L’AMERICANA 2019 EN CINCO PELÍCULAS

¿Por qué será que a los estadounidenses les gusta tanto mirarse a ellos mismos? Puede que sea porque, habiendo construido toda su corta Historia alrededor del batallar constante, necesitan reafirmar su identidad personal y nacional, si es que existe siquiera. O a lo mejor es algo más, no lo sé. De socióloga tengo poco pero sí puedo ver que muchas de las grandes películas que han poblado esta sexta edición de L’Americana han dirigido su punto de mira hacia lo más profundo de la cultura norteamericana, donde habitan las cuestiones raciales, patriarcales, de clase… La disgregada conciencia social de los yanquis descansa sobre problemáticas aún por resolver, conflictos que las obras que nacen del estrato independiente del cine deben revisar, una y otra vez. Lo cual no significa que toda la producción indie tenga que hablar explícitamente de los campos de azúcar o del sueño americano, faltaría más, pero sí hay una cierta consciencia de la imagen que las propias películas cultivan y proyectan de los lugares más comunes del país más deseado por el imaginario occidental.

En este texto, seleccionamos cinco de las mejores cintas que el Festival nos ha dejado este año (tres documentales y dos ficciones), habiéndonos quedado por ver algunas jugosas propuestas como Her Smell de Alex Ross Perry. Tampoco incluimos la absurda odisea de Raúl Ruiz, The Golden Boat, que, aunque encandiló a público y crítica por igual, fue rodada en 1990, y no cuenta. También podéis leer aquí la crítica de Leave no Trace, la nueva película de Debra Granik.

 

Monrovia, Indiana (Frederick Wiseman, Sección DOCS)

En Monrovia, un pequeño pueblo de Indiana, más de un 97% de su población es de raza blanca. Situado en la América profunda, las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos demostraron que más del 65% de sus habitantes estaban a favor de Donald Trump. ¿Cómo es el día a día de ese lugar? ¿Qué valores prevalecen? El octogenario documentalista viaja con su cámara a Monrovia para mostrarnos su realidad desde el más puro cine directo.

Es realmente difícil ver esta película sin pensar en el Presidente Trump pero, donde un cineasta como Michael Moore hubiese decidido recurrir a la protesta explícita contra la sociedad que lo entronó, Frederick Wiseman (Ex Libris, 2017) es lo suficientemente inteligente y humilde para dejar el tema completamente fuera de plano. En su lugar queda un retrato colectivo protagonizado por personajes sin nombres, ni rangos. Un grupo que pide ser visto, que lucha para sobresalir en medio de enormes campos de maíz, dentro de un pueblecillo que apenas supera los dos mil habitantes. La cámara es incisiva y su montaje acaba de dar el punto humorístico necesario para dar intención a una obra por lo general contemplativa. De esta forma, de la observación aparentemente neutra, apolítica, surge la empatía –y eso es muy importante en tiempos de sutileza ideológica menguante en el documental. Wiseman tiene claro que los protagonistas de su película son white trash: no falta una visita a una tienda de armas, a una iglesia evangélica e incluso a una reunión de decrépitos masones. Pero antes que la ideología viene la carne y somos personas antes que ideas. Por eso escenas como la de la amputación de la cola de un perro en una clínica, explícita y muy sangrante, tienen más sentido que nunca. Y donde hay cuerpos, hay muerte. No es por nada que el cementerio, el sitio que más nos iguala a todos (dentro y fuera de la pantalla), sea el último lugar visitado en la película.

 

Wildlife (Paul Dano, Sección TOPS)

Años 60, Estado de Montana. Jerry (Jake Gyllenhaal) pierde su trabajo y su mujer Jeanette (Carey Mulligan) aprovecha su oportunidad de dar un paso hacia delante y recuperar su autonomía. Joe (Ed Oxenbould), su hijo adolescente, será testimonio del derrumbamiento de su familia en las semanas siguientes. Paul Dano debuta en la dirección cinematográfica adaptando, juntamente con su pareja Zoe Kazan la novela homónima que Richard Ford escribió en 1990.

El romance extramatrimonial en la América de los suburbios, el affair de la clase benestante, es un gancho narrativo más que trillado. Wildlife, por basar todo su segundo acto a partir de la construcción progresiva de la relación entre Jeanette y un hombre de negocios tan viejo como poderoso, tenía todos los números de acabar siendo una versión alargada de otro capítulo de Mad Men (AMC, 2007-2015). En él, una suerte de Betty Draper, abandonada e incomprendida por la sociedad patriarcal, se daría un buen atracón de libertad en la cama de otro, olvidándose por un momento de que su vida de acabó a los ventipocos con el nacimiento de su hijo. Pero lo que salva a la película de convertirse en una repetición genérica cuasi paródica es, para empezar, que sus protagonistas no pertenecen a la clase media-alta, sino todo lo contrario. Que el joven Joe se ponga a trabajar parece innecesario al principio, pero esta acaba siendo la única fuente de ingresos de la familia. La económica es una soga más en el cuello de la madre, una mujer que parece necesitar de la aprobación de su propio hijo para poder sumergirse en el océano de sufrimiento que lleva años intentando esquivar. Este profundo trabajo psicológico se da en gran parte gracias al dream team de mujeres de la película, pues no es tanto la dirección de Dano como el trabajo en el guion de Zoe Kazan y la maravillosa interpretación de Mulligan los que ponen la guindilla en este drama ahumado.

 

Minding The Gap (Bing Liu, Sección DOCS)

Hace diez años, Bing Liu, un adolescente aficionado al skate, decidió empezar a grabar su día a día con sus amigos. Pronto, Liu se percataría de que las acrobacias sobre cemento eran solo una forma de abstraerse de los problemas reales que cada uno vive en su casa. El joven empezó así a seguir las vidas de sus amigos, sacando progresivamente a la luz una buena sarta de traumas infantiles provocados por los abusos domésticos. Pero la redención no es un camino fácil, y menos cuando la violencia se perpetra a lo largo de las generaciones.

Aunque ha habido historias de coming of age conflictivas desde los mismos orígenes del cine, el indie americano ha sido uno de los marcos más propensos a retratar este proceso de maduración, no tan dulce como nos gustaría. Este mismo año hemos podido asistir al estreno en festivales de Mid90s, el debut directorial de Jonah Hill que también ponía el foco en un grupo de skaters con vidas absolutamente marcadas por lastres económicos y raciales. Pero, en un mundo dominado por la nostalgia, este tipo de retratos tiene más riesgo que nunca de caer en lo impostado por los propios caracteres de la estética ochentera-noventera. Ya ha habido intentos de subvertir esta dictadura del tiempo con dosis de no-ficción: Richard Linklater, por ejemplo, buscó algo de verdad en las imágenes de su Boyhood, Momentos de una vida (2014), rodadas de una forma casi documental. Si la no-ficción posee la llave hacia el redescubrimento personal, Minding The Gap funciona como intervención terapéutica tremendamente eficaz. De forma del todo orgánica, como espectadores nos alegramos de que las vidas de los tres amigos vayan bien y nos frustra en desmesura cuando caen y vuelven a caer. Pero no es solo empatía lo que busca la película. Cuando la violencia y la autodestrucción se apodera de uno de los amigos, de forma discreta y luego brutal, el propio Liu debe plantearse el eterno dilema del documentalista: ¿hasta qué punto debo intervenir?

 

Hearts Beat Loud (Brett Haley, Sección NEXT)

Frank (Nick Offerman) regenta una tienda de vinilos desde hace muchos años, aunque últimamente el negocio no funciona. Pensando en la posibilidad de cerrar, una tarde Frank graba un tema musical con su hija Sam (Kiersey Clemons). Pero mientras él, un Peter Pan de manual, espera todavía triunfar en el mundo de la música, Sam, mucho más centrada, solo piensa en su ingreso en la universidad y en Rose (Sasha Lane), una chica de quien se está enamorando profundamente. Todo se complicará todavía más cuando una pequeña posibilidad de éxito tome forma.

Que una cinta funcione bien, que sus mecanismos no chirríen, suele deberse a que es plenamente consciente de su tono. Parece obvio, pero una historia que sabe lo que quiere ser y lo que no (es decir, adónde debe dirigirse y qué recursos debe explotar para lograrlo) no es un fenómeno tan frecuente como nos gustaría. Aunque Hearts Beat Loud, título sacado de una de las canciones de la película, no es la mejor película de la década, ni del año, representa un gran ejemplo de equilibrio y contención, en el mejor de los sentidos. Una pieza sencilla pero brillante que, a partir de una dirección tan transparente como efectiva, da rienda suelta al carisma de su fantástico dúo protagonista. De química no falta nunca, pues Offerman y Clemons encandilan en sus numerosas escenas juntos y reafirman lo simpático y platónico de su relación (¡Quién tuviese un padrazo como Frank!). En definitiva, una de las feel-good movies más solventes de 2018. Por cierto, Toni Collette sale en la película (y no interpreta a ninguna madre).

 

Hale Country, This Morning, This Evening (RaMell Ross, Sección DOCS)

Escribir una sinopsis del debut de RaMell Ross es una tarea complicada. Se trata de un documental que junta, bajo la forma de un extenso collage, todas las imágenes que el director ha ido grabando y recopilando desde que en 2009 se trasladase al condado de Hale (Alabama) para trabajar como profesor de fotografía y entrenador de básquetbol. Esta película representa, pues, un retrato en clave poética e impresionista de la vida que allí encontró y de los pensamientos que sus vivencias originaron.

Puede que Hale County… sea el más visionario y humilde de todos los documentales que hemos podido ver en esta edición de L’Americana. No es de extrañar, ya que detrás de la ópera prima de RaMell Ross se esconden dos de los más grandes nombres del cine independiente contemporáneo: uno de los productores ejecutivos es Laura Poitras (directora de la aclamada Citizenfour) y el tailandés Apichatpong Weerasethakul figura en los créditos como consejero creativo. Las mentes de ambos creadores se suman a la experiencia absolutamente intimista de Ross en la comunidad y de ahí nace algo extraordinario, a mitad de camino entre el realismo más rasposo y la suavidad del misticismo de los ciclos naturales. Las escenas de la vida en Hale van sucediéndose, como olas dando forma a una película del todo estimulante, que sorprende a cada nueva embestida con preguntas acertadas sin respuesta fácil. El denominador común podría bien ser la vida, parece decirnos la cinta a partir de la libre asociación de conceptos visuales (unas gotas de sudor se transforman en lluvia y tormenta). Un poderoso ejercicio formal que busca en la quintaesencia de la imagen esa verdad a la que el documental informativo no puede llegar. Una verdad que es natural, pero también social: Hale County es un lugar concreto, pero podría extrapolarse a la experiencia vital de toda la comunidad rural negra de Estados Unidos, mayoritariamente sumida en la miseria. Algo de lo que la película es plenamente consciente cuando pregunta: “¿Qué pasa cuando ya no hay más algodón para recoger?”

 

Americana Film Festival 2019

 

(Nota: Para resumir las tramas hemos adaptado parcialmente las sinopsis de https://americanafilmfest.com/peliculas/ )

2 comentarios en “L’AMERICANA 2019 EN CINCO PELÍCULAS

  • el 17/03/2019 a las 22:20
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    Excelente. Deseando verlas gracias a estas “mutaciones”.
    Un saludo

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