CELL

Adicciones y tecnófilos.

Hoy en día es difícil no ver por la calle, en el metro, en las tiendas de ropa y en todos los lugares que puedas enumerar (incluso en el váter), a personas con sus teléfonos móviles. Grandes, pequeños, finos como una loncha de jamón y de todos los colores. Hay para todos los gustos. Desde que la movilmanía alcanzó su punto álgido, la deshumanización del ser humano es inminente. Ahora la gente ha cambiado la tradicional costumbre de hablar cara a cara para, en su lugar, esconderse detrás de estos cacharros que, al parecer, como una droga, generan adicción. Necesitamos la respuesta inmediata a un mensaje como un yonki necesita otro chute de caballo. Pero ya hemos escuchado mil veces eso de que el móvil nos ha vuelto tontos, y es verdad. Stephen King lo sabe.

En 2006, el maestro del terror, que afirmó no tener teléfono móvil, debió meditar largo y tendido sobre este problema social cuya existencia nadie es capaz de negar. Así nace Cell, una de sus novelas con mejor acogida por parte de la crítica y una de las más olvidadas por los lectores. La historia gira en torno a Clay, un dibujante que regresa a casa tras su visita a Boston en un viaje de negocios. Mientras espera en el aeropuerto, sin razón aparente, las personas que lo rodean se convierten en unos zombies frenéticamente violentos que atacan a todo aquel que se cruza en su camino. ¿El motivo? Las ondas emitidas por los teléfonos móviles. De esta manera, King vuelve a crear, tras novelas como El fugitivo (1993), un universo postapocalíptico donde refleja una sociedad deshumanizada debido a las consecuencias de las decisiones y actos del ser humano.

Guionizada por Adam Alleca y el propio Stephen King, en 2016 el director estadounidense Tod Williams (Paranormal Activity 2, 2010), consiguió de una forma muy discreta que la historia saltase a la gran pantalla. Cell, protagonizada por John Cusack y Samuel L. Jackson – quienes compartieron cartel en otra adaptación de King, 1408 (Mikael Håfström, 2007)- deambula entre el cine de entretenimiento y el telefilm de una manera sorprendentemente agradable. Quien haya tenido el placer de leer al maestro del terror, sabrá de sobra la simplicidad argumental con la que se narran los acontecimientos, dando lugar a historias que funcionan para todos sin ningún tipo de discriminación. Esta adaptación para la gran pantalla no se queda atrás. Tod Williams es consciente de la historia que quiere contar y, como si diese la mano a su espectador, hace que el tiempo vuele mientras acompañamos a Clay en busca de su familia, no sin antes enseñarnos algo de sangre y un puñado de zombies consumidos nada más y nada menos que por la telefonía móvil.

Uno se pone a pensar en el significado de la película y es inevitable relacionarlo con la situación actual. Quien no tiene Twitter, Facebook o Instagram no es nadie en la red, no existe. No es de extrañar que todas esas personas que se ven absorbidas por sus teléfonos, ordenadores o cualquier cacharro electrónico del siglo XXI, emprendan una verdadera inquisición hacia aquellos que intentan esquivar las ondas de la red, esas personas que divagan por el mundo intentando que los zombies de Internet no los vuelvan tontos.

Simplificando la dirección, fotografía y el diseño de producción a un nivel meramente correcto y aceptable, Tod Williams dispone todos los elementos cinematográficos al servicio del discurso narrativo que King quiso transmitir con la novela, un discurso reivindicativo y lleno de realidad dentro de la fantasía más apocalíptica.

Patricia Marín Verdú


Cell (ESTADOS UNIDOS)

Dirección:  Tod Williams / Guion:  Adam Alleca y Stephen King/ Producción:  Michael Benaroya, Shara Kay, Richard Saperstein, Brian Witten/ FotografíaMichael Simmonds / Música: Marcelo Zarvos / Reparto: John Cusack, Samuel L. Jackson, Isabelle Fuhrman, Stacy Keach, Lloyd Kaufman, Griffin Freeman, E. Roger Mitchell, Alex Ter Avest, Clark Sarullo, Wilbur Fitzgerald, Rey Hernandez, Catherine Dyer, Elizabeth Davidovich, Abbey Ferrell, Angela Davis

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