ADOLESCENTES

Emma y Anäis

En los últimos años, el número de producciones audiovisuales centradas en la adolescencia no sólo ha crecido considerablemente, sino que se ha hecho notar hasta lograr cierto estatus. Donde antes la gente solo veía “comedias de instituto”, ahora pueden encontrar grandes y no únicamente masculinas reflexiones sobre el paso a la madurez; incluso manteniendo el humor como han demostrado Lady Bird (Greta Gerwig, 2017), Eighth Grade (Bo Burnham, 2018) o Súper Empollonas (Olivia Wilde, 2019). Adolescentes supone un enfoque distinto, no tanto en el tipo de adolescencia que retrata sino en la forma que tiene de aproximarse a ésta, más en la línea de carácter documentalista de Linklater en Boyhood (2014) o, precisamente dentro de esta misma edición del Atlántida, Play (2019) de Anthony Marciano.

Adolescentes, última obra del documentalista francés Sébastien Lifshitz (Les invisibles, Bambi), se posiciona desde el principio como una película mucho más ambiciosa que las anteriormente citadas. No sólo por el hecho de contar la vida de dos amigas a lo largo los años, sino a la vez por plasmar algo mucho mayor: el sentir de la toda una generación francesa ante el sistema educativo, el proceso electoral y la oleada de atentados y revueltas sociales que ha sacudido al país galo en los últimos cinco años. No obstante, lo mejor que tiene Adolescentes es que es capaz de tocar todos estos temas sin perder nunca de vista su verdadero objetivo, la amistad entre dos jóvenes que no necesariamente representan a la juventud francesa, sino una relación tan pura y natural como cualquier otra. La de Emma y Anäis.

ADOLESCENTES

El film sigue una estructura que aparenta ser improvisada pero tras la cual se advierte un laborioso proceso de montaje. Desde el colegio hasta el último examen previo a la universidad, todas y cada una de las escenas aportan algo y están orgánicamente entrelazadas. Esto supone un arma de doble filo; el ritmo resulta muy ágil para condensar cinco años pero a la vez se pierde la naturalidad de lo espontáneo y no hay tiempo apenas para respirar, ya que cada secuencia supone un antes y un después en la vida de las chicas. Para bien o para mal, Adolescentes escenifica perfectamente esa frase de que cada decisión, por pequeña que sea, es la que le lleva a uno a ser la persona en la que se convierte.

Es quizá en su último tercio, con el final del camino cerca, cuando más se aprecian esos momentos de respiro y alivio, tanto para el espectador como para las propias protagonistas, que han visto pasar varios de los años más importantes de sus vidas demasiado rápido. Anäis, que se había pasado todo el tiempo quejándose de su familia, del colegio y de su vida en general, se permite realizar una genial reflexión sobre su generación: “Hemos tenido suerte, hemos crecido en la mejor época”. Y Emma, hasta el momento optimista y siempre viendo la vida pasar, se sincera por fin: “Me aterra el futuro. Porque aún somos jóvenes y estamos un poco a la deriva”. Ambas son conscientes de que sus caminos se separan y podrían no volver a encontrarse jamás, pero también tienen claro que no por ello dejarán de ser nunca aquellas dos amigas de la pequeña región de Brive, Emma y Anäis.


Adolescentes (Francia, 2019)

Dirección: Sébastien Lifshitz / Guion: Sébastien Lifshitz / Producción: Agat Films, arte France Cinéma, Chaocorp production / Fotografía: Paul Guilhaume, Antoine Parouty / Música: Tindersticks  

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