BLANCO EN BLANCO

La mirada cegada

En Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma, la cuestión de la mirada se posa en el arte del retrato y la condición para lograrlo con éxito es que se genere un vínculo recíproco entre pintora y retratada. Esta mirada no es por lo tanto unidireccional, más bien el éxito de esta empresa vendrá si ambas partes se conectan para lograr un intercambio artístico y espiritual. Blanco en blanco del chileno-español Théo Court propone una cuestión inversa, una mirada en un solo sentido. Esta vez con la fotografía en lugar de la pintura y en un tiempo, un lugar geográfico y una pretensión muy diferente de la película francesa. Si el intercambio en Retrato de una mujer en llamas iba a servir para engendrar un romance, en Blanco en blanco la ausencia de reciprocidad sólo genera horror, crueldad e injusticia.

Blanco en blanco

Pedro, un fotógrafo del siglo XIX (interpretado por Alfredo Castro, este gran actor chileno) viaja a Tierra del Fuego en Chile a tomar el retrato de una niña que pronto se casará con el latifundista del lugar, un misterioso Mr. Porter. Llega a una tierra reinada por la inmensidad de la naturaleza, el frío viento y la blanca nieve del extremo más austral de América del Sur, un territorio que históricamente fue despojado de sus habitantes originarios -─el pueblo selknam, exterminados por colonos europeos genocidas desde la segunda mitad del siglo XIX hasta comienzos del XX─. En el país del horror, cegado por una manera imperialista de ver las cosas, el intercambio no es posible. Mientras Pedro fotografía, otros matan, porque ¿qué tan diferente es apretar el disparador de una cámara que el de un rifle?

Théo Court ─ganador al premio a Mejor Director por esta obra en la sección Orizzonti del Festival de Venecia 2019─ juega constantemente con la dualidad interior/exterior. A través de re-encuadraciones con ventanas y dinteles de puerta la mirada se esconde y observa, sin poder ser vista desde el otro lado. El fotógrafo toma un retrato a una niña y le pide que se saque el vestido. El colono estudia de cerca a mujeres selknam secuestradas, mientras que ellas, aterradas, cierran los ojos. Una tropa de mercenarios y asesinos obedecen a un tal Mr. Porter, quien les pagará por cada nativo asesinado, pero el latifundista no se ve, no aparece, es como si no existiera. Los bárbaros colonos obedecen ciegos, su mirada está sola, pero de todas formas obedecen: como la niña fotografiada, como las mujeres nativas que deberán abandonar sus pieles y ponerse vestidos.

Theo Court

Frente a una temática desoladora, Blanco en blanco arrebata todo rasgo positivo de sus personajes y los juzga con convicción. Cada plano es oscuro, de una sordidez helada, los árboles parecen pintados de acuarela, los interiores simulan bodegones y los humanos resultan ser villanos, malvados, crueles y vacíos, sin excepción. Si la historia ha querido esconder sus cadáveres bajo la nieve, ha blanqueado la oscuridad para volverla invisible, es porque ha actuado bajo una mirada cegada, una mirada única que no espera respuesta.

 Quizás la manera de representar un momento histórico tan devastador es personificar la violencia en cada plano. La hazaña no es menor y la voz de Théo Court resuena potente, con ambición formal y poética cruel, con apariciones mágicas y vileza humana, con una cadencia lenta y cautivadora, en la que cada palabra y cada movimiento hace daño pero atrapa, captura la mirada y deja una huella dolorosa y real.


Blanco en blanco (Chile-España-Francia-Alemania, 2019)

Dirección: Théo Court / Guion: Théo Court, Samuel M. Delgado / Producción: Eva Chillón, Giancarlo Nasi / Fotografía: José Ángel Alayón / Música: Jonay Armas / Montaje: Manuel Muñoz Rivas / Diseño de producción: Amparo Baeza / Reparto: Alfredo Castro, Lars Rudolph, Lola Rubio, Alejandro Goic.

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