AMANTE POR UN DÍA

Un mundo de tres

Amante por un día, última entrega de la “Trilogía de los celos” (La jalousie (2013) y La sombra de las mujeres (2015)), realizada por el cineasta francés Philippe Garrel, es como un triángulo de arcilla fresca: un trío protagonista, cuyos roles van variando, alrededor del cual se construye toda la película y orbitan elementos que hacen las veces de dedos de alfarero que deforman esta maleable figura. Con todo, ésta nunca deja de tener una estructura triangular porque, en el momento que se rompiera ese equilibrio, se derrumbaría. Dichas fuerzas externas cambian la disposición de los vértices de la figura y los acerca o aleja entre sí, pero nadie puede introducirse en ese mundo privado de tres.

Un maestro de universidad está saliendo con una de sus alumnas, por lo que ésta se va a vivir con él; es entonces cuando la hija del profesor decide volver a casa de su padre tras romper con su novio y se da cuenta de que tendrá que vivir también con la joven amante de su progenitor, la cual tiene la misma edad que ella. La estructura argumental nos presenta, en sus primeros compases, un triángulo cuya base está compuesta por la pareja de enamorados, quienes acogen a la desamparada joven y le dan el apoyo que necesita, sin embargo tarda poco en dejar al padre como vértice superior en solitario y bajar a la hija a que comparta la parte inferior del triángulo con su “madrastra”. Ahora son ellas las que soportan prácticamente todo el peso de la trama, y así será durante casi todo el film, variando la relación entre ellas y, con esto, la longitud de la base del triángulo. Esta historia entre los dos personajes femeninos nos regala los detalles más reales y fascinantes que componen una relación humana con toda su complejidad: un trato que tan pronto es materno-filial como de amistad pero que, sin embargo, siempre tiene latente –aunque a veces sea extremadamente sutil- una leve rivalidad entre la hija que ha vuelto a una vida que ya no es la que ella dejó y la joven que ha propiciado dicho cambio y que se ha hecho un hueco en esa nueva realidad. Ambas se respetan, muchas veces se cuidan y no tantas se fastidian, pero, sobre todo, se cubren las espaldas guardándose secretos mutuamente, y un secreto siempre es un arma muy poderosa, tanto si se utiliza como si no. El triángulo final tiene en su base la relación padre-hija, y su vértice superior –formado ahora por la estudiante- trata por todos los medios de acercarse a ella aun cuando sus propios actos lo han condenado a alejarse irremediablemente hasta desaparecer de una ecuación que, como hemos dicho al principio, si pierde su forma triangular, se desmorona. Vemos, pues, que el elemento que más juego da al vaivén y maleabilidad de este triángulo de arcilla es el personaje de la alumna amante, ya que por su edad y por su condición de persona nueva en la vida de los otros dos personajes, según la circunstancia, hace las veces de amiga, madre o competencia por la atención del padre para la hija, o de alumna, novia, mujer con la que criar a su hija o incluso hija para el padre. Por si fuera poco, sus decisiones muchas veces se traducen en giros de guion, hacen avanzar la acción a pasos agigantados y alteran las relaciones del resto de personajes entre sí, además de plantear un dilema presente en toda relación amorosa que no baraje la coerción constante como forma de vida: ¿hasta dónde puede llegar la libertad de la pareja sin que la nuestra propia salga damnificada? La respuesta se encuentra, sin duda, en una delgadísima línea que muchas veces es inexistente ya que, si algo deja claro Amante por un día, es que muy rara vez el amar no implica sacrificios.

La tangible cercanía que consigue imprimir Garrel a su trabajo a través de la humanidad de sus personajes y las relaciones que se tejen entre ellos se puede apreciar también en el uso que Jean-Louis Aubert hace de la música: diferentes solos de piano armoniosos, delicados y agradables son estratégicamente colocados para acompañar las conversaciones más profundas y trascendentales que, si bien es cierto que son necesarias para conocer el interior y las inquietudes de los personajes, podrían romper con esa liviandad costumbrista de la cinta. Si a eso le sumamos una escena de fiesta en la que la partitura empapa todo de una magia onírica, tenemos toda la intervención de la música en la obra: una dosis exacta de pinceladas de piano de una sutileza y un optimismo embriagadores. Tampoco sería justo dejar de mencionar el uso que se le da a los espacios y la genialidad de crear toda una subtrama de localizaciones secundarias en las que transcurren una infinidad de acontecimientos que luego explotan en el escenario principal, el lugar en el que se configura el triángulo y que otorga su rol a cada uno de los vértices: la casa que comparten los tres, un mundo privado en el que, sin embargo, toda causa externa encuentra su consecuencia y donde los sentimientos más intensos aprenden a convivir con la cotidianidad de un café recién hecho en la mesa del desayuno.


Amante por un día (L’amant d’un jour, Francia, 2017)

Dirección: Philippe Garrel Guión: Jean-Claude Carrière, Caroline Deruas-Garrel, Philippe Garrel, Arlette LangmannProducción: Saïd Ben Saïd, Rémi Burah, Kevin Chneiweiss, Michel Merkt, Olivier Père Música: Jean-Louis Aubert / Fotografía: Renato Berta / Edición: François Gédigier / Reparto: Éric Caravaca, Esther Garrel, Louise Chevillotte, Laetitia Spigarelli, Paul Toucang, Félix Kysyl

5 comentarios en «AMANTE POR UN DÍA»

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