ENTREVISTA ALAUDA RUIZ DE AZÚA (CINCO LOBITOS)

“La película trata más de cómo crecemos con la familia, de cómo la familia nos marca afectivamente»

Cinco Lobitos es tu primera incursión en el largometraje tras una larga carrera de trabajos en formato corto. ¿Cómo has experimentado, desde tu propio proceso creativo, ese cambio de los cortometrajes a hacer un largo?

Pues bueno, me ha resultado muy distinto. No sé si es porque yo venía de hacer mucha publicidad, pero me sentía bastante cómoda rodando los cortometrajes. Aunque siempre hay algo de búsqueda y de vértigo creativo había una sensación de que todo lo podía controlar bastante. Y en este primer largometraje sí he tenido la sensación de arriesgar más. Lo decidí así. Dije: “bueno, voy a arriesgar, nunca sé si voy a poder hacer otra película” [risas]. Entonces se sentía más esa sensación de riesgo, que a veces es un buen motor para hacer cosas y te lleva a búsquedas, yo creo, más interesantes, pero claro, también da un poco más de vértigo. Y luego también es gustoso que de repente puedes ir a mucha profundidad con los temas que te interesan. Puedes ir añadiendo más y más capas, y eso es muy placentero.

Quiero preguntarte por los espacios. Algo que salta mucho a la vista es la manera en que, sobre todo en casa de los padres de Amaia (donde transcurre la mayor parte del metraje), muchas veces la cámara ve a través de puertas, de columnas, casi como delimitando ese lugar que los tres comparten como familia… ¿Cómo fue para ti esa concepción de lo espacial?

Yo tenía claro que era una película que iba de la intimidad de una familia, de una pareja. De acceder como espectador a entornos muy íntimos, a lo que pasa en la intimidad. También, como quería trabajar con los actores desde un sitio muy verdadero, dejar que pasaran cosas en el rodaje y demás, opté por un planteamiento de cámara muy minimalista, poco invasivo, para que el espectador tuviera la sensación de que está dentro de la casa. Me gustaba esta idea de coger al espectador como si fuera un testigo, un hombre o una mujer invisible, y ponerlo allí para que pudiera asistir de primera mano a esa intimidad.

Hay en Cinco Lobitos una fuerza narrativa que parece estar imbuida de un aspecto autobiográfico. ¿Qué tanto de tu propia historia hay en la historia de Amaia y cómo fue ese proceso de traducir la realidad en ficción?

Bueno, no hay tanto en el sentido de que no es una historia concreta que me haya pasado a mí. Sí que bebe de mi primer año como madre, de experiencias cercanas que tengo de amigos y de amigas, de alguna historia familiar de mis abuelos… Pero realmente la premisa surge un poco de fantasear sobre qué pasaría si a una madre primeriza de mi generación la pongo a revivir la vida de su madre o, de repente, la llevo al terreno del cuidado doméstico, para ver qué procesos de reconciliación entre madre e hija se darían ahí. Con esta idea empecé a jugar y eso me llevó al guion. Es verdad que estaba muy obsesionada con que se sintiera real y generacionalmente bien retratado, entonces al final sí que bebí mucho de la realidad. Hay muchas anécdotas o detalles concretos que sí que están sacados de la vida real. Pero nunca ocurre de forma lineal, ¡ojalá! [risas]. Porque sino sería como: “voy a transcribir lo que viví”. Nunca es tan fácil [risas].

¿El material que se ve en el vídeo que hace Koldo hacia el final de la película es tuyo, de tu infancia?

Es material mío, sí. Era como un guiño personal que al mismo tiempo se ha sentido muy universal. Porque yo creo que todo el mundo en algún momento ha visto vídeos familiares con los suyos, todo el mundo tiene esas películas. Sí que tuve la suerte de tener muchos vídeos familiares porque mi padre se dedicó a grabar mucho [risas], así que tengo bastante material. Y luego también la suerte de que mi hermana y yo de pequeñas (porque salimos las dos) teníamos cierto parecido con Laia [Costa], entonces pudimos jugar con eso.

Cinco Lobitos. Revista Mutaciones 1

Hay una clara diferencia entre los personajes femeninos y los masculinos. Las mujeres (Amaia y Begoña) son mucho más complejas que sus contrapartes (Koldo y Javi), que parecen más unidimensionales (si bien también se van mostrando sus matices)… ¿Cómo fue este proceso de construcción de los personajes?

Bueno, lo que pasa es que es una peli que se construye sobre una reconciliación madre-hija, con todo lo que eso puede implicar a nivel emocional y demás. Y entonces para mí ellas son las protagonistas. En ese sentido, aunque trate sobre la familia no es una película tan coral, y aunque los secundarios (el personaje que hace Mikel Bustamante y el que hace Ramón Barea) son indispensables para la historia y tienen su propio arco, eran ellas las protagonistas. Entonces creo que lo lógico era que tuvieran más capas.

Volviendo a la idea de los cuidados, que es quizás uno de los temas centrales de la película, Amaia experimenta una especie de cambio de testigo. Pasa de tener que cuidar a un recién nacido a tener que cuidar a su madre de un momento a otro. Y dentro de este discurso, se nota que hay un énfasis en el dolor emocional, pero también en el dolor físico. ¿Cómo concebiste ese retrato del dolor?

En Cinco lobitos lo doloroso fisiológico siempre está relacionado con lo emocional. Cuando planteo las escenas siempre intento conectarlo todo con el viaje o arco emocional, con lo que está pasando en esa escena por debajo. Y los dolores más físicos están relacionados siempre con algo que está pasando en otro sentido. Todo esto parte de una voluntad de hacer un retrato realista de la maternidad. Por ejemplo, el hecho de elegir una escena donde una madre primeriza tiene dificultades y dolor a la hora de dar el pecho está relacionado íntimamente con que su madre, que es de otra generación, le quita peso a ese dolor. Por eso digo que siempre va dictado por lo que está pasando por debajo en el desarrollo de los personajes. En ese momento ya estoy presentando una relación madre-hija con cierta tensión, atravesada por una falta de entendimiento porque las dos están en puntos distintos. Aunque luego al final de la película ya están en otro sitio.

Hablando de la relación entre Amaia y Begoña, se nota que hay un interés por mostrarlas como mujeres más allá de su esfera de madres: como pareja (en el caso de ambas) pero, principalmente, como hija, en el caso de Amaia…

Sí, eso está muy bien traído, en el sentido de que hay un retrato sobre la maternidad, sobre una maternidad primeriza, pero no sé si diría que es el gran tema de la película para mí. Sí había una voluntad de retratar eso con mucha honestidad y como algo muy cotidiano. Pero es verdad que termina siendo el desencadenante de otra serie de cambios en el viaje de los personajes. Y, al final, creo que la película trata más de cómo crecemos con la familia, de cómo la familia nos marca afectivamente y del paso del tiempo en ella.

¿Crees que tu película responde a una demanda generacional de romper con los mitos de la maternidad y mostrar otras caras de esta?

Sí, yo creo que sí. De hecho, lo noté mucho cuando empecé a escribir el proyecto, pues igual hace cinco años, cinco años y pico… Una de las razones por las que también me animé a escribirlo es porque no encontraba mucho relato. Pero claro, desde que lo escribí hasta que lo hemos producido y se ha rodado, de repente he visto que mucha más gente se animaba y he encontrado material: desde cómics estupendos, podcasts, otras películas, novelas, etc. Entonces creo que sí, que ha habido algo generacional que estaba ahí cociéndose y de repente se ha disparado, sí, sí. Una necesidad de recontar esto desde otro sitio.

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