CINEMA PARADISO (1988)

Siempre volveremos al cine

No resulta extraño que tras la larga y sufrida espera a la que ha debido de enfrentarse todo cinéfilo durante estos últimos y complicados meses, el cine vuelva con una de las cartas de amor más célebre dirigida al séptimo arte. La obra más popular de Giuseppe Tornatore nos contagia el espíritu soñador y romántico de todo aquel que encontró en el cine, desde su más tierna infancia, un refugio de esperanza. De esta forma, los cines recobran la vida que les fue arrebatada para, ahora, enamorar a todos como lo hizo el Cinema Paradiso con el pequeño Totò (Salvatore Cascio).

Cinema Paradiso, de Guiuseppe Tornatore (1988)

El relato en el que nos introduce Cinema Paradiso es el inocente y melancólico recuerdo de la infancia de su protagonista. Acompañamos a Totò a través de su autodescubrimiento y de su crecimiento, que nos transporta desde un remoto pueblo del sur de Italia, donde el cine supone el mayor entretenimiento de sus habitantes, hasta la capital italiana, en la que el cine se respira en todas sus calles. Además de la conmovedora historia de Totò, Tornatore nos presenta la vida de Giancaldo, el pequeño pueblo siciliano en el transcurre la narración, donde sus pintorescos personajes se reúnen en el cine para vivirlo, amontonándose para disfrutar de esas ficciones lejanas, rodeados de gritos, risas, lloros, escupitajos y emociones. El director nos muestra las dos vidas que coexisten en la sala de cine, aquella que narra la historia que se proyecta en la pantalla y aquella que se respira en las butacas y pasillos que componen la sala, y cuya unión crea esa realidad colectiva casi mágica que se siente al asistir a una gran obra.

Y mientras nos adentramos en ese universo remoto que se siente al mismo tiempo tan próximo como cualquier cuento de nuestra infancia, encontramos escondido, tras las cortinas que dan paso a la sala de cine, al joven Salvatore Di Vita (Totò) que observa fascinado y con una enorme sonrisa en su rostro, las imágenes que se proyectan en la pantalla. Guiado por esa fascinación, se las ingenia para introducirse en ese misterioso y cautivante mundo del Cinema Paradiso, cuyo control y protección sustenta con cariño un hombre mayor y solitario llamado Alfredo (Philippe Noiret).

Cinema Paradiso, de Guiuseppe Tornatore (1988)

La historia de amor que nos presenta Tornatore en Cinema Paradiso se divide en tres etapas distintas marcadas por la niñez, la adolescencia y la adultez representando cada una de ellas una clase de amor diferente: el paternal, el romántico y el realista respectivamente. Ese amor será personificado inicialmente por Alfredo, que no solo sustituye la figura del ausente padre de Totò, pero además encarna el proceso mismo de creación cinematográfica, al dar vida con sus propias manos a las historias que habitan la sala de cine. Más adelante, es Elena (Agnese Nano), la joven de ojos azules que enamora al Totò adolescente, quien le permite conocer la felicidad y la aflicción del primer gran amor además de convertirse en su musa, capturando su imagen a través de su cámara. Y no es hasta la madurez que triunfa el amor más auténtico y puro de todos, en el que convergen los anteriores, aquel que existió desde el inicio y que nunca abandonó al ahora ya no tan joven Totò: el amor por el cine.

La pasión por el séptimo arte se cuela en todos los rincones de la obra de Tornatore, ya no solo a partir de los clásicos que se proyectan en el cine y los fotogramas y pósters que inundan la cabina de proyección, también gracias a las vidas de todas las personas que habitan el pueblo de Giancaldo. Su atracción se hace evidente en los ojos del pequeño Totò y se manifiesta en los sicilianos que tratan desesperadamente de captar las imágenes del celuloide, aunque tengan que llegar a éstas a través de la pared de la casa de un vecino o en barca. Este amor llega a su clímax en el emotivo final de Cinema Paradiso, cuando las luces se apagan una vez más y el silencio de una sala ya solo habitada por Totò, cesa al escucharse el rollo de película avanzar. Entonces, la pantalla de cine se ilumina junto a los ojos y la sonrisa de Salvatore, que vuelve a ser el pequeño Totò al igual que el espectador que contempla la película, y la conmovedora música –que se ha convertido ya en todo un clásico del maestro Ennio Morricone– nos traslada una vez más al recuerdo del Cinema Paradiso. Y cuando la película finaliza, se recuerda por qué se ama al cine y por qué siempre se vuelve a él.


Cinema Paradiso (Italia y Francia, 1988)

Dirección: Giuseppe Tornatore / Guion: Giuseppe Tornatore y Vanna Paoli  / Producción: Les Films Ariane, Cristaldifilm, TF1 Films Production, RAI 3, Forum Picture / Fotografía: Blasco Giurato / Música: Ennio Morricone y Andrea Morricone / Montaje: Mario Morra  / Reparto: Philippe Noiret, Jacques Perrin, Salvatore Cascio, Marco Leonardi, Agnese Nano

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