CASABLANCA IN LIVING COLOR

Otro final para Ilsa y Rick

Casablanca In Living Color - Revista Mutaciones

Rick

“Tú le perteneces, Ilsa. Eres parte de su obra. Si no te vas, te arrepentirás. Quizá hoy no, ni mañana, pero te arrepentirás.” Con esas palabras, Rick había sellado su destino. Mientras observaba el avión alejarse y desaparecer entre la bruma, supo que no volvería a amar. Al menos no como en París. Jamás volvería a estar al borde del precipicio, como había estado con Ilsa tantas y tantas noches antes de que los nazis entrasen en Francia y se llevarán por delante lo mejor que había conseguido en su vida.

Tampoco es que fuera con su carácter quejarse. En Casablanca había construido algo que era suyo, un oasis lejos de la estupidez y la locura, un refugio que se movía al ritmo que él marcaba. Le gustaba sentarse en su mesa de Rick’s y observar todos los pequeños dramas que la guerra barría hasta la costa de África. De vez en cuando, incluso participar en ellos, un placer que reconocía tenía algo de mezquino pero que disfrutaba igualmente. Un juego vulgar y menos excitante, en cualquier caso, que la promesa que suponía su vida con Ilsa. Esa promesa que estaba ahora en manos de Laszlo.

Laszlo. Había algo en ese hombre, cierto alzar el mentón puramente centroeuropeo que le resultaba irritante, pero estaba convencido de que sería leal a Ilsa hasta el fin de sus días. Ese tipo no había mentido en su vida. Era todo lo contrario que Renault, del que aún no había decidido si era una sabandija o un romántico. O las dos cosas. Rick se dio cuenta que Renault había empezado a hablarle, pero él seguía con la mirada puesta en esas nubes que se habían apartado para luego volver a su sitio, como si allí no hubiera pasado nada.

Pero su supervivencia dependía ahora de ese enano con bigote de gendarme, así que trató de concentrarse en lo que estaba diciéndole, por mucho que le pareciese el clásico francés que primero te ofrece vino y una tabla de quesos y luego te apuñala con el cuchillo del Camembert. Al fin y al cabo, le había salvado el pellejo, su única pertenencia a la que tenía verdadero afecto. Una buena frase lapidaria cerraría el pacto entre Renault y él, una de esas frases que a la mayoría de la gente le daría vergüenza siquiera pensar y que Rick podía pronunciar con desarmante aplomo.

“Louis, creo que este es el principio de una hermosa amistad”.

Cuánto creía que duraría esa amistad, eso Rick se lo calló. Mañana sería otro día.

 

Casablanca In Living Color - Revista Mutaciones

 

Ilsa

Ilsa acarició el tacto de la mano de Victor Laszlo mientras observaba el continente africano alejarse por la ventanilla. En realidad estaba oscuro y apenas se veía nada, pero imaginó el avión sobrevolando un mapa de colores brillantes con las fronteras pintadas en gruesas rayas negras Si se acercaba a esas manchas de color podía ver miles de puntitos hacerse cada vez más grandes, personitas desconocidas con vidas radicalmente diferentes a la suya, a las que probablemente sus problemas le parecerían ridículos. No a Rick, claro, aunque ahora fuera uno de esos puntitos que podía imaginarse al mirar por la ventana.

La piel de Victor era suave, la de Rick era áspera. No era la única diferencia (¡ni mucho menos!), pero sí era la que más le llamaba la atención. Rick no había tenido una vida fácil, y eso solo teniendo en cuenta lo que él le había contado, que ella estaba segura de que no era ni la mitad de la verdad. Aun así, Victor había pasado por unos cuantos campos de concentración y seguía teniendo la piel de un abogado de Brighton. Más que prisionero de los nazis parecía que hubiese hecho turismo por los campos de prisioneros, pero Ilsa se sentía un poco culpable por pensar así.

“Cariño, no tienes buena cara. Deberías dormir un poco. Le pediré a la asistente que te sirva una copa, ya verás cómo te reconforta.”

Ilsa le aseguró que no era nada, pero es cierto que sentía cierto malestar que no creía que un vaso de ginebra fuera a solucionar. “Ya verás como te reconforta… ¿Desde cuándo es este hombre tan pedante?”

“Estoy deseando hacerles comprender a los americanos la importancia estratégica de unas sólidas relaciones entre los distintos bloques de…”.

Victor siguió hablando, pero Ilsa ya no le escuchaba. “A veces parece que más que hablar suelta discursos, como si en vez de su mujer me viera como a la muchedumbre de un mitin. Fíjate, ahora va a hacer esa cosa con las manos para darle intensidad al cierre y luego me mirará y sonreirá, como si estuviera buscando un aplauso.”

“…. Y esa es, sin lugar a dudas, la mayor esperanza de la raza humana”.

“¡Ahí está, la sonrisa! Lo que tengo que hacer cuando lleguemos a América es comprarle una buena gabardina marrón, con esos trajes tan relamidos que lleva no le van a tomar en serio en ninguna parte”. Ilsa acarició nuevamente la mano de Victor. Seguía siendo como la piel de un lechón y ella tuvo que contenerse para no empezar a frotar. Volvió la mirada a la ventanilla.

“¿Victor?”

“¿Sí, cariño?”

Ilsa se giró y miró a su marido.

“Quiero volver a Casablanca”.

 

Casablanca In Living Color - Revista Mutaciones

Ilustraciones de @alwaysfurthur

Un comentario en «CASABLANCA IN LIVING COLOR»

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