CINCO LOBITOS

Los abrazos

En Beginners (Mike Mills, 2010), Oliver (Ewan McGregor) es un treintañero cuya vida toma un giro inesperado cuando su padre (Christopher Plummer) es diagnosticado con una enfermedad terminal. Saltando entre el presente de Oliver tras la muerte de este y el pasado cuidando de él, el filme explora la manera en la que esa circunstancia dispara un proceso de acercamiento y reconciliación entre un padre y un hijo cuya relación se había visto marcada siempre por la distancia. Esta búsqueda por la reconciliación se encuentra en el centro de Cinco lobitos (2021), ópera prima de Alauda Ruiz de Azúa, en la que la directora vasca explora las distintas capas que se pueden encontrar en una relación entre madre e hija.

Cinco Lobitos. Revista Mutaciones 1

A primera vista, Cinco lobitos parece ser un relato sobre la maternidad que se enmarca dentro de la tendencia, cada vez más creciente, de mostrar otras caras de lo que significa ser madre, con todo lo entrañable que ello conlleva, pero también con lo doloroso (es el caso de otras películas estrenadas en el último año como La hija oscura, de Maggie Gyllenhaal o incluso Spencer, de Pablo Larraín). Y si bien esto es una parte importante del retrato que Ruiz de Azúa construye alrededor del personaje de Amaia (Laia Costa), una madre primeriza de 35 años, poco a poco el filme va revelando su interés por mostrar otras facetas de su vida que no desaparecen por el solo hecho de tener un bebé: la de ella como pareja (mostrando las dificultades y tensiones que van surgiendo en su relación sentimental) y, sobre todo, la de hija, poniendo el foco en la difícil relación con su propia madre, Begoña (Susi Sánchez).

Cinco Cinco Lobitos. Revista Mutaciones 2

Es aquí donde se construye el discurso principal de Cinco lobitos: alrededor de una relación atravesada por una falta de entendimiento mutuo que proviene de la dificultad de diálogo intergeneracional, de dos formas opuestas de ver la maternidad, las relaciones y la vida. Sin embargo, en el momento en que Amaia se ve forzada a conciliar su rol de madre con el de hija que asume el cuidado de Begoña, empieza un lento proceso de (re)conocimiento, de ponerse en los zapatos de la otra y de incluso llegar a entender una cosmovisión absolutamente ajena a la suya. Aquí entra en juego, además, otra relación: la de Amaia con su padre, Koldo (Ramón Barea), que se ve sacudida al observar de primera mano los problemas entre éste y Begoña. Porque en estas circunstancias Amaia experimenta una nueva vivencia con sus padres muy diferente a la de cuando era niña, esta vez desde una perspectiva adulta y, sobre todo, entendiendo ahora lo que es ser madre.

Así, la maternidad se convierte en el hilo que une el proceso de reconciliación, la circunstancia que hace posible entender al otro, aceptarlo y abrazarlo con todo lo que es. Y es esto lo que subyace en los dos abrazos del final. Abrazos que, como el de Oliver sobre el cuerpo recién fallecido de su padre, parecen una despedida, pero que realmente significan el culmen de un esperado reencuentro. En ese instante, en el que Amaia se ve forzada a alejarse físicamente de sus padres, es cuando, más que nunca, se siente cerca de ellos. Y es allí donde, finalmente, a través de su doble condición de madre y de hija, se halla a sí misma.


Cinco lobitos (España, 2021)

Dirección y guion: Alauda Ruiz de Azúa / Producción: Encanta Films, Sayaka Producciones Audiovisuales, Buena Pinta Media, RTVE Fotografía: Jon D. Domínguez / Montaje: Andrés Gil / Música: Aránzazu Calleja / Intérpretes: Laia Costa, Susi Sánchez, Ramón Barea, Mikel Bustamante

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