A BALANCE

El equilibrio es imposible

A Balance (Yujiro Harumoto, 2020)

A Balance  (Yujiro Harumoto, 2020) comienza con un silencioso pistoletazo de salida: el plano de un reloj de pulsera, que hará que empiece a correr, tranquilo, el tiempo de la ficción, el cual mantendrá durante todo el film su constante yugo. Siempre amenazando con destruir ese equilibrio que Yuko, la protagonista, se ve obligada a mantener para que su vida no se derrumbe. Como directora de documentales, Yuko se empeña en mantener una honestidad que choca con los intereses de la cadena para la que trabaja. Pero, en su vida personal, las tornas cambian: ha de mentir para que no se destape un horrible secreto sobre su padre. Así pretende proteger a las personas que quiere de una sociedad que juzga, oprime y condena los pecados de sus miembros hasta la muerte.

El juego conceptual del equilibrio pretende impregnar todas las capas de A Balance. La actriz Kumi Takeuchi defiende con entereza y serenidad el rol de su personaje como de directora total, ya que en este relato la actriz es el perpetuo centro, siendo protagonista de la práctica totalidad de las secuencias. Es, pues, algo sintomático de nuestro tiempo: una mujer que es víctima y a la vez ha de solucionar los problemas que causan los hombres presas de sus caprichos. Para mostrar esto con el respeto que se merece, el cineasta recurre al tiempo: no se preocupa por las dos horas y media que abarca A Balance si esto consigue otro equilibrio entre las tensas secuencias más dramáticas y otras más amables, en las que se va forjando la relación entre Yuko y el resto de personajes.

A Balance (Yujiro Harumoto, 2020)

La quintaesencia de este juego reside en la propuesta formal de la película. Una cámara en mano que tiembla unas veces más que otras, sobre todo cuando la torre de naipes está a punto de caer. Además, consigue que las imágenes tengan un cariz casi documental, llevando la propuesta al terreno del meta-cine: presenciamos una ficción que parece un documental, y que trata sobre el rodaje de un documental que pugna por no convertirse en ficción. Así se produce la reflexión en torno a la validez testimonial de las imágenes, representada en la trama por pequeños vídeos que graba en su teléfono móvil la protagonista a los personajes que le causan un perjurio: les obliga a dar fe de lo que ocurre, fija en lo material una verdad sustancialmente voluble.

El punto negativo de la propuesta es, al mismo tiempo, su punto fuerte. La excesiva frialdad con la que se posiciona el director hace que el clímax no acabe de resolverse con la eficacia que requeriría. Cuando el tiempo empuja la balanza y todo se cae, no lo hace con el estrépito esperado sino con un ruido sordo, más cercano al concepto que a la emoción que se ha ido construyendo. El director espera que el público de respuesta a la pregunta que propone, pero la propia película pugna por dar la suya propia. Es ahí donde se rompe el, por otro lado, logrado equilibrio de A Balance.  Y es que puede ser que, como decían Los Piratas, el equilibrio sea imposible.


A Balance (Yuko No Tenbin, Japón, 2020)

Dirección:  Yujiro Harumoto / Guion: Yujiro Harumoto  / Fotografía:  Kenji Noguchi Reparto: Kumi Takiuchi, Ken Mitsuishi, Masahiro Umeda, Yumi Kawai, Yohta Kawase, Misa Wada, Mitsuko Oka, Yûya Matsuura

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