CAROL

De Hopper a Haynes

Una de las características más particulares de las obras de Edward Hopper es la facultad con la que consigue retratar la angustia y desolación de sus personajes -siempre desde un estado de sosiego-, sin incidir en el dramatismo que puede proporcionar el detalle de un rostro melancólico en un primer plano. Por lo contrario, el pintor neoyorquino recurre al plano general para destacar la soledad en la que habitan, dentro de los entornos urbanos más típicos de la sociedad americana (habitaciones, cafeterías, hoteles, gasolineras…), alienándolos incluso cuando se encuentran acompañados.

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Noctámbulos (1942)

Observando uno de sus cuadros más célebres –Noctámbulos (Nighthawks, 1942)-, destaca la capacidad con que estructura la acción en sólo una pequeña proporción del “encuadre”, y la naturalidad con que -a través de las formas que componen el espacio- consigue redireccionar la mirada del espectador hasta el más mínimo gesto de los cuatro protagonistas.

En la escena, Hopper “fotografía” un diner (típica cafetería de clase media estadounidense), que, gracias a sus inmensos ventanales, coloca al espectador en una posición de voyeur, observando desde el exterior lo que ocurre dentro del amplio establecimiento. La ventana funciona como reencuadre mediante el cual se otorga mayor relevancia a los personajes, sin perder de vista el desértico espacio que los rodea. Dentro, encontramos a unos individuos que a primera vista parecen interactuar entre sí, cuando en realidad no tienen ningún tipo de contacto.

Noctámbulos_2_Revista_MutacionesEn el centro del cuadro se encuentra, contradictoriamente, la figura que pasa más desapercibida. Los tonos y las sombras lo camuflan con el exterior y, al no mostrar su rostro, se acentúa la sensación de extrañamiento que genera la obra. Su posición física redirecciona la mirada hacia la pareja de enfrente, la cual cobra mayor protagonismo. Ambos parecen interactuar con el camarero, quien sin embargo sostiene su mirada perdida hacia el exterior del local. Del mismo modo, por su proximidad, la pareja pareciera tener alguna relación -y en efecto podría-, aunque no ejercen contacto físico o visual alguno, demostrando gran apatía el uno por el otro. Todos y cada uno de ellos parecen encontrarse totalmente solos y perdidos en sus pensamientos.

Hopper y el cine han mantenido siempre una relación de carácter simbiótico. Sus pinturas han servido de referencia a una inmensa cantidad de cineastas modernos y posmodernos (David Lynch, Wim Wenders, Aki Kaurismaki…), pero también en cineastas que se alejan de esos preceptos como es el caso de Todd Haynes (Wonderstruck, 2017). En Carol (2015), se puede apreciar la influencia que ha tenido Hopper en el largometraje del director norteamericano, permitiéndonos descubrir las claves de los mecanismos empleados por este en su puesta en escena.

Carol es un melodrama de época, ambientado en los años 50 (la época más prolífica de Hopper), que trata la historia de un romance entre dos mujeres, oprimidas -y encerradas- en un entorno asfixiante compuesto por una sociedad la conservadora América de Eisenhower. Es también el retrato de una joven y solitaria mujer (Therese) en su búsqueda por definirse a sí misma desde el plano emocional hasta el plano profesional. Una mirada hacia la intimidad de dos seres que encuentran entre ellas su tan anhelada libertad.

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Carol (2015)

La historia se desarrolla esencialmente en escenarios interiores. Habitaciones de hoteles, apartamentos, cafeterías… todos aquellos lugares que representan el imaginario colectivo estadounidense de la época -aquellos que solía retratar Hopper-. Haynes utiliza estos decorados como medio de expresión del estado emocional de los personajes, y como herramienta esencial para asfixiarlos en entornos repletos de mentes cerradas que cuentan con sus propios códigos morales. A su vez, estos cobran la importancia de ser los únicos espacios de confort para Carol y Therese cuando se encuentran alejadas del resto del mundo, evadiendo la realidad de sus vidas públicas y dejándose llevar por sus anhelados deseos. Las agrupa para acentuar tanto su vacío emocional y generar ese malestar social, como aislándolas, otorgándoles mayor intimidad.

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A menudo, Haynes filma a sus protagonistas de fuera hacia dentro (sea desde la calle u otra habitación), reencuadrando a través de figuras y objetos que componen el espacio fílmico, como ventanas, puertas y cristaleras. Una posición de voyeur que permite al espectador atender al más mínimo detalle interpretativo, en encuadres que se achican en mayor medida. Y es que Haynes no propone reproducir los mecanismos de Hopper de forma superficial o meramente estética. En lugar de reproducir y “homenajear” sus composiciones, lo que resuena en sus imágenes es una comprensión más profunda de su estética. Reinicidiendo en el plano medio y el plano general para evadir la emotividad del plano corto en una historia cargada de dramatismo, a la vez que concede mayor trascendencia a los gestos y acciones de los actores, filmados de forma refinada, sugestiva y con gran sutileza.

Haynes entiende que no hay mayor verdad en la película que la que consiguen expeler sus personajes, y por ello concede el dispositivo perfecto para que estos brillen por luz propia, en un relato que gana más por sus silencios que por sus diálogos, gracias a la agudeza de unas contenidas interpretaciones. Los pequeños gestos se engrandecen desde el momento en que Cate Blanchett y Rooney Mara se disponen frente a la cámara. Cuando Carol toca el hombro de su joven amante -tanto en la primera, como en la segunda y tercera ocasión-, no es únicamente la acción reiterativa lo que produce tanta emotividad. Aquella tortuosa sensación inefable se produce gracias a la complicidad de las miradas y minúsculas reacciones que sostienen entre ambas, filmadas desde la distancia, filmadas desde la sumisión.

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Carol (2015)

Carol (EEUU-Reino Unido, 2015)

Dirección: Todd Haynes / Guion: Phyllis Nagy (Novela: Patricia Highsmith) / Producción: Film4 Productions / Killer Films / Number 9 Films / Fotografía: Edward Lachman / Música: Carter Burwell / Montaje: Affonso Gonçalves / Diseño de producción: Judy Becker / Reparto: Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler.

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