AFTERSUN


Abrazar(te) en la ausencia

Desde el instante en el que la videocámara analógica se enciende y comienza a grabar, Charlotte Wells consigue contener en un breve instante todo lo que yace detrás de Aftersun (2022) de una forma vibrante, sutil e intensa. Tras esa grabación inicial de Sophie (Frankie Corio) a su padre, Calum (Paul Mescal), existe ese peso del pretérito, la fluctuante relación paternofilial, la mirada protagónica de una hija que de joven graba y de mayor recuerda y, por último, uno de los principales ejes de la película: la ausencia del padre y la sombra que lo acompaña. En el momento en el que Sophie hace zoom al rostro de su padre -quien quiere que deje de filmar-, Calum se aparta rápidamente y la imagen se congela justo cuando su rostro queda cortado y oscurecido por la cortina. Un rostro indefinido y eclipsado que oculta algo. Volviendo a un tema que había tratado previamente en Tuesday (2015) con la completa desaparición del padre y el silencio de una casa vacía, aquí Wells lo expande y lo vincula con lo temporal. De esta forma la ausencia se establece como un sentimiento longevo que reside en la memoria y que se materializa en el presente de una Sophie adulta gracias a las cintas de vídeo. 

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Esas grabaciones sirven como conectores y vínculos entre los dos tiempos en torno a los que se construye la película. A través de ellos, Sophie (Celia Rowlson-Hall) acude a la memoria de ese último verano con su padre de vacaciones en Turquía. Allí, entre la calidez de un sol abrasador se esconde algo más, aparentemente imperceptible e indicado de forma colateral con esas reformas que se están llevando a cabo en el hotel donde se hospedan nada más empezar. Con ese trasfondo, ese periodo de aparente reposo da pie a una reconexión entre los dos, pero siempre desde un cierto distanciamiento. Sin embargo, la madurez de la hija, en pleno proceso hacia la adolescencia, se muestra abierta a los estímulos que la rodean, en una observación constante a gestos que responden a estímulos incipientes en ella e incluso dispuesta a hablar de temas que su padre decide esquivar. 

Pese a ese distanciamiento, existe un innegable amor entre ambos que se intuye como fuente del dolor persistente hasta el tiempo presente del film, porque por mucho que se diga a veces el amor no es suficiente para todo. Aun así, Charlotte Wells teje y enmarca esa conexión entre Sophie y Calum con hermosos e íntimos planos y transiciones donde los dos cuerpos quedan entrelazados o donde el cuerpo en reposo de una se corta a uno idéntico del otro. Mas ese vínculo no es siempre transparente y, para combatir ese soterramiento, sobre todo emocional, entra en un juego revelatorio la selección de piezas musicales preexistentes. Cada uno de los temas sirve como entrada a la psique de los personajes; mientras el «Losing My Religion» entonado por Frankie Corio se convierte en una apelación directa al personaje de Paul Mescal, las letras de «Tender» y «Under Pressure» devienen una especie de diálogos internos del propio padre consigo mismo y con ese conflicto interno que intenta encubrir. 

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Con Calum, la presencia se transforma en ausencia; el amado padre se configura, al mismo tiempo, como una figura de amor y un extraño. Su sufrimiento se esconde entre diálogos que le recuerdan a Sophie que “están ahí para pasarlo bien”, pero sobre todo a través de su posicionamiento en el encuadre. Solo en planos de espalda, encuadrado en el diminuto espejo del baño al que escupe, subido de pie sobre la barandilla del balcón mientras su hija no mira, separado de ella por el marco de una puerta y cabizbajo, avanzando en la nocturnidad hacia el mar, etc. se intuye ese aislamiento en el que yace sumido. Y las transiciones vuelven a ser cruciales para la configuración de esa doble realidad, ese balance entre momentos de calidez paternofilial y frío padecimiento, separados por sutiles saltos o fundidos que varían rápidamente de un rostro contemplativo bajo los cánticos de un feliz cumpleaños a un cuerpo retorcido entre lloros. 

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El alma atormentada del padre se recoge en la meditación y en esas grabaciones caseras que muestran un intento por aferrarse a un efímero presente y denotan una angustia al revisionarlos, casi como si doliera sentir la fugacidad de una felicidad inasible. Esa oscuridad latente es generadora de ese espacio onírico que se intercala con la realidad vivida. Esa especie de discoteca entre tinieblas llega a ser sofocante y claustrofóbica; solo los flashes de luz consiguen aportar un respiro y, sobre todo, revelar la exteriorización del sufrimiento contenido a través de la gestualidad de un rostro cambiante. Ese lugar es la oscura prisión en la que Calum se encuentra atrapado y jamás envejece, pues en el reencuentro nostálgico que la Sophie adulta sueña él sigue igual. Wells consigue construir así una dureza extrema con delicadeza y agudeza, y desde la intimidad y el respeto hacia sus personajes. La directora va sembrando destellos que dejan entrever el impacto y la profundidad de lo silenciado tras lo aparente, siendo aún más terrorífico cuando huye de la morbosidad y deja margen para que el propio espectador proponga. A este solo se le entrega ese pedazo de verano compartido; más allá de eso solo queda hipotetizar sobre lo sucedido. 

Con todo, Aftersun es un rebobinado al pasado para enfrentarse a la ausencia y comprender a través de imágenes lo que se escondía más allá. Un diálogo entre tiempos reconstruye el recuerdo de un ser querido desde los fragmentos que se cuelan entre unas grabaciones veraniegas. Y, junto a esto, Charlotte utiliza la mirada al pasado como un ejercicio de nostalgia desde el presente en el que encapsular, al igual que en sus cortometrajes Tuesday y Laps (2017), más que una narrativa, un sentir. 


Aftersun (EE.UU.-Reino Unido, 2022)

Dirección: Charlotte Wells / Guion: Charlotte Wells / Fotografía: Gregory Oke / Montaje: Blair McClendon / Música: Oliver Coates / Productora: AZ Celtic Films, BBC Film, PASTEL, Screen Scotland, Tango Entertainment (III), Unified Theory / Reparto: Paul Mescal, Frankie Corio, Celia Rowlson-Hall, Kayleigh Coleman, Sally Messham, Harry Perdios, Ethan Smith, Ruby Thompson, Brooklyn Toulson

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