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LA FAMILIA MONSTER


Nostalgia Zombie

Para todos aquellos que no conocimos la serie catódica La familia Monster (1964-1966) en su momento sino en la actualidad, a partir de unos pocos episodios vistos en plataformas digitales de nuevo cuño, nos resulta imposible calibrar el impacto que tuvo en la cultura popular estadounidense esta creación de Allan Burns y Chris Hayward emitida en la cadena CBS hace más de medio siglo. En liza con la más macabra familia Addams, dura competidora y protagonista del serial homónimo de la cadena ABC que la retransmitió en paralelo entre los años 1964 y 1966, el monumental éxito de La familia Monster la catapultó a su actual status de serie de culto, por si sola y sin necesidad del respaldo de Los Munsters de hoy (1988-1991), un frustrado reboot titulado Mockingbird Lane (2012), o algunas de las películas que inspiró entre las décadas de los sesenta y noventa. Todo un icono pop cuya receta pasaba por una estética deudora del cine de terror de los Universal Studios -con Drácula (Tod Browning, 1931) y El doctor Frankenstein (James Whale, 1931) a la cabeza- y las líneas maestras de la más prototípica sitcom familiar y de la que resultó una dulce inversión de valores entre la normalidad y la monstruosidad más estereotipadas.

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Aquella mixtura entre dos extremos aparentemente irreconciliables, unidos por la ligereza tonal de la serie, ha sido recogida en esta La familia Monster (2022) del músico e interesantísimo cineasta Rob Zombie: una película distribuida directamente en VOD pero que parece nacida con la intención resucitar una forma de consumo audiovisual basada en un estadio de inocencia que, se diría, se le presupone a la audiencia televisiva de antaño. Pero el resultado acaba siendo una experiencia marciana próxima a algunos de los preceptos del cine de su autor en lo que a su relación con el espectador se refiere, más divertida por su desfachatez que por la vis cómica que promete sin llegar nunca a cuajar por completo.

Capricho de autor en toda regla, La familia Monster aglutina sin ton ni son muchas de las filias sembradas a lo largo de la filmografía de Zombie, poniendo punto final a un anhelado proyecto cuyos orígenes se remontan a los tiempos de su primera y no menos accidentada película: La casa de los 1.000 cadáveres (2003), de la que parece, por momentos, una revisión infantilizada en su fondo pero con no pocas similitudes en sus abigarradas formas.

De hecho, y visto lo que La familia Monster tiene que ofrecer, es difícil saber si el cine de Zombie ha tomado por fin un nuevo rumbo tras el agotamiento que desprendían sus filmes inmediatamente anteriores 31 (2016) y 3 del infierno (2019), o si sigue siendo más o menos el mismo aunque bajo una perspectiva inaudita hasta el momento, por lindante con el kitsch más desaforado. Muchas de las constantes temáticas y estilísticas y equipo técnico e interpretativo que ha ido sumando película tras película permanecen en La familia Monster:

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Su habitual enclave, histórico y estético, en una determinada forma de entender la década de los setenta, las citas a Groucho Marx o al cine de Stanley Kubrick, su abordaje a la familia entendida como sinónimo de clan que se enfrenta casi como una cultura ajena a la sociedad que lo envuelve y que amenaza con normalizar su salvaje (y peligrosa) pureza, su caricaturesco reciclado de la iconografía cinematográfica del horror y la ciencia ficción clásicos, o su apuesta por articular mucho de su cine alrededor del punto de vista del Mal (o el horror), en su relación con el espectador a partir de su puesta en escena, también siguen presentes. Pero junto a otros lugares comunes de su cine como puedan ser barroquismo formal, la fotografía saturadísima (aquí firmada por Zoran Popovic), una dirección de arte que aglutina épocas diferentes sin ton ni son, o un montaje que mezcla formatos, imágenes en color y en blanco y negro, o animación con acción real sin distinción de continuidad, nunca en su filmografía -salvo en la comedia también bufa y fallida The Haunted World of El Superbeasto (2007)- todos estos elementos se habían articulado desde una perspectiva tan histriónica.

Escrita por el propio Zombie a modo de precuela de la teleserie original, La familia Monster da comienzo en una Transilvania de cartón piedra, donde el Dr. Wolfgang (Richard Brake, en la mejor interpretación del filme), engreído profanador de tumbas, ansía crear al muerto viviente perfecto a partir de las piezas de los cadáveres más célebres en vida junto su ayudante, el sarcástico jorobado Floop (Jorge García). Ambos creen haber alcanzado el éxito al dar vida a un colosal collage humano al que bautizan como Herman Monster (Jeff Daniel Phillips), quien sin comerlo ni beberlo se convierte, primero, en una estrella mediática y, luego, en un astro del rock. Convertido en el centro de todas las miradas de las criaturas de la noche que lo jalean como el más famoso de sus miembros, Monster se enamora perdidamente de la vampiresa Lily (interpretada inevitablemente por Sheri Moon Zombie), que le corresponde pese al rechazo de su padre, el también vampiro Conde (Daniel Roebuck), con quien convive en un castillo de opereta junto a su sirviente Igor (Sylvester McCoy). El flechazo entre ambos se convierte, así, en el aglutinante de una película excéntrica tanto por su grado de disolución narrativa -incorporando a su trama de enredos familiares derivas argumentales sin salida, personajes que entran de la narración para abandonarla sin motivo aparente y hasta actuaciones musicales sin valor dramático (que no musical)-, como por su renuncia a plegarse a una lógica, y hasta a un tono, más o menos normalizados, valiente hasta el suicidio.

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Y es que el de La familia Monster es uno de esos raros casos en los que los elementos que la hacen una película tan particular la convierten en una experiencia en ocasiones desconcertante y, llegado cierto punto, hasta irritante. Su voluntad cómica se articula de forma tan marciana que sabotea toda suspensión de incredulidad posible, en un extremo alimentado por lo disoluto de una trama sin apenas desarrollo y que convierte en desmesuradas sus casi dos horas de metraje. Como una prolongación kitsch, tal vez inconsciente, de los envenenados mecanismos narrativos planteados desde Los renegados del diablo (2004) o Halloween: El origen (2007), identificarse con siquiera alguno de los personajes que deambulan por la pantalla es casi una quimera.

Pero pese a lo que podría parecer, esta distancia no se genera, en el caso de La familia Monster, por antipatía hacia lo estúpidos que pueden resultar en ocasiones los personajes, sino por el distanciamiento que marca Zombie al retratarlos como tales. La puesta en escena del filme -puro cartoon de acción real incapaz, empero, de contagiar el espídico espíritu del género-, resulta tan artificiosa que la implicación del público deviene imposible debido a unas interpretaciones sobreactuadas hasta lo teatral, equiparables al histriónico empaque visual de la película que bascula entre lo elaborado, con una atmósfera logradamente alucinada, más juguetona que agresiva pero por momentos lo mejor y más interesante del filme, y lo feísta, con efectismos tan vetustos como la serie original como puedan ser cortinillas de transición, vertiginosos zooms, cámaras rápidas o subrayados sonoros.

Se tratan de referencias a un cine o televisión pretéritos que trufan la película sin traducirse en una complicidad imposible desde el momento en el que la apuesta expresiva de Zombie sabotea por completo el retorno al estadio de inocencia del público que románticamente intenta resucitar. Por el contrario, La familia Monster deviene, simultáneamente, una comedia trasnochada y una película firmemente ensimismada, tan encapsulada en sí misma como sus personajes, por completo inconscientes de lo anómalo de su naturaleza. No es una apuesta fácil, pero la firmeza con la que Zombie la sostiene durante todo su alargado metraje se convierte en lo más destacable de una película a contracorriente, cuyo admirable atrevimiento creativo provoca, sin embargo, que la comicidad que late en su interior sea incapaz de dotarla de verdadera vida.

 

La familia Monster (Rob Zombie’s Munster Family, EE.UU., 2022)

Dirección y guion: Rob Zombie / Producción: Mike Elliot y Rob Zombie para Hero Squared y Universal 1440 Entertainment / Dirección de fotografía: Zoran Popovic / Montaje: Vanick Moradian / Música: Zeuss / Reparto: Sheri Moon Zombie, Jeff Daniel Phillips, Daniel Roebuck, Cassandra Peterson, Dee Wallace, Jorge Garcia, Richard Brake, Catherine Schell, Sylvester McCoy, Pat Priest.

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