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CÓMO ESCAPAR DE BÚFALO


El sueño americano no sigue vivo

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El cine siempre ha ido de la mano de su tiempo. Hay innumerables ejemplos de ello. Por nombrar solo uno, en uno de los momentos históricos más convulsos de Estados Unidos, la Guerra de Vietnam y el movimiento contracultural fueron el germen de lo que se terminó llamando Nuevo Hollywood. Pero también las épocas de esperanzas tuvieron sus reflejos en las películas. En ese tiempo en el que existía una gran fe en los supuestos ideales incorruptibles de EEUU, filmes como Caballero sin espada (Frank Capra, 1939) o Río Bravo (Howard Hawks, 1959) representaban los héroes que encarnaban los valores que el pueblo estadounidense quería para sí mismo. Todo era esperanzador. El sueño americano estaba de moda. Y aunque siempre han existido, ahora parece ponerse de moda las películas que quieren mostrarnos el otro lado, el aspecto tenebroso del sueño. Son los tiempos actuales. El descontento acuciante de la sociedad estadounidense de los últimos años ha roto con el sueño y el cine se hace eco de ello. Nos muestran la ambición desmedida, la deshumanización y la locura intrínseca de la cara pervertida del proyecto estadounidense. Películas como El vicio del poder (Adam Mckay, 2018) o The Florida Project (Sean Baker, 2017) son reflejos de las voces que están surgiendo en contra del sistema estadounidense y de su desigualdad acuciante. Cómo escapar de Búfalo sigue por este camino. La película nos narra las distintas caídas en desgracia de una joven muy inteligente que vive obsesionada con la independencia financiera, lo que le provoca que se meta en un problema detrás de otro hasta convertirse en cobradora de deuda. Y desde este punto de partida es desde donde el filme aprovecha para mostrarnos el deshumanizado negocio del cobro de deuda.

La película está muy marcada por la estela de otras obras como El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) o Yo, Tonya (Craig Gillespie, 2017), pero sin llegar al nivel visual y narrativo de ninguna de las dos. Cómo escapar de Buffalo comienza con un montaje vertiginoso con varios planos secuencias y flashback que pueden recordar vagamente a la película de Martin Scorsese. Algo que no es de extrañar ya que el guion viene firmado por Brian Sacca, quien trabajó como actor en El lobo de Wall Street. Sin embargo, la directora Tanya Wexler no consigue la atracción que estos recursos narrativos adquieren en el filme de Scorsese. No es reprochable que emule la gran cinta protagonizada por Di Caprio, el error viene en la ejecución. El ritmo de la narración provoca desconcierto y la directora parece confundir dinamismo con velocidad. Muchas comedias han utilizado el ritmo vertiginoso y la sucesión trepidantes de gags como fórmula humorística. Epítome de este tipo de comedias son las películas de Howard Hawks La fiera de mi niña (1938) o Luna nueva (1940). Estos filmes sabían combinar un ritmo trepidante con darle su espacio y tiempo a la narración. Algo que Wexler no consigue. Sobre todo en una primera mitad en la que no cimienta bien la historia y que provoca un déficit de empatía hacía la protagonista. El porqué y el cómo del personaje se despachan rápidamente en detrimento de una serie de disputas callejeras que resultan poco atractivas. Esta estructura, ritmo y montaje desafortunado también impiden que una película con una tesis tan clara no llegue a profundizar en los problemas de la deuda y del negocio que le rodea. Solo llega a presentar este tipo de negocio alienante y termina quedándose en la superficie, enlazando un chascarrillo detrás de otro.

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Pero tampoco funciona como película cómica sin pretensiones. Y mucha de la culpa la tiene un guion muy débil. A los personajes arquetipos, se les une la falta de comicidad. En términos visuales, la película sí tiene una buena elección de puesta en escena y una interesante toma de decisiones, como por ejemplo la rotura de la cuarta pared en ciertos momentos. Pero el guion hace naufragar cualquier posibilidad de comedia. Y eso arrastra a una Zoey Deutch a la que se le intuye sus magníficas dotes humorísticas y que es protagonista de los mejores momentos de la película. La relación extraña de su personaje con su madre o la escena en la que sale a mitad de la calle a disparar son algunos de los mejores instantes. Pequeños oasis dentro del metraje. Breves momentos de acierto gracias al talento de Deutch. Pero, aun así, la película no consigue remontar.

Cómo escapar de Búfalo es un claro producto de su tiempo. Como lo han sido otras películas. Como siempre lo ha sido el cine. Wexler sabe leer el descontento actual de la sociedad estadounidense y la derrota por incomparecencia del sueño americano. Y la película acierta utilizando la vesania del sistema financiero como punto de partida, pero Wexler naufraga en la forma en cómo lo desarrolla. La paradoja de lo que pudo ser el sueño americano y no fue se convierte en una película que pudo ser, pero que tampoco fue.


Cómo escapar de Búfalo (Buffaloed, EEUU, 2019)

Dirección: Tanya Wexler / Guion: Brian Sacca / Producción: Kirsten Ames y Brooke Davies / Fotografía: Guy Godfree / Música: Matthew Margeson / Montaje: Casey Brooks / Reparto: Zoey Deutch, Jai Courtney, Judy Greer, Jermaine Fowler, Noah Reid

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