ANTHONY MANN Y JAMES STEWART. INVITACIÓN AL OESTE

Cinco wésterns de una colaboración apasionada

– Una manzana podrida corrompe al resto.
– Pero un hombre no es una manzana.

Horizontes lejanos (Anthony Mann, 1952)

 

– El hombre siente pertenecer al lugar donde creció.
– Yo pertenezco al lugar donde estoy.
– Debe de ser maravilloso sentirse de esa manera.

El hombre de Laramie (Anthony Mann, 1955)

 

Todo el imaginario del cine del oeste está reunido en las cinco películas de Mann y Stewart. Están los sueños de prosperar en una tierra inexplorada, los peligros de los territorios indios, la Guerra Civil Americana, la corrupción de los pueblos recientemente fundados, los cazarrecompensas, los forasteros, los sheriffs, los Saloon con organillo en los que solo sirven whisky, la fiebre del oro, la caballería americana, los épicos desplazamientos de ganado, las familias y pueblos truncados por las injusticias, los duelos legales a revólver, las caravanas, las diligencias, los ríos salvajes, los caballos a los que hay que rematar por piedad, los malvados a los que hay que dar una segunda oportunidad, la lucha con un pasado salvaje y la búsqueda de la prosperidad, de una nueva vida donde se fundará una comunidad cargada de esperanzas, bondad y valentía enfrentada a la maldad, a la cobardía y a la barbarie.

James Stewart tenía cuarenta y un años en su primera colaboración con Anthony Mann. Llevaba veinte protagonizando películas memorables de las que destacan las colaboraciones con Frank Capra, George Cukor o Ernst Lubitsch. De 1950 a 1955 Stewart protagonizaría cinco wésterns más dos películas de otros géneros dirigidos por Anthony Mann. De hecho, del 52 al 54 el actor se dedicaría exclusivamente a estas películas, rompiendo la serie con La ventana indiscreta (1954) de Hitchcock, director con el que volvería a trabajar varias veces a finales de la década.

Los cinco wésterns surgidos de esta colaboración son muy diferentes entre sí, como si se hubieran propuesto explorar las posibilidades de un género que tuvo una segunda vida de popularidad en el tecnicolor de los años cincuenta. Pero se pueden disfrutar al ver seguidas, por orden de estreno o desordenadas, da igual, como una especie de saga sobre los fundamentos del género, o como una serie de episodios sobre el salvaje oeste como la que intentaron hacer los hermanos Coen con La balada de Buster Scruggs (2018). Por 1950 ya se habían rodado wésterns en color como Duelo al sol (1946) o La legión invencible (1949), pero no fue hasta las películas de Mann cuando se explotaron las posibilidades que la fotografía de exteriores tenía para dar al paisaje una entidad propia, un protagonismo de gran recompensa, de gran obstáculo o de gran escenario épico para los dramas humanos que se representan en él.

Anthony Mann y James Stewart
James Stewart y Anthony Mann en Bahía negra (1953), un parón entre wésterns

Aunque es valorado por la cinefilia y algunas, pocas, de sus películas son consideradas de culto, Anthony Mann no es John Ford ni es Howard Hawks, sus películas rara vez están entre las favoritas del género y ninguna ha trascendido por ser una gran obra maestra indiscutible. A Mann se lo recuerda por sus películas del oeste, pero pasó sus primeros ocho años dirigiendo cine negro y los últimos ocho haciendo superproducciones épicas e históricas no demasiado memorables. Su estilo no es tan reconocible como el de los otros grandes autores del género, pero las cinco películas con Stewart son grandes películas caracterizadas por estar muy ligadas al género, por entenderlo como el más puro y fascinante de los escenarios que ofrecía el cine de Hollywood para representar los dramas humanos. Se encuentran características comunes en estas cinco películas más ligadas a la narración, al aspecto humanista que sublima los valores como la valentía y la justicia en un entorno salvaje. Estos no son los wésterns más poéticos ni lo más violentos ni los más trepidantes, pero compiten con los grandes en ser los más emocionantes, los más humanos y realistas, los que más remueven la conciencia del espectador, los más morales pero menos moralistas, los más cristianos pero menos puritanos.

El tratamiento en los cinco es diferente. Hay un wéstern de aventuras (Horizontes lejanos), un wéstern casi teatral, visceral y siempre en movimiento (Colorado Jim); un wéstern de persecución (Winchester 73), un wéstern de fundación de una comunidad (Tierras lejanas), y un wéstern dramático, más sosegado y cásico (El hombre de Laramie).

En todas estas películas la actuación visceral y a la vez conmovedora de James Stewart es esencial para retratar al héroe que arrastra un pasado trágico del que quiere escapar y que esconde para hacerse respetar en su nueva aventura. Estos fantasmas que le persiguen son narrados habitualmente por secundarios que lo conocieron en su pasado, mediante pesadillas o mediante leyendas que se cuentan de él, y nosotros como espectadores lo vemos en las miradas coléricas, aterradas y traumatizadas de un Stewart sometido a la presión del drama de cada película, cuando explota y grita y mira con ojos de loco, pelea, dispara y se mira las manos manchadas de sangre.

Winchester 73
James Stewart explotando en Winchester 73 (1950)

La primera de las películas, Winchester 73 (1950), es la única en blanco y negro, la que más primeros planos utiliza, la que menos revolucionaria parece en la narración, pero una de las más emocionantes por la rabia arrolladora que el personaje de Stewart utiliza en la venganza que es el motor de la película. Su estructura es episódica, las secuencias se separan por los cambios de dueño del rifle que gana James Stewart en el concurso de tiro del pueblo cuyo sheriff es Wyatt Earp. El Winchester pasa a las manos de un bandido y sus secuaces que no tienen balas ni comida ni dinero y acaban vendiéndolo para sobrevivir. Después pasa a manos de un jefe indio que lo utiliza en una batalla contra un grupo de granjeros. Después lo posee un hombre joven y honrado que planea fundar una familia y un rancho, pero al que atacan otros bandidos robándole el rifle. Estos nuevos bandidos se unen a los primeros de la película, que desde el principio estaban perseguidos por un James Stewart vengativo. Al final se desvela una historia familiar, de buenos y malos, de cobardes y valientes, de justicia e injusticia, que se resuelve en un duelo en el que la posesión del objeto que ha llevado a tanta muerte, a tantos retratos de avaricia y violencia, queda relevado a un motivo simbólico.

Horizontes Lejanos (1952) es una historia de aventuras. James Stewart lleva a unas familias de granjeros de una parte del país a otra inexplorada, a través de tierras hostiles. Cuando los peregrinos llegan a su nuevo asentamiento, Stewart debe volver a la ciudad para ver qué ha ocurrido con los suministros que habían comprado y que necesitan para pasar el invierno. Se encuentra una ciudad que a los pocos meses ha sido corrompida y bestializada por la fiebre del oro. Además, el fantasma de su anterior vida, de un renegado de la ley en Kansas, le perseguirá poniendo en peligro su credibilidad y capacidad de seguir el buen camino. Acaba siendo una historia épica en la que la colaboración de personajes secundarios y memorables ­―como el capitán del barco que repite una y otra vez que nuca debió abandonar el Mississippi― consiguen hacer frente a los poderosos y corruptos.

Colorado Jim (1953) está rodada completamente en exteriores, salvo por una escena en la cueva de una montaña. James Stewart es un cazarrecompensas torturado y violento que se propone llevar a su presa a través de las montañas para cobrar y recuperar su granja expropiada tras la Guerra Civil. Por el camino, el detenido enfrentará a sus captores buscando una vía de escape. Stewart realiza una interpretación siempre al borde de la desesperación, tensa y torturada, que da escalofríos y emociona más que en ninguna otra de las cinco. También es la historia más oscura, más teatral, psicológica y con un recital actoral impresionante de los pocos personajes, entre los que se incluyen el paisaje hostil y salvaje.

Colorado Jim
James Stewart a punto de explotar en Colorado Jim (1953)

Tierras lejanas (1954) es la película más convencional del ciclo Stewart-Anthony Mann, pero también puede ser la más divertida y amable. El argumento recuerda al de Horizontes Lejanos pero sus conflictos se desarrollan directamente en el nuevo asentamiento y en cómo las dinámicas del dinero y de la supervivencia son capaces de cambiar a un pueblo durante su fundación. Stewart y Walter Brennan son socios desde hace años llevando ganado por el país. Esta vez tienen que embarcarlo para Alaska, donde se encuentran con una población corrompida. El barco donde viajan está lleno de peregrinos que quieren establecer una nueva comunidad. Stewart solo se preocupa por sus negocios porque ya hace años que renunció a confiar en la bondad del hombre y se ha vuelto un cínico al que un romance y su amistad con el siempre conmovedor Walter Brennan volverán a darle esperanza y a ponerse al servicio de los buenos.

El planteamiento de El hombre de Laramie (1955) puede recordar a lo que años después hizo Sergio Leone en Por un puñado de dólares (1964). Un forastero recibido con hostilidad comprende las dinámicas de un pueblo en el que hay una familia autoritaria que lo posee y domina todo, y los manipula en su beneficio. Pero Stewart aquí no es un cínico free rider como el pistolero sin nombre de Clint Eastwood, aquí es un hombre cargado de razón, de bondad y de espíritu justiciero, es el héroe más rotundo, más depurado y admirable del ciclo. Resulta una película épica y emocionante, divertida y trepidante, una obra maestra del género que debe estar en los primeros puestos de la historia, y que fue la película favorita de todas las que hizo James Stewart.

El hombre de Laramie
Stewart conteniendo la explosión en El hombre de Laramie (1955)

 

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