A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS

Sísifo Folk

A proposito de Llewyn Davis 01 - Revista Mutaciones

Los hermanos Coen, Joel y Ethan, conocidos por una profunda intención deconstruccionista, además del constante y consciente uso de la parodia y el pastiche, son, a estas alturas, dos de los cineastas norteamericanos contemporáneos más importantes e interesantes en el panorama del séptimo arte. Con su mencionada deconstrucción vocacional, se han permitido el lujo de jugar con distintos géneros cinematográficos, algo palpable en numerosas películas. Desde el noir con Sangre fácil (1984), Fargo (1986) o El gran Lebowski (1998), pasando por el cine de espías en Quemar después de leer (2008), hasta el western con La balada de Buster Scruggs (2018), por poner unos pocos ejemplos, los hermanos han planteado narrativas que suelen terminar suspendidas en un limbo de irresolución, incertidumbre, ambigüedad y patetismo. En este caso, con A propósito de Llewyn Davis (2013), la vuelta de tuerca la reciben las road movies, típicamente caracterizadas por el viaje del protagonista a partir del cual, generalmente, se asiste a un cambio en la perspectiva vital de este. Es decir, se trata de un viaje por una carretera física que va en línea paralela con el viaje interior del personaje, desembocando en cierto auto-descubrimiento. Por supuesto, esto no ocurre aquí de forma usual, quizás en un estilo similar al que podía encontrarse en la magistral Nebraska (Alexander Payne, 2013), estrenada en el mismo año y cuya revelación final también estaba marcada por un tono agridulce y patético. De hecho, en A propósito de Llewyn Davis apenas hay una revelación aparente, más allá del círculo vicioso al que tendrá que enfrentarse una y otra vez Llewyn.

En esta estructura cíclica cuasi-absurda, que hace referencia tanto a la vida de Llewyn como a la propia filmografía de los hermanos, se evidencia un claro influjo de corrientes filosóficas existencialistas, más específicamente, aquella que Albert Camus postularía con El mito de Sísifo (1942). Sísifo, en su interminable tarea subiendo y viendo caer la misma piedra de la misma montaña una y otra vez, descubre el absurdo, aquella condición que se hace presente cuando la ilusión de control sobre el porvenir vital choca de lleno contra un mundo impasible e indiferente ante nuestros intentos de inteligibilidad. Estas ideas que Camus establece no distan mucho de la irresolución, ambigüedad y falta de causalidad frecuente en el universo fílmico de los Coen. Consecuentemente, Joel y Ethan tienden a crear símbolos de lo más variopinto, los cuales suelen crear todo tipo de especulaciones a su alrededor, para risa y satisfacción de estos, como podría ser el sombrero en Muerte entre las flores (1990)  o el archiconocido gato en esta película.

A proposito de Llewyn Davis 02 - Revista Mutaciones

Cayendo de lleno en la trampa, la presencia del felino se podría interpretar de distintas maneras: como recordatorio de su perenne fracaso, como representación de una independencia indómita o como la incapacidad para mantener sus relaciones personales y ambientales de una forma ordenada. Sin embargo, más allá de la aparente futilidad del viaje de Llewyn, sí se vislumbra un vitalismo de gran extravagancia, que deja lugar a una pequeña posibilidad para la mejora o, al menos, la reconstrucción frente a la penuria del desdichado artista. Los indicios son varios, entre los que se podría mencionar, por un lado, ese gato, que ahora no se escapa de la casa, lo cual sugiere un inapelable cambio simbólico en su existencia. Por otro lado, la figura de un joven Bob Dylan, presente tras su última actuación, como reflejo de una posible revitalización del tipo de música por el que lucha Llewyn. Además, la forma de encajar esos últimos golpes a la salida del local, con una sonrisa que parece desafiar a la propia dureza de la vida.

Sin ninguna duda, este protagonista no es precisamente un personaje muy agradable o empático con los demás, pero sí que comprendemos su lucha vital, artística, contra la mediocridad y el conformismo más mercenario. Aquí, el nombre de su disco (Inside Llewyn Davis), en una deliciosa mise en abyme, es también el nombre de la película, y, por tanto, al igual que la representación del mundo interior de este artista a través de su música, el filme es el relato audiovisual de las mismas vivencias de Llewyn: una existencia gris, de colores atenuados, insatisfactorios, espejo de su propia incapacidad para competir o aspirar a conseguir lo que otros productos más comerciales sí hacen. Algo a destacar en la construcción del músico interpretado por Oscar Isaac es que, al contrario que en la mayoría de personajes dibujados por los hermanos Coen, existe una clara mitigación de lo cómico en pos de un acercamiento más solemne y respetuoso ante su lucha y su arte. Más allá de la colección de personajes secundarios únicos e inevitablemente divertidos ya usual en sus películas, rara vez se asiste al tratamiento serio en relación con las acciones del protagonista en alguna de sus cintas, lo que convierte a A propósito de Llewyn Davis en una extraña joya dentro de la filmografía de los Coen y dentro de la última década fílmica.


A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, 2013)

Dirección: Joel Coen, Ethan Coen / Guion: Joel Coen, Ethan Coen / Producción: Ethan Coen, Joel Coen, Olivier Courson, Scott Rudin, Robert Graf / Fotografía: Bruno Delbonnel / Música: T Bone Burnett / Montaje: Ethan Coen (como Roderick James), Joel Coen (como Roderick James) / Reparto: Oscar Isaac, Carey Mulligan, Justin Timberlake, Ethan Phillips, Robin Bartlett, Adam Driver, John Goodman, F. Murray Abraham, Garrett Hedlund.

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