoñación. Pese a ello no cae en una romantización de la situación, sino que funciona como esa mirada joven que dirige la acción y esa ilusión que perdura hasta el último hálito.

Tras esa peripecia que abraza lo místico, el alegórico caballo blanco se convierte en real y los amigos pisan el hogar idealizado. Ese aparente oasis acompaña un desenlace algo sobreexplicado de metáforas en el que el conflicto reaparece de donde siempre ha estado: la tierra. Entonces, la cámara se aleja hasta quedarse frente a la única pared en pie de la casa de la abuela de Rá. Entre el marco de la puerta, desde la distancia, los niños se abalanzan sobre el súbdito del terrateniente, quien va armado. El polvo se levanta. La violencia queda de nuevo oculta en ese telón arenoso. Se escuchan tres tiros. Corte a negro. ¿Han muerto? Después de unos segundos Laura Mora lo clarifica y la reivindicación construida con el penúltimo plano y la voz en off de Rá sobre fondo negro pierden fuerza. Mas ese broche agridulce de cierre no impide que el grito de lucha y la llamada al cambio que se ha ido construyendo dejen huella.


Los reyes del mundo (Colombia / Francia / Luxemburgo / México / Noruega, 2022)

Dirección: Laura Mora Ortega / Guion: Maria Camila Arias, Laura Mora Ortega / Producción: Caracol Televisión, Ciudad Lunar Producciones, Dago García Producciones, Exile Content Studio, Iris Productions, Mer Films, Talipot Studio, Tu Vas Voir Productions / Edición: Sebastián Hernández, Gustavo Vasco / Fotografía: David Gallego /  Música: Leo Heiblum, Alexis Ruiz / Reparto: Carlos Andrés Castañeda, Davidson Andrés Flórez, Brahian Stiven Acevedo, Cristian Camilo David Mora, Cristian Campaña

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