ENTREVISTA A ANDREA JAURRIETA (ANA DE DÍA)

“Todos tenemos dentro una especie de bifurcación, de dicotomía entre lo que somos y lo que querríamos ser”

Andrea Jaurrieta (Pamplona, 1986) estrenó hace dos años en el Festival de Málaga su ópera prima, Ana de día, por la que obtuvo una nominación a Mejor película y otra a Mejor dirección novel en los Premios Goya de ese mismo año. La directora exploraba en su primer largometraje, con mayor profundidad, un concepto con el que llevaba trabajando desde sus primeros proyectos: la idea de un cambio radical en una vida muy asentada.

El proyecto salió adelante tras grandes esfuerzos de financiación, gracias, en gran parte, a los sacrificios de Jaurrieta y a la campaña de crowdfunding que lanzó ella misma. Además de esto, la directora realizó una serie de videoblogs: Cómo hacer tu primera película (y no morir en el intento), que publicó en su canal de YouTube en los que trataba de explicar “la situación del cine actual en España a través de nuestra experiencia con Ana de día y reflexionar sobre por qué es tan importante valorar el trabajo que hay detrás de cada película”.

Ana de día es el resultado de varios años de esfuerzo y trabajo y narra la huida y autodescubrimiento de Ana al darse cuenta de que una doble ha usurpado su vida.

 

La idea del doppelgänger, de la que parte Ana de día, se ha explorado en una gran cantidad de obras, sin embargo, tú te interesaste por enfocarlo desde un punto de vista casi beneficioso para el personaje antes que amenazador. ¿Por qué afrontarlo desde esa perspectiva? ¿Qué crees que aporta tu visión del doppelgänger?

Para mí era una cuestión de tratar de dar cierta libertad a un personaje que era bastante cobarde de partida. Creo que todos tenemos dentro una especie de bifurcación, de dicotomía entre lo que somos y lo que querríamos ser. Creo que tiene que ver también con mis cortos anteriores en los que los personajes femeninos se debaten un poco entre lo que querrían y deben hacer y nunca se atreven a romper con nada. Esto me daba la posibilidad de que pudiera romper.

No creo que aporte nada nuevo al concepto de doppelgänger pero sí que creo que es una manera más existencialista de plantear ese concepto de duplicidad.

 La protagonista de Ana de día comparte muchas similitudes con otras protagonistas de tus anteriores cortometrajes.  Todas ellas son mujeres con una vida aparentemente establecida, que siguen los códigos de la sociedad pero que, de alguna manera, sienten una cierta inconformidad de la que parece que necesiten liberarse. ¿De dónde nace el interés por este tipo concreto de mujeres?

Primero, porque siempre pones algo de ti en todo lo que haces, en todas tus obras, ya sean guiones, películas o lo que sea. Y creo que yo soy un poco eso. Mi vida no está muy establecida pero me he educado como para llevar ese camino. Entonces, a mí siempre me genera un conflicto y me hace preguntarme porqué eso es lo correcto. Eso lo vuelco en todos mis personajes. Por otro lado, siento que no es nada nuevo. Durante tantos años las mujeres han sido personajes pasivos en el cine, al ser mirados desde el otro punto de vista, que ahora de repente resulta un poco extraño que se muestren este tipo de conflictos, tan internos y tan psicológicos, en personajes femeninos. Creo que simplemente es poner de manifiesto algo que ha existido siempre pero que no se nos mostraba. En el momento en que hemos entrado guionistas y directoras mujeres a contar historias, hemos empezado a plantear personajes más complejos que no sean simplemente la madre, la amante o la prostituta. En el caso de Ana hay algo de eso pero precisamente vuelvo a intentar girar los términos costumbristas del personaje femenino en el cine.

Ana de día (Andrea Jaurrieta, 2018)

 

El cambio que se produce en Ana se representa muy explícitamente en la imagen a partir de ese paso de una luz diurna clara y suave a otra nocturna mucho más contrastada que nos introduce en ese Madrid decadente del music hall y la pensión, ¿cómo planteaste realizar ese cambio?

Trabajé con el mismo director de fotografía que en Los años dirán (2013), que es el corto previo a Ana de día. Teníamos muy claro que toda la puesta en escena e iluminación hasta el momento de transformación tenía que ser muy similar a esos tonos grisáceos y cuadriculados que tienen que ver con la esencia de Ana hasta que no comienza a dar el cambio. No solo la fotografía -porque tampoco teníamos mucha iluminación- el vestuario, el arte… todo está dirigido hacía esos tonos claritos y pastel. Cuando pasamos a la noche, trabajamos con luces más directas (las pocas que teníamos) y más dirigidas para que fuesen más crudas sobre los rostros de los actores. Buscamos sobre todo intencionar la luz en toda la parte nocturna de la película.

En otras entrevistas has comentado que te interesa mucho esa estética del cine de finales de los 70, muy punk y underground, en el que se va introduciendo Ana y que representa un Madrid anclado en un tiempo pasado, ¿en qué te basaste para construir estos espacios?

La verdad es que me basé un poco en sitios que ya había visto, y en mi imaginación. También un poco en las películas de Rainer Fassbinder, del cabaret que tienen esos colores muy neón y muy bizarros; y en la película Bilbao de Bigas Luna, que comparte un poco esta estética. Recuerdo ver también un documental del Teatro Chino de Manolita Chen. Fue un poco una mezcla entre lo que yo había visto por Chueca, películas antiguas y reportajes del music hall más bizarro que había habido en aquella época en España. Quizá no exista nada parecido a ese espacio que inventé, con eso juega un poco también Ana de día, al introducirte en un no lugar y no tiempo que te plantea hasta el último momento si todo lo que vivió Ana es real o no.

Ana de día (Andrea Jaurrieta, 2018)

 

La cámara acompaña en todo momento a Ana a través de su autodescubrimiento, siguiéndola muy de cerca y mostrando todo aquello que no dice, ¿cómo construiste esta planificación?

En mis cortos y en Ana de día el conflicto externo es siempre muy mínimo, o directamente no existe uno tal y como nos han enseñado los guiones, no hay nada que obligue a estos personajes. Esto siempre va muy acompañado de una cámara cerca de un rostro porque el acting de la actriz y toda su línea de pensamiento y evolución van con su mirada y con su evolución corporal. Siempre estuvo planificado así, muy centrado en su rostro, de hecho por eso tiene este formato de 1,66:1, para acercarnos todavía más a ella. La cara de Ana era la línea emocional y mental de toda la película.

De hecho, hay muchas secuencias de Ana de día en las que el silencio revela casi más de lo que puedan verbalizar los personajes, especialmente en aquellas que comparten Ana y Sole, ¿de qué manera trabajaste esto, desde el guion hasta el propio rodaje?

Esas son mis secuencias favoritas de la película. El trabajo que hicieron Mona e Ingrid ahí, es de lo que más orgullosa estoy. Pasar del guion a empezar a ensayar con ellas y luego a lo que se convertía en el rodaje subía muchísimo lo que yo había escrito. Es verdad que la secuencia de bronca nocturna en la que vuelve Nina está bastante cortada de diálogo pero sus miradas eran tan potentes (Mona con los ojos vidriosos) que en montaje nos dimos cuenta de que no hacía falta la palabra, que estaba todo ya dicho por el acting de ellas.

He de decir que aprendí, a partir del trabajo con estas actrices, a no verbalizar tanto las cosas en el guion que estoy escribiendo ahora. Fue todo un aprendizaje también porque muchas veces tenemos miedo de que no se entienda algo, pero si tienes buenos actores simplemente con una mirada ya te pueden decir muchísimas cosas.

Ana de día (Andrea Jaurrieta, 2018)

 

El proyecto se tuvo que enfrentar a varios problemas de financiación para poder salir adelante, ahora que la película está terminada, ¿crees que hubiese habido mucha diferencia si desde el principio hubiese sido respaldada por una gran productora?

La mayor diferencia es que todo el mundo hubiese cobrado de una manera digna. Si hubiésemos pagado a cada uno los mínimos que estipula el sindicato de actores (no hablo ya de cachés altísimos) y los mínimos para los técnicos, la película tendría que haber costado unos 400.000 euros y costó 100.000 con todo. Podría haber mejorado cosas, se podría haber sacado un año antes porque habríamos tenido el dinero para realizar la posproducción sin tener que trabajar a la vez pero, sobre todo, se hubiese diferenciado por el salario del equipo. Hubiéramos podido tener mejores medios para hacer el music hall y para hacer más planos generales pero quizás no hubiese sido tan auténtica ni se hubiese notado que es punky (que al final va con la propia historia).

 Y ahora estás ahora trabajando en tu nuevo proyecto que se llama casualmente Nina y que es una adaptación de una obra de teatro…

Sí, es una película con una estructura más clásica que Ana de día por ahora. Es la historia de una mujer que vuelve a su pueblo para vengarse de una persona. Se va descubriendo, poco a poco, por qué se quiere vengar y qué pasó. Es un reencuentro con su pasado y con su pueblo, del que había huido, y cómo esto le hace darse cuenta de que quizás la venganza puede ser o no ser la solución a sus problemas. Yo digo que tiene un poco la estructura de un wéstern pero trasladado a hoy en día. Sigue teniendo cosas bastante oníricas como en Ana de día pero está todavía en una primera versión así que de aquí a lo que finalmente sea puede cambiar muchísimo.

Ana de día, con Ingrid García Jonsson

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