BLACK PHONE

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Black Phone - Revista Mutaciones

Scott Derrickson es un cineasta verdaderamente interesante. Es capaz de construir toda una película alrededor de una decisión estilística dentro de la propia ficción de la cinta, pero a la hora de aplicar estas decisiones fuera de una naturaleza metareferencial, tropieza con las convenciones de una productora que no es capaz de dar cancha a las buenas ideas, y cae por su propio peso todo el artesonado estilístico que ha ido construyendo. Black Phone (2021) sufre un sino sorprendentemente similar al que experimentó con su proyecto más memorable hasta ahora, la maravillosa pero irregular Sinister (2012).

Derrickson se vale de cierto sentimiento de nostalgia peligrosa para enmarcar una humilde historia de terror. Igual que en Sinister hacía uso de unas tétricas cintas de video caseras para sugerir una cierta naturaleza vintage a la película, Black Phone está ambientada en los años 70 americanos precarios, llenos de incertidumbre y paranoia en las calles de una pequeña localidad en la que varios niños están desapareciendo. Una premisa que firma Joe Hill, hijo de Stephen King, y que resulta casi imposible de separar de la magnum opus de su padre, IT (1986). Ambas cuentan con una marcadísima ambientación pretérita, son visiones algo idealizadas de la infancia de sus autores respectivos, incluso se pueden encontrar similitudes entre los villanos de sendas historias (la apariencia circense de Ethan Hawke, los globos, el subsuelo como fuente de todos los miedos, el abuso infantil, etc.).

Pero algo que Hill no es capaz de llevar a su propio terreno es la capacidad de su padre de hacer comedia de lo grotesco. Black Phone tiene muchos puntos en común con el imaginario que Stephen King ha ido construyendo a lo largo de su prolífica carrera, tanto el bueno como, sobre todo, en lo malo. Un desafortunado vaivén tonal cohíbe lo que de otro modo sería un thriller sobrenatural con una pizca de misterio inconcluso que tanto caracteriza a los relatos de King. Las visiones psíquicas de la coprotagonista Madeleine McGraw se complementan con una subtrama pseudorreligiosa que parecen ponerse en entredicho la una con la otra. Si bien los dos son componentes clave que en cualquier otra historia de King servirían para retroalimentarse la una con la otra –el fantástico inexplicable y el fantástico reconocible de la religión que se encuentran en historias como La niebla o Cementerio de animales-, en Black Phone simplemente actúan como torpes maniobras de guion para cerrar una parte de la película que cruza la línea del homenaje hacia la zona de la imitación desesperada.

Black Phone - Revista Mutaciones

Scott Derrickson y Robert Cargill, responsables de adaptar esta historia a la gran pantalla, saben moverse con maña y al menos se centran en lo que mejor saben hacer: reducir el texto al máximo hasta quedarse solo con las set pieces emocionantes y los sustos de feria que uno puede esperar de una producción de Blumhouse. Al fin y al cabo Derrickson no es ningún novato en la labor de adaptar trabajos ajenos, siendo cinco de sus siete largometrajes trabajos pertenecientes a otras franquicias, remakes o adaptaciones, la mayoría bajo un sello relativamente reconocible, aunque sea más bien en detrimento del resultado. La película se regodea en una cargante falta de identidad visual enmascarada tras un filtro de imágenes demasiado estilizadas para que resulten genuinas, un villano con mucho potencial tristemente desaprovechado, y en definitiva un manifiesto problema tonal. Pero sinceramente, lo mismo podría decirse de su paso por el universo Marvel.

Sinister terminaba con un susto que parece más preocupado por alterar al público que por cerrar con lógica lo que de otro modo hubiera sido una siniestra (valga la redundancia) nota final a la cinta. Un desafortunado punto y final para una película que representa todo lo que Derrickson predica, pero nada de lo que hace en sus últimos trabajos: el terror a través de la maleabilidad de las imágenes. ¿Cómo olvidar aquella secuencia en la que Ethan Hawke recorre una casa vacía, mientras es acosado en silencio por espectros que se mueven a una velocidad más ralentizada que la suya propia? Un efecto que solo se puede conseguir a través del medio audiovisual, y un ansia por descubrir nuevas experiencias de terror que existe casi únicamente en esta cinta. Tristemente, el estudio se interpuso en el final de la película, y esa mentalidad tan mecánica en cuanto al terror ha debido de hacer mella en un director que simplemente ha decidido no luchar esas pequeñas batallas.


Black Phone (Estados Unidos, 2021)

Dirección: Scott Derrickson / Guión: Scott Derrickson, Robert Cragill, historia original de Joe Hill / Fotografía: Brett Jutkiewicz / Producción: Jason Blum, Robert Cargill, Scott Derrickson, Joe Hill / Montaje: Jonathan Redmond y Matt Villa / Música: Mark Korven / Intérpretes: Mason Thames, Ethan Hawke, Madeleine McGraw, Jeremy Davies, James Ransone. E. Roger Mitchell, Troy Rudeseal.

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