COSMÉTICA DEL ENEMIGO

Estética de un asesino

Nos hallamos ante un film que, pese a apelar a las formas propias del thriller convencional, logra traspasar aquellas a través de la apropiación de una serie de elementos de otros géneros que buscan provocar el horror en el espectador, o cuando menos su náusea. En este sentido, podría considerarse Cosmética del enemigo (A perfect enemy, 2020, Kike Maíllo) como un film híbrido, donde cohabitan el suspense con el terror y la comedia negra.

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Basada en el libro homónimo de la escritora de origen belga Amélie Nothomb, la acción en ambas obras tiene lugar en un aeropuerto, a partir del encuentro fortuito entre dos desconocidos que acabarán entonando una siniestra conversación. En el relato original el elemento perturbador viene representado por un hombre de mediana edad, Textor Texel, mientras en el film este es sustituido por una adolescente bajo el mismo nombre. Los diálogos punzantes e irónicos marca de la casa que presiden la narrativa de Nothomb comparecen durante la primera mitad del film, para acabar diluyéndose a partir de ese momento en favor de la creación de un clima progresivo de suspense que no desvíe la atención del espectador. Se han sacrificado también en parte las generosas dosis de humor negrísimo —de afán meramente provocador— que tiñen los pasajes de la presunta violación y del asesinato del libro original, comicidad que en el film queda voluntariamente capitidisminuida al reducirse la agresión sexual a un intento frustrado y al eliminarse directamente del guion las últimas palabras irónicas de la víctima hacia su asesino.

El film avanza in crescendo a través de tres historias narradas que se superponen al diálogo central mantenido entre los dos protagonistas, donde comparecen, sucesivamente, lo desagradable, lo terrorífico y el amor romántico. Textor Texel representa, en la superficie, la ofensa al buen gusto burgués (simbolizado en el personaje de Jérôme Angust, un reputado arquitecto) y, bajo aquella, la pulsión interior liberada de su atadura de civilización, donde el asesinato o la violación son actos defendidos como un derecho de hacer siempre lo que uno desee. El tercer vértice que conforma el triángulo imaginario viene dado por la presencia del objeto de deseo de Texel, una mujer de rostro simétricamente cincelado interpretada por la siempre magnífica Marta Nieto, quien protagoniza el segmento dedicado al amor y el más logrado de los tres, elevando el tono general de la propuesta.

Cosmética del enemigo cuenta entre sus aciertos el de mantener en todo momento el ritmo y la atención del espectador hasta su desenlace, sin presentar altibajos, y ello a pesar de la dificultad de transponer a guion cinematográfico un material basado exclusivamente en el diálogo entre dos personajes y con un único escenario. Resulta, sin embargo, una oportunidad desperdiciada que no se haya apostado por mantener intacto el personaje de Textor Texel en su rol de psicópata masculino que hubiera permitido, quizás, trazar en el imaginario cinematográfico un asesino a la altura de Patrick Bateman en la (más) cosmética American Psycho (Mary Harron, 2000), a medio camino entre la realidad y la alucinación.


Cosmética del enemigo (A Perfect Enemy; España, Alemania, Francia, 2020)

Dirección: Kike Maíllo / Guion: Cristina Clemente, Kike Maíllo, Fernando Navarro (Novela: Amélie Nothomb) / Producción: Kiké Maíllo, Benito Mueller, Wolfgang Mueller y Justin Nappi  (para Barry Films, ESCAC Films y Hessen-Invest Film) / Música: Alex Baranowski / Fotografía: Alex Baranowski / Montaje: Martí Roca / Diseño de producción: Roger Bellés / Reparto: Tomasz Kot, Athena Strates, Marta Nieto, Dominique Pinon

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