A TIEMPO COMPLETO

Ahora los ecos no son políticos

Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes. Sábado, domingo. Lunes, martes. Nueve días necesita el director Eric Gravel para introducir y desarrollar en A tiempo completo la infatigable supervivencia de Julie (Laure Camaly), una madre trabajadora con dos hijos pequeños cuyo padre ni está ni se le espera, una maison à la campagne excesivamente alejada del centro y la aspiración por conseguir un empleo más digno que limpiar azulejos llenos de mierda en los urinarios de un hotel cinco estrellas. Todo ambientado en un París cuya huelga de transportes paraliza taxis y cierra metros, condena a sus habitantes a viajar por una odisea metropolitana de coches compartidos y obliga a la protagonista a elegir entre resignarse, saltar a morir o apostar su última carta en un ‘all-in’ contra el destino.

A TIEMPO COMPLETO 3. Revista Mutaciones

Es fácil identificar los valores que hacen de A tiempo completo un eslabón más en la cadena progresista del cine obrero francés. Al igual que la reciente En un muelle de Normandía (Emmanuel Carrère, 2021), el trabajo físico domina las secuencias. Mujeres que cambian sábanas, dan de desayunar a niños dormidos, pasan la aspiradora o, sobre todo, se trasladan son la inagotable fuente de emanación política de la película. Proletarias que, aunque ya no tengan que trabajar extenuantes jornadas en oscuras fábricas, deben despertarse sin sol, desplazarse durante horas, cumplir su jornada y regresar con la luna para meterse en la cama y volver, como las Danaides, a despertarse otro día. Y no es que Julie no tenga opción, podría seguir el consejo de una compañera y mudarse a un piso-colmena ruinoso del centro —de esos que atrapan locuazmente su mirada durante los trayectos en coche— para vivir más cerca y ahorrar tiempo, o podría trabajar en el supermercado local para estar más tranquila y cuidar de sus hijos. Pero no, no quiere. Ella es una directiva de marketing que busca un ambiente distendido y natural para criar a sus hijos, lo mejor del campo y lo mejor de la ciudad. A lo que Gravel pregunta, ¿es la conciliación posible?

Evocando indudablemente a la firma de los hermanos Dardenne, el director trata de dar respuesta a su propia pregunta a través de un seguimiento intensivo de Julie. Cámara al hombro o flotando sobre steady-cams, el universo que se despliega carece de espacios y fondos, sólo hay nucas y un rostro que, acongojado, sostiene con fiereza las lágrimas. Es la definición de una película construida en presente. Si para la protagonista no existe la esperanza, si no hay salida de la ratonera en la que subsiste, no hay profundidad de campo, no hay contextos ni recursos omniscientes. Apoyándose con vigor en un montaje rítmico y preocupado por las acciones —cortadas al ras para evitar que el ojo se vea tentado por divagaciones—, se busca reforzar la simbiosis que la insistente música de sintetizador genera entre el espectador y la desdichada protagonista. Las pulsaciones suben y resuben a golpe de efectismos simples, pertinentes, para mantener ese estado de constante presión. El estrés se palpa. 

Sin embargo, a pesar del realismo formal de la puesta en escena, el progreso argumental no se hace tanto eco del humanismo y la ética de los cineastas belgas. A tiempo completo prefiere indagar en los dilemas de Julie para consigo misma, sus dudas, arrepentimientos y decisiones, que reflexionar sobre las implicaciones morales de sus actos sobre la vida de sus hijos y sus compañeras de trabajo, o señalar a los responsables de la crisis política que tensiona París y perpetúa las huelgas. Así, cuando los latidos deceleran y el ritmo se detiene, la mirada de Gravel se revela muy alejada ya del espíritu originario del cine proletario del frente popular francés que aspiraba a sumar cierto progreso social. Se percibe como un acto profundamente individualista, vivo retrato del devenir contemporáneo de la lucha obrera que, sin ánimo de faltar a su propia integridad y con buena voluntad, traiciona los principios de su propio relato. Una película sobre la angustiosa ansiedad de la conciliación familiar y, a tiempo completo, un implícito retrato del frustrante adormecimiento social.


A tiempo completo (À plein temps, Eric Gravel, Francia, 2021)

Dirección: Eric Gravel / Guion: Eric Gravel / Producción: Novaprod Owl, France 2 Cinema / Fotografía: Victor Seguin  / Música: Irène Drésel / Reparto: Laure Calamy, Anne Suarez, Geneviève Mnich, Nolan Arizmendi, Sasha Lemaitre Cremaschi, Cyril Guei, Lucie Gallo

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