COLGADOS EN FILADELFIA (T14)

El sinsentido también pierde el sentido

¿Por qué vemos una sitcom? Las razones son diversas, si bien acotadas a un número limitado de ellas, principalmente en relación al mero entretenimiento y evasión frente a las preocupaciones de la vida diaria. Este escudo contra la mediocridad del mundo exterior suele funcionar en base a ciertos procedimientos arquetípicos vinculados al desarrollo personal positivo de sus personajes. Es decir, se pueden presentar unos personajes disfuncionales, hiperbólicos y de moral cuestionable pero, al final del día (o de la temporada, o de la serie), habremos presenciado un arco que ha transformado al individuo ficticio en cuestión. Dicha transformación está normalmente impregnada de lecciones vitales subyacentes o directamente explícitas que acaban por actuar a modo de moraleja, con más o menos acierto. Tal es el caso de numerosas sitcoms de gran éxito como Friends (David Crane y Marta Kauffman, 1994-2004), Cómo conocí a vuestra madre (Carter Bays y Craig Thomas, 2005-2014) o The Big Bang Theory (Chuck Lorre y Bill Prady, 2007-2019), todas ellas cumpliendo milimétricamente estos patrones comunes. A lo largo del recorrido, por supuesto, el espectador asiste a numerosos enredos y conflictos cómicos, normalmente guiados por risas pre-configuradas que pretenden sugestionar el momento y la forma en la que la audiencia debe reaccionar ante lo expuesto. Es por esto importantísimo recalcar el papel de Colgados en Filadelfia (Rob McElhenney y Glenn Howerton, 2005- ) en todo este asunto, designada desde ciertos sectores y también desde aquí como una anti-sitcom, la cual acaba de finalizar su 14ª temporada.

Creada por dos de sus actores principales y además amigos de juventud, Rob McElhenney y Glenn Howerton, Colgados en Filadelfia aspiró desde sus inicios a lo contrario que una sitcom convencional: mientras que en estas el elenco interactúa con el mundo y acaba mejorándose, aquí the gang interactuaría con el mundo y lo haría peor para los demás, quedando ellos igual que antes. Para ello, se valieron de un argumento inaudito, en el que un grupo de narcisistas alcohólicos propietarios de un pub entretienen sus vidas mediante cualquier tipo de actividad disparatada. Sus bazas eran muy potentes, con un bajísimo presupuesto que jamás acusó y que le llevó a fichar a un desternillante Danny Devito para evitar el hundimiento del show. La cantidad de temas extremadamente peliagudos que se tratan aquí van desde el cáncer hasta la homofobia, pasando por el aborto, la gestación subrogada, el control de armas, abusos sexuales o suicidio, entre otros. Es casi mágico cómo consiguen hacer críticas con un total descontrol (a primera vista) sin terminar por tomar partido del todo y sin que sus personajes sean transformados en el proceso. El nivel de depravación moral de sus personajes, unido a unos guiones políticamente incorrectos, consiguió unas cotas de comedia bestial y una originalidad en sus tramas fuera de este mundo durante 12 temporadas. Hay que decir que la anterior sufrió la intermitente marcha de Howerton y su megalómano personaje Dennis Reynolds, algo que notó la serie, la cual empezó a parecer repetitiva y menos mordaz en sus argumentos.

La nueva temporada sigue, en gran parte, la estela decepcionante de su predecesora. Es cierto que, si el espectador no tiene en cuenta el brutal divertimento de su material anterior, es aún una serie disfrutable con algunos momentos hilarantes. No obstante, se percibe un claro agotamiento por parte del elenco, y aquellas dinámicas que en otros momentos funcionaron a la perfección (Dennis-Mac, Frank-Charlie…), son desenvueltas a trompicones al recaer en algunos lugares comunes que ya no tienen el mismo efecto debido a su repetición. Otro problema el cual, en principio, no debería serlo, es la producción actual de la serie, más generosa, que no la beneficia ya que la despoja de ese hálito ‘garajero’ que la definía en sus inicios, más en consonancia con la total dejadez moral de sus personajes. El agotamiento no radica únicamente en las dinámicas sino también en los propios actores, físicamente. Lejos queda ya la temporada en la que Rob McElhenney engordó a propósito para desafiar esa convención de las sitcoms por las que sus personajes no parecen cambiar físicamente a lo largo de los años. En este caso, el tiempo pasa por todos y cada vez resulta menos creíble ver a the gang haciendo de las suyas.

Sin embargo, no parece este el final de la serie, como deja entrever su último episodio Waiting for Big Mo, uno de los más acertados. Parece resumir la deriva de Colgados en Filadefia: un grupo de cuarentones más un anciano llevan “toda la vida” jugando al laser tag, por lo que quizás, ahora que ha dejado de ser divertido, deberían parar de hacerlo. La reflexión es profunda y, al final, todos ellos supuestamente claudican y dejan el testigo a las nuevas generaciones, en este caso a un niño con sobrepeso. Esta claudicación es, una vez más y en su línea, un paso en falso, ya que the gang regresa y elimina al niño del juego, dejando claro que no han aprendido nada y que seguirán divirtiéndose mientras puedan. No se sabe cuánto más podrá durar eso.


Dirección: Matt Shakman, Fred Savage, Daniel Attias / Guion: Glenn Howerton (creador), Rob MacElhenney (creador), Charlie Day / Producción: Jeff Luini, Charlie Day, Glenn Howerton, Nick Frenkel, Rob McElhenney / Música: Cormac Bluestone / Reparto: Charlie Day, Glenn Howerton, Rob McElhenney, Kaitlin Olson, Danny DeVito, Mary Elizabeth Ellis, David Hornsby

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