ALTA TENSIÓN

Cómo el Nuevo extremismo francés revolucionó el slasher

La matanza de Texas, La noche de Halloween, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Scream desde que a finales de los 70 se sentaron sus bases, el slasher se convirtió en el subgénero de terror por excelencia de la Era Reagan (1981 – 1989) pero no por ello en patrimonio exclusivo de los Estados Unidos. Desde fecha muy temprana encontramos títulos como Mil gritos tiene la noche (1982), slasher de culto del español Juan Piquer Simón, que reproducía los códigos del género fuera de sus fronteras. Sin embargo hay que esperar a los años dos miles, cuando el slasher comenzaba a languidecer, para que una serie de películas francesas demostraran que el subgénero también podía renovarse desde fuera de sus fronteras de origen. Que los psicópatas obsesionados con perseguir y matar adolescentes de Francia, sus maizales, su brutalidad y sus jóvenes hormonados que nada tenían que envidiar de los americanos. Hablamos de películas como Alta tensión (Haute tensión, Alexandre Aja, 2002), capaces de dividir al público y a la crítica con litros de sangre en el país del cine de autor, de los Godard y los Truffaut; de llegar a los EEUU y causar revuelo y la censura de sus mejores escenas; y de contribuir a toda una tendencia que se llamará Nuevo extremismo francés.

«Tanto Bava como Bataille, y sin ser Salò menos que Sade, parecen las influencias clave de un cine que repentinamente está decidido a romper cada tabú; a vadear ríos de vísceras y espumas de esperma, a llenar cada fotograma con desnudez, atractiva o arrugada, y someterla a toda forma de penetración, mutilación y corrupción». Así definía el Nuevo extremismo francés el crítico James Quandt en el artículo que lo bautizó. De todas ellas, Alta tensión no es la más extrema pero sí una de las películas que mejor se adscribieron a un género concreto, el slasher, para jugar con sus convenciones.

Alta tensión, de Alexandre Aja

Marie ha sido invitada por su mejor amiga de la universidad a pasar unos días en su casa de campo, con su familia. Desconectar de todo en una granja de la campiña francesa aislada entre maizales y estudiando para los exámenes. Ese es el plan. O lo era hasta que un misterioso asesino mata a toda la familia y secuestra a la amiga de Marie con la idea de violarla y quién sabe qué más, o en qué orden.

Hasta entones todo iba bien. Llegaron a la casa de campo sin problemas, Marie conoció a los padres de ella y a su hermano pequeño, subió a la habitación de invitados, examinó el cuarto de la infancia de su amiga, los muñecos con que jugaba cuando era niña, y comenzó a masturbarse. Como en tantas películas del subgénero es la pulsión sexual lo que atrae al asesino. En este caso, interpretado por Phillipe Nahoh como un maniaco grande, grasiento e implacable, equipado con una gorra costrosa que le oculta el rostro y una navaja de afeitar; conduce una furgoneta oxidada y destartalada y parece salido de las pesadillas de un subconsciente trastornado.

Las adolescentes, la carretera rural, los maizales, la casa amenazada e invadida, la pulsión sexual de fondo, el maniaco asesino… hasta aquí podría tratarse de una película americana de terror de los 80. Pero Alta tensión homenajea al género para darle otra vuelta de tuerca y de gore.

Alta tensión, de Alexandre Aja

Ante todo Alta tensión es un thriller muy inteligente. Como sus protagonistas. Marie es rubia como tantas otras adolescentes del género, pero lleva el pelo corto y no tiene ni un pelo de tonta. Por una vez, la protagonista de un slasher hace todo aquello que desde el otro lado de la pantalla le aconsejaría un espectador. Cuando el maniaco asesino irrumpe en el hogar de su amiga, ella, en el cuarto de invitados, borra cuidadosamente cualquier indicio de que estuvo allí. Pero la brutalidad del asesino tampoco riñe con la inteligencia y, con una meticulosidad que crispa los nervios, examina el cuarto de arriba abajo. La tensión ya no desaparecerá en toda la película, convertida en un juego entre el gato y el ratón en el que víctima y asesino (y espectador) parecen compartir la misma inteligencia y coraje.

Pocas películas del genero tenían entonces una protagonista capaz de salir en busca del asesino que secuestró a su amiga mientras suena Muse en la banda sonora. Y es que entre las variaciones que Alta tensión aporta al género se incluye una protagonista magnífica y un trasfondo lésbico cargado de detalle: cuando el maniaco la busca en su cuarto, por ejemplo, el único indicio que encuentra, al tacto, es un rastro de humedad en la boca del grifo.

Alta tensión, de Alexandre Aja

Pero la película sorprendió sobre todo por la brutalidad de sus escenas y su violencia explícita, por la voluntad de romper los tabúes establecidos. Tanto es así que en Estados Unidos tuvieron que cortar varias escenas. No se pueden contar sin spoiler, pero baste decir que incluyen una decapitación, una motosierra, un asesinato visto desde el interior de un armario y una navaja de afeitar.

Al final, lo que más dividió al público y a la crítica fue el giro de guión de los últimos minutos. Venía anunciado desde la primera escena y consistía en hacer explícito algo que estuvo en el género desde sus orígenes y presente a lo largo de toda la película, pero dar carne y hueso y realismo a lo que hasta entonces era una convención genérica se sintió como una verdadera ruptura. Desde entonces el público se divide entre quienes consideran el final de Alta tensión una trampa imperdonable y los que aplauden la voluntad de una película que de principio a fin rompía tabúes y convenciones a través de lo explícito.

Alta tensión, de Alexandre Aja

Alta tensión (Haute tension, Francia, 2003)

Dirección: Alexandre Aja / Guion: Alexandre Aja, Grégory Levasseur / Producción: Alexandre Arcady y Robert Benmussa (para Europacorp y Alexandre Films ) / Fotografía:  François Eudes / Montaje:  Baxter, Al Rundle y Sophie Vermersch / Música: François Eudes / Diseño de producción:  Renald Cotte-Verdy y Tony Egry / Reparto:  Cécile De France, Maïwenn Le Besco, Philippe Nahon, Franck Khalfoun, Andrei Finti, Oana Pellea, Marco Claudiu Pascu, Jean-Claude de Goros, Bogdan Uritescu, Gabriel Spahiu

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.