CEMENTERIO VIVIENTE

King bueno/King malo

Se dicen muchas cosas de Stephen King. La principal y probablemente la más repetida y recurrente es “maestro del terror”, olvídense, ni siquiera esa es verdad. Una de las más curiosas me la dijo alguien que se dedica a esto de administrar una sala de cine, que rezaba algo así como “King es como un BigMac, sabes que es de rápido consumo y que en realidad es una porquería, pero no me digas que no apetece de cojones”. Cosas como esta y lo de “los dos Kings, el de los relatos y el del terror”, como si hubiera un King de los domingos y un King de los miércoles. Nada es verdad, nada. Pero al menos nos vale para poner encima de la mesa que el escritor de Portland es un autor de poco valor entre el gremio, un autor de bestsellers como quién dice (que lo es). ¿Por qué hay entonces dos versiones de la misma pluma? ¿Acaso en los años bisiestos le apetece escribir un éxito de terror y cada lustro le toca un relato sobre la madurez, el compañerismo o sobre creer en las personas? King es un tipo que maneja los mitos con soberbia. No puedo evitar visualizarlo escribiendo Cementerio de animales, imaginandose a sí mismo como un auténtico Louis Creed, enterrando la verdadera enjundia de su propio relato bajo la húmeda tierra de Ludlow. Lo veo guardando todos los componentes sobre la pérdida. Arrastrarse a la locura a través de sueños de un futuro que se lleva un camión a 100 kilómetros por hora o aprender por primera vez que tu gato puede aparecer mañana hecho un amasijo de tripas en la cuneta de una carretera. Temas que King tira a la alcantarilla y que caen hasta los Barrens para que los lectores los disfruten en semi-consciencia. Quizás porque, como en el personaje de Rachel Creed, un terror como Ozz el Gggande y Teggrible perdura sobre todas las cosas. “Léete este libro, a ver si eres capaz de hacerlo sólo con la luz de la lamparita”. Y así se queda, bajo tierra.

Y la paradoja más alarmante salta como un resorte cuando el propio Stephen King es el encargado de escribir el guion de la cinta y Mary Lambert, directora conocida previamente únicamente por un thriller de título Siesta, se pone tras las cámaras. La adaptación se convierte en un albarán, una lista de elementos reconocibles que conducen la historia hasta el punto climático de la novela. Y recalco eso de “paradójico” porque es el propio autor el que se encarga de desalmar su texto. Quizás es lo que pasa cuando el presupuesto escasea. Cuando hay que pasar tijera es preferible que el que las empuñe sea un niñato indeseable recién llegado a Hollywood y con ganas de pasar por encima de un escritor ya prolífico y no la estrellita literaria de marras. En cualquier caso ese guion necesitaba una dirección, intención o propósito, como se le quiera llamar. Había suficientes momentos terroríficos a lo largo de la historia para fabricar una fábula visual permanente y constante, o suficiente drama soterrado para alejarse de la vertiente mística y de fórmula en la que termina estancándose la película. Todo está ahí pero nadie es quien es, de hecho nadie es nadie gracias a un cast de bajo presupuesto en los que, o bien te puede salir un Bruce Campbell, una Barbara Crampton, o nadie. Pero no se preocupen, que el bueno de Stephen se guarda un cameito como predicador en el entierro de un personaje que empiezo a pensar que pasa de vivo a muerto en la adaptación por la simple y llana razón de darle un poquito de plano a su pater narrativo. Todo es fiel, todo ocurre en el libro en el mismo orden en el que ocurre en la cinta y aun así parece otra cosa completamente diferente, como si hubiera sido enterrado en el cementerio micmac y hubiera vuelto en forma de película de terror medida y calculada, sin corazón ni alma. Eso sí, el último acto, el cual se estira hasta adaptar la forma requerida por los cánones más pueriles del género, sorprendentemente funciona gracias a seguir al milímetro una idea terrorífica y ya contrastada en el número de ventas en las librerías. Se puede conceder el mérito de haber acabado arriba. Eso sí, uno no puede evitar imaginarse que el cierre, mucho más conclusivo aquí, viene de la mano de aquel que financia.

“El corazón del hombre es más árido. Cultiva lo que puede y lo conserva”. Bueno, aquí el paralelismo entre Louis y King no hay que imaginárselo, tanto que hubo secuela.

Paco Delgado

Cementerio Viviente (Pet Sematary, 1989, Estados Unidos)

Dirección: Mary Lambert / Guion:  Stephen King / Producción: Richard P. Rubinstein / Música: Elliot Goldenthal/ Montaje: Mike Hill, Daniel Hanley/ Fotografía: Peter Stein / Diseño de producción: Michael Z. Hanan / Reparto: Dale Midkiff, Fred Gwynne, Denise Crosby, Brad Greenquist

 

 

2 comentarios en «CEMENTERIO VIVIENTE»

  • el 09/11/2018 a las 00:48
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    mi película de terror favorita , más que nada por que hay escenas que te marcan de por vida , si bien cuando vi el exorcista a la tierna edad de 10 años me pareció muy demoníaca (no pude dormir por una semana con luz apagada ya que vengo de una familia y escuela cristiana jajaja ) sin embargo cementerio de animales me marcó de por vida con sus impactantes escenas como cuando pelean el padre con el suegro por la muerte del bebe en la iglesia y el ataúd se abre para mostrar el cadáver del lactante y el posterior llanto de todos los presentes en la sala , por ejemplo ,simplemente horrible ..

    la otra película de terror que no da tanto miedo ,pero es divertida por el tema de zombies vendría siendo el amanecer de los muertos vivientes de 1990 creo , es bastante divertida muy recomendable , no soy muy fan del género de terror ,pero esas son mis humildes recomendaciones

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  • el 08/12/2018 a las 15:22
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    Cuando leí cementerio de animales no sabía lo mucho q me iba a afectar. Lo habré leído unas 20 veces y siempre me produce la misma sensación. Terror

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