40 AÑOS, 40 SLASHERS (PARTE II: 1989-1999)

La nueva generación

Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997)

En la primera entrega del repaso a los últimos 40 años del slasher, vimos como el estreno de Muñeco diabólico (Tom Holland) en 1988 supuso el final de una época dorada, marcada por el reinado de figuras como Jason, Freddy, Leatherface y el propio Chucky. En esta continuación veremos cómo los años 90 estuvieron divididos en 3 partes: Los personajes icónicos se exprimieron en innumerables secuelas hasta que ya no dieron para más, después se intentaron crear nuevos referentes del género (sin mucha fortuna) y, finalmente, vino la renovación adaptando los esquemas clásicos a la juventud de por aquel entonces. Destacar un slasher por año se convierte en una tarea difícil, cuando no imposible (como en 1999), porque la producción baja notablemente y las secuelas se comen toda la cuota de mercado. Pero vamos a intentarlo.


1989

Intruso en la noche, de Scott Spiegel

Intruder-mutaciones

La pandilla responsable de la saga Posesión infernal se dieron el gustazo con un slasher gamberro y sangriento, que supuso el debut en la dirección del coguionista de Terroríficamente muertos (Sam Raimi, 1987), Scott Spiegel. Raimi produjo Intruso en la noche junto a Lawrence Bender (futuro padrino de Tarantino), y su marca está por toda la cinta, con su gore exagerado y el humor cartoon. La película nos muestra a un grupo de trabajadores de un centro comercial a punto de cerrar sus puertas (algo que ya de por sí es terrorífico si hay clientes pesados) que se ven acosados por la presencia de un asesino en serie que parece bastante descontento con el servicio de atención al cliente. Buen divertimento en el que, como siempre que anda Raimi cerca, no falta el cameo de Bruce Campbell.

Otros slashers a recordar:

  • Viernes 13. Parte VIII: Jason vuelve… para siempre, de Rob Hedden. Jason sale de Crystal Lake y se va de marcha a Nueva York en la secuela más divertida y desenfadada de la franquicia.
  • Pesadilla en Elm Street 5: El niño de los sueños, de Stephen Hopkins. Freddy intenta regresar a través de los sueños de un feto, con todos los inconvenientes que eso supone para su futura madre. Buenos efectos especiales, historia muy pobre. Así como dato, descubrimos que el propio Freddy nació fruto de la violación continuada durante días de 100 criminales dementes a una monja.
  • Halloween 5: La venganza de Michael Myers, de Dominique Othenin-Girard. Michael sigue intentando matar a su sobrina, que del trauma ahora es muda.

1990

Un gato en el cerebro, de Lucio Fulci

Dijimos que no iba a ser fácil destacar una película por año sin meter secuelas, y este el ejemplo perfecto. Un gato en el cerebro no sobresale como slasher, pero sí como auto-homenaje de un director mítico. Su pintoresca trama (un director de cine gore se obsesiona con sus escenas y su psiquiatra resulta ser un asesino en serie) no es más que una excusa para que Lucio Fulci, interpretándose a sí mismo, aparezca en pantalla de vez en cuando entre una gran cantidad de insertos de escenas sangrientas seleccionadas de entre su prolífica filmografía. En ellas disfrutaremos de un sinfín de ojos perforados y pechos apuñalados, adentrándonos (o rememorando) el delirante y violento mundo del director italiano, recordado hoy en día por el apodo “El padrino del gore”.

Otros slashers a recordar:

  • Muñeco diabólico 2, de John Lafia. Chucky vuelve más violento y más travieso, lo que se traduce en una secuela que aparta todos los ecos a thriller psicológico de la original y apuesta por el terror más comercial. Y funcionó.
  • La matanza de Texas III, de Jeff Burr. Primera película de Leatherface sin Hooper al mando, y se nota. Intenta emular historia y sensaciones de la primera entrega, acercándose muy poco.
  • Deadly Manor, de José Ramón Larraz. Segundo slasher del español Larraz, en esta ocasión con grupo de jóvenes asediados en una mansión abandonada en el bosque. Soporífera, remonta algo en su acto final.

1991

Popcorn, de Mark Herrier

El slasher siempre se ha nutrido de esa reacción de terror y euforia que genera el propio subgénero en los espectadores, bien tratando de convertirle en parte de la historia (son incontables las escenas, incluso películas enteras, en rodajes ficticios y salas de cine), bien usando su conocimiento previo para retorcer los clichés o reirse de ellos. En Popcorn nos encontramos ante un caso del primer ejemplo, un slasher localizado en una nostálgica maratón de películas de terror organizado por unos estudiantes que quieren remodelar un viejo cine abandonado. La intriga comienza cuando los jóvenes encuentran un rollo de película en el que se ve a un personaje cometiendo crímenes muy (demasiado) realistas. El mismo personaje que ha aparecido en sus últimas pesadillas. ¿También el mismo que está matando a los asistentes al festival de terror? Buen fan service con homenajes a los efectos “4D” de los 50 (que ahora parecen volver).

Otros slashers a recordar:

  • Pesadilla final: La muerte de Freddy, de Rachel Talalay. Cierre a la saga clásica de Freddy Krueger, y la verdad es que ya tocaba. Después de volver a través de los sueños de un no-nato, ahora lo intenta con un amnésico. Y resulta que además tiene una hija perdida. Guionistas sin ideas. Buenas, quiero decir.
  • Muñeco diabólico 3, de Jack Bender. Última película de Chucky antes de que tomara definitivamente el relevo de Freddy como asesino bromista y cabroncete. Andy, el protagonista de la original, se hace mayor y se apunta al servicio militar. Y Chucky va detrás de él. Chucky en la mili. No hay más comentarios.

1992

Candyman, el dominio de la mente, de Bernard Rose

De la mente de Clive Barker han surgido grandes referentes del cine de terror. El más reconocido sería sin duda Pinhead, el líder cenobita de la saga Hellraiser (Clive Barker, 1987), pero no es el único. Entre las adaptaciones de sus obras literarias y las películas que él mismo dirigió destacan las figuras del demonio Rawhead Rex (RawHead, George Pavlou, 1986), Cabal (Razas de noche, Clive Barker, 1990) y, sobre todo, Candyman, una versión con garfio y abejas de nuestra leyenda urbana “Verónica” o de la americana “Bloody Mary”, que aparece para asesinarte al repetir su nombre 5 veces frente al espejo. La imaginación de Barker y la buena mano de Rose tras las cámaras desembocaron en una de las mejores películas fantásticas de los 90, aupando a Tony Todd (que venía de protagonizar el magnífico remake de Tom Savini de La noche de los muertos vivientes en 1990) al olimpo de los actores del género. Se viene reboot producido por Jordan Peele (Déjame salir).

Otros slashers a recordar:

  • Doctor Rictus (Dr. Giggles), de Manny Coto. Un maníaco que se cree médico se escapa del centro psiquiátrico y vuelve a su pueblo natal, donde murió su padre (que también era asesino en serie), a vengarse de sus habitantes. Slasher médico con grandes dosis de humor negro.

1993

Leprechaun, la noche del duende, de Mark Jones

Tras Candyman vino el intento de Leprechaun, y aunque ambos personajes consiguieron un hueco en la cultura popular y una saga con numerosas secuelas, nunca llegaron al nivel de los grandes iconos del slasher de los 80. Leprechaun se basa en la tradición celta según la cual, si encuentras el final de un arcoiris, hallarás un duende con un gran caldero lleno de oro. Lo que no sabíamos, y nos descubre la película, es que el duende luego querrá recuperar su oro, asesinando a todo el que se ponga por delante. A pesar del carisma del malvado duende (interpretado por el mítico Warwick Davies), y de la curiosidad que desprende el debut en largometraje de Jennifer Aniston, nos encontramos ante una producción de bajo presupuesto bastante cutre, todo hay que decirlo. Aun así la saga lleva ya 7 entregas, y para final de año llegará la octava.

Otros slashers a recordar:

  • Viernes 13: Jason se va al Infierno, de Adam Marcus. Si dos años atrás se produjo la muerte de Freddy, en 1993 tocaba la de Jason. El fin de la saga clásica nos contaba cómo el último descendiente de los Voorhees intentaba parar a su pariente antes de que éste se convirtiera en inmortal. Lo mejor, el guiño final entre franquicias.

1994

La nueva pesadilla de Wes Craven, de Wes Craven

Vale, hemos dicho que no ibamos a poner secuelas como lo más destacado del año. Estamos haciendo trampas. Pero es que La nueva pesadilla de Wes Craven no es una secuela, es el reinicio de una de las sagas más longevas y exitosas de la historia del cine de terror y a la vez algo completamente nuevo, un ejercicio metacinematográfico en el que los actores de las películas, incluido Robert Englund, se ven acosados en sus pesadillas por un demonio que ha adoptado la forma del monstruo que ellos mismos han ayudado a crear. Después de traspasar el mundo de los sueños, Freddy Krueger logra atravesar la gran pantalla para acceder al mundo “real” y volver a atemorizar a sus víctimas originales, solo que esta vez el objetivo es Heather Langenkamp, la actriz que hacía de Nancy y que ahora hace de sí misma. El juego que planteó Craven suena mejor sobre el papel que el resultado en sí, que dejó frío a muchos (sobre todo porque Freddy, sin Robert Englund, no era Freddy) y no supo aprovechar el potencial narrativo. Sin embargo el director pudo reciclar la idea, esta vez con mejor acierto, en las secuelas de Scream, como veremos más adelante.

Otros slashers a recordar:

  • La matanza de Texas: La nueva generación, de Kim Henkel. Sin duda la peor película de toda la saga (y la última hasta su reboot en 2003), cuyo único interés es ver a Matthew McConaughey y Reneé Zellweger al principio de sus carreras.
  • Funny Man, de Adam Marcus. Un bufón con superpoderes entre Leprechaun y Freddy Krueger intenta hacer risa mientras asesina, y lo consigue… Pero de la verguenza ajena que da. Una de esas grandes peores-mejores películas del terror, con cameo del mismísimo Christopher Lee.

1995

Evil Ed (Diabólico), de Anders Jacobson

Seguimos haciendo “trampitas”, esta vez con una cinta sueca que tiene mucho que ver con el slasher, pero que coge elementos del splatter (con Evil Dead a la cabeza) y el gore de los ochenta. Tras la muerte (extraña) del editor de cine de terror, el responable de la compañía de vídeo encarga a Eddie el montaje a contrarreloj de la saga slasherLoose Limbs (partes sueltas)“, una serie de películas extremadamente violentas sobre un psychokiller. Después de horas de trabajo, Eddie comienza a no poder distinguir entre lo real y lo imaginario, y se convierte en un asesino demente influenciado por alucinaciones macabras y sangrientas. Divertida y repleta de homenajes, Evil Ed aprovecha esa creencia popular de que “el cine de terror te corroe la mente y te convierte en un maníaco” para llevarla hasta sus últimas consecuencias en un festín gore que hará las delicias de todo aficionado.

Otros slashers a recordar:

  • Halloween: La Maldición de Michael Myers, de Joe Chappelle. La peor película de Michael Myers, con un componente místico/celta totalmente absurdo. Esta entrega supone el fin de la primera serie de secuelas (aquellas sin Laurie Strode).

1996

Scream, vigila quién llama, de Wes Craven

En 1996, Wes Craven volvió a revolucionar el género con la ayuda de Kevin Williamson, guionista y figura clave de esta nueva generación, y de Dimension Films, productora de terror de bajo presupuesto fundada por Bob Weinstein. Scream, vigila quién llama se gestó como una parodia del slasher (que luego se consumó en 2000 con la Scary Movie de Keneen Wayans), pero finalmente se convirtió en un slasher adolescente en el que los protagonistas conocían todos los clichés del género. La mezcla de rostros conocidos (Drew Barrymore, Neve Campbell -en el papel de la final girl Sidney Prescott-, Courtney Cox), sangre a raudales y el juego autoconsciente entre el asesino y sus víctimas lograron un exitazo que supuso un boom casi a la altura del que provocó La noche de Halloween en 1978. Además nos trajo a un asesino icónico tardío pero igual de popular que sus compañeros de los ochenta: Ghostface. Su máscara siguen siendo una apuesta segura en Halloween más de 20 años después, y además facilitó la gran diferencia que mantiene frente a otros psychokillers clásicos: Ghostface no es un asesino, sino una máscara. El asesino puede ser cualquiera, y ese suspense a lo whodunit juvenil le dio una nueva dimensión al slasher, transformándolo para siempre.

Otros slashers a recordar:

  • El dentista, de Brian Yuzna. Un dentista se encuentra su mujer poniéndole los cuernos con el jardinero y… no se lo toma muy bien. Clásico de los videoclubs, no recomendable si tienes que hacerte un empaste.

1997

Sé lo que hicisteis el último verano, de Jim Gillespie

Columbia quiso responder al éxito de Scream con otro slasher escrito por Kevin Williamson y con sus mismos elementos. Sé lo que hicisteis… repetía la fórmula de elenco con jóvenes conocidas (Jennifer Love Hewitt, Sarah Michelle Gellar), asesino misterioso envuelto en un traje negro y un gran número de muertes. A eso se le añadió un argumento bastante parecido al de Prom night, llamadas de terror (Paul Lynch, 1980), en el que un grupo de adolescentes encubren un asesinato, y un elemento recurrente de las leyendas urbanas como es el garfio que porta el asesino. El resultado: otra gran éxito, y la consolidación del slasher adolescente de los 90 en las carteleras.

Otros slashers a recordar:

  • Scream 2, de Wes Craven. Otra vez el tándem Craven-Williamson, y otro exitazo. En esta ocasión, el estreno de una película basada en los crímenes de Woodsboro (la localización de la original) es el desencadenante para que vuelvan las máscaras de Ghostface y los asesinatos en torno a Sidney Prescott.

1998

Leyenda urbana, de Jamie Blanks

La trilogía de los slashers adolescentes noventeros se completaría con esta Leyenda urbana, que siguió evolucionando las pautas de Scream y Sé lo que hicisteis… tomando como referente las leyendas urbanas más conocidas (eso que siempre le ha pasado al “amigo de un amigo”) como escenario para los asesinatos de un misterioso serial killer. A unos jovencitos Jared Leto, Tara Reid, Rebecca Gayheart y Joshua Jackson se les unen los cameos de iconos del género como Robert Englund, Danielle Harris (saga Halloween) y Brad Douriff (voz de Chucky), y el argumento sigue todos los clichés renacidos en esta nueva ola. Siempre a la sombra de sus dos hermanas mayores cuando se hacen retrospectivas, nunca está de más volver a echarla un vistazo.

Otros slashers a recordar:

  • Halloween H20, de Steve Miner. Ahora resulta que Laurie Strode no estaba muerta, así que Jamie Lee Curtis vuelve a la saga que inició en 1978, y esta vez rodeada de adolescentes de buen ver para intentar subirse a la nueva moda del slasher juvenil. Mucho mejor que las dos anteriores, como poco.
  • La novia de Chucky, de Ronnie Yu. Chucky se pasa directamente a la comedia en una entrega divertidísima y digna de los mejores sketches de Freddy Krueger.
  • Aún sé lo que hicisteis el último verano, de Danny Cannon. Lo mismo, pero en una isla incomunicada. Repiten Love Hewitt y Freddie Prinze Jr., con pequeños papeles para Jeffrey Combs (Re-animator) y un joven Jack Black.

1999

Audition, de Takashi Miike

La trampa más gorda de todo este listado de 40 películas. En 1999 es imposible encontrar un slasher clásico que tenga el más mínimo interés, así que hemos optado por destacar una cinta que tiene muchos elementos en común con el género, aunque su pertenencia a este sea objeto de debate. Audition fue la primera película de Takashi Miike que traspasó fronteras con éxito, y contiene gran parte del sadismo que caracteriza al autor. Un viudo convoca un casting falso para una película, con la esperanza de encontrar a un nuevo amor. Queda prendado de la última candidata, una joven muy tímida, así que la invita a su casa. Allí descubre que la muchacha tiene otros planes, en venganza a la mentira misógina del protagonista. Tenemos asesina de arma emblemática y con trauma infantil que la ha trastornado hasta convertirla en psychokiller, por lo que podría encajar en nuestro subgénero. Además, Audition podría considerarse una de las precursoras modernas del torture porn, una variante del gore que absorberá el slasher durante nuestra siguiente entrega del especial 40 años, 40 slashers.


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