40 AÑOS, 40 SLASHERS (PARTE I: 1979-1988)

La época dorada

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Navidades negras (Bob Clark, 1974)

Si nos olvidamos de Europa y nos centramos únicamente en Norteamérica, hay 3 años fundamentales en la creación del subgénero del slasher. El primero de ellos sería 1960, en el que Psicosis (Alfred Hitchcock) y El fotógrafo del pánico (Michael Powell) se postularon como primeros «protoslashers» con su retrato de serial killers traumatizados desde la infancia. El siguiente es, por supuesto, 1974, año del estreno de La matanza de Texas (Tobe Hopper) y Navidades negras (Bob Clark), los primeros slashers con todas las de la ley. Tobe Hopper nos presenta al primer psychokiller icónico, Leatherface (Cara de cuero), con su máscara inolvidable y su motosierra como herramienta de trabajo indispensable. Bob Clark, por su parte, «americaniza» los elementos característicos del giallo italiano apostando más por el suspense y la sorpresa final. El tercer año es 1978, la consagración definitiva del subgénero, de la mano de John Carpenter y La noche de Halloween, que aunaría los dos conceptos anteriores iniciando la época dorada del slasher.

1979 será, por lo tanto, nuestro punto de partida para revisar los últimos 40 años del slasher, analizando su evolución y sus protagonistas más míticos.


1979

Trampa para turistas, de David Schmoeller

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Año de transición entre La noche de Halloween y el boom del slasher que provocó a partir de 1980. Lo más destacado de 1979 fue Trampa para turistas, película de terror rural con ecos a Tobe Hopper en el que un grupo de jóvenes se ven aterrorizados por un viejo granjero con telequinesis que confecciona maniquíes. Ahí es nada. Bastante infravalorada y poco recordada, combina el gótico americano de Los crímenes del museo de cera (André De Toth, 1953) con el sobrenatural italiano de Mario Bava (otro de los pioneros del slasher, ya que sin Bahía de sangre -1971- no tendríamos la mitad de las muertes de la saga de Viernes 13) y Pino Donaggio, compositor de la banda sonora. El tema de los maniquíes/muñecos realistas aparecerá en muchos otros filmes posteriores, pero en pocos se llega al nivel de inquietud que alcanzó David Schmoeller.

Otros slashers a recordar:

  • La casa del terror, de Joseph Ellison. Traumatizado por su madre cuando era pequeño, un hombre achicharra vivas a sus víctimas con un lanzallamas en el sótano de su casa. Flojísimo.

1980

Viernes 13, de Sean S. Cunningham

1980 supuso el despegue comercial del slasher, con un auténtico aluvión liderado por el inicio de la saga más longeva del subgénero: Viernes 13 (Sean S. Cunningham). Todos aquellos familiarizados con la icónica imagen de Jason Voorhees, ataviado con su machete y su máscara de hockey, se llevarán una sorpresa al visionar por primera vez el origen de su mitología. Sin entrar mucho en posibles spoilers, solo comentaremos que Jason aparece apenas unos segundos, y con una presencia muy distinta a como lo recordamos. Viernes 13 fue también el primero de una larga lista de los llamados «slashers de campamento», que aprovechan las leyendas que cuentan los monitores al calor de las hogueras nocturnas para construir una mitología propia rellena de misterio, y fortaleció la idea del «castigo» conservador a los jóvenes (entre ellos, un adolescente llamado Kevin Bacon) que se divertían con sexo, drogas y alcohol. Con un argumento más deudor de Psicosis que de La noche de Halloween, además de su sorpresa final lo más destacable fueron los efectos especiales de Tom Savini, figura clave en llevar el splatter con éxito a las salas de cine.

Otros slashers a recordar:

  • Maniac, de William Lustig. Un maníaco, con pasado de abusos en su infancia, asesina mujeres y colecciona su cuero cabelludo. La cara de Joe Spinell es el reflejo perfecto de la locura, y Tom Savini vuelve a aportar su pericia sangrienta (con cameo magistral incluido).
  • Prom Night, llamadas de terror, de Paul Lynch. Una niña muere accidentalmente y sus amigos deciden ocultar lo ocurrido. Años después, comienzan a morir en extrañas circunstancias… Jamie Lee Curtis se consagra como scream queen (ese mismo año también estrenó El tren del terror, de Roger Spottiswoode) en una película cuyo argumento ha sido «homenajeado» infinidad de veces. Y las que quedan.
  • Fundido a negro, de Vernon Zimmerman. Un fanático del cine, objeto de burlas, decide asesinar a sus acosadores inspirándose en las películas que idolatra. Otra de las constantes del slasher, el «cine dentro del cine», ve sus inicios en esta infravalorada película.

1981

La quema, de Tony Maylam

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1981, quizá el año con más slashers a recordar, llenó las pantallas de asesinos y jovencitos confusos bañados en sangre. Lo más exitoso fueron las secuelas de La noche de Halloween (Halloween 2: Sanguinario, de Rick Rosenthal) y Viernes 13 (Viernes 13: 2ª parte, de Steve Miner), pero vamos a intentar «apartar» las continuaciones para más adelante, y destacar otras cintas igual de reivindicables. Uno de ellas es, sin duda, La quema (Tony Maylam), con guion del mismísimo Harvey Weinstein. Unos niños gastan una broma al conserje del campamento de verano y, como dirían en el título de un vídeo de YouTube, sale mal. Cropsy, el conserje, es quemado vivo y se convierte en la leyenda para asustar a campistas. Una leyenda que resulta ser real, claro. La quema sigue la estela de Viernes 13 con un estilo mucho más desenfadado y unos efectos especiales todavía más sanguinarios de parte de, cómo no, Tom Savini.

Otros slashers a recordar:

  • Halloween 2: Sanguinario, de Rick Rosenthal. Retoma la historia justo donde lo dejó su antecesora: Michael Myers acude al hospital donde Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), única superviviente, se recupera de sus heridas. John Carpenter, reticente ante la idea de una secuela, terminó participando como guionista y productor en una película inferior a la original pero a la altura de lo esperado.
  • Viernes 13: 2ª parte, de Steve Miner. Jason Voorhees, con un saco de patatas en la cabeza, aterroriza a los campistas de Crystal Lake. El mito seguía en construcción, en esta ocasión con un slasher de corte más clásico que su predecesor y de influencia clara en varias escenas de Bahía de sangre (Mario Bava, 1971).
  • The Prowler: El asesino de Rosemary, de Joseph Zito. Slasher de graduación con mensaje antibelicista de un Zito que luego se convertiría en aliado de Chuck Norris en la Cannon. Efectos especiales de… Efectivamente: Savini.
  • La casa de los horrores, de Tobe Hopper. Extrañas muertes en torno a una feria ambulante y el gran Hopper tras las cámaras. Poco más se puede pedir a una película que le da todo un repaso a otras de temática similar como la reciente Hell Fest.
  • San Valentín sangriento, de George Mihalka. Un pueblo celebra San Valentín por primera vez en 20 años, desoyendo la maldición que pesaba sobre esa festividad tras un macabro incidente en la mina dos décadas atrás. Por supuesto, la maldición se cumple y el minero asesino vuelve.
  • 13 asesinatos y medio, de Mickey Rose y Michael Ritchie. Parodia en la que The Breather, un asesino psicópata enmascarado, mata a todo aquel estudiante que mantenga relaciones sexuales. Los clichés del género estaban tan claros que ya daban hasta para bromas. La proto-Scary Movie.

1982

Mil gritos tiene la noche, de Juan Piquer Simón

Puede que el acontecimiento del año en el slasher fuese que Jason se pusiera, por fin, su máscara de hockey en Viernes 13: parte III (Steve Miner), pero es necesario recordar una película española que recibe un estatus de culto en EEUU y el olvido más absoluto dentro de nuestras fronteras: Mil gritos tiene la noche, de Juan Piquer Simón. Reivindicada por cineastas como Tarantino o Eli Roth, la figura de Simón se suma a otras maltratadas en nuestro país y apreciadas fuera de él, como la saga de los templarios de Amando de Ossorio. Mil gritos tiene la noche es un festival de la casquería a medio camino entre el descaro del pulp y el refinamiento del giallo, con situaciones inverosímiles y un sentido de la lógica algo laxo, pero ante todo es un disfrute hipnótico gracias a una puesta en escena que suple con originalidad la falta de presupuesto y al delirante guion de dos «pillos» de la serie B como eran Dick Randall y Joe D’Amato. Si la buscáis, probad con su título estadounidense: Pieces.

Otros slashers a recordar:

  • Viernes 13: Parte III, de Steve Miner. Estrenada en 3D anaglifo (el de las gafas azules y rojas), la tercera parte nos mostraba, finalmente, a Jason encontrando una máscara de hockey y adoptándola definitivamente para cubrir su rostro desfigurado. El argumento, el de siempre.
  • The Slumber Party Massacre, de Amy Holden Jones. Asesino con taladro y fiesta de chicas con poca ropa. Los elementos justos para un slasher con humor y metáfora feminista nada disimulada.
  • Solos en la oscuridad, de Jack Sholder. Cuatro psicópatas furiosos se escapan del centro para enfermos mentales y se dirigen a casa de su doctor con intenciones poco amistosas. A pesar de su alocado argumento, va más allá del slasher desenfrenado y construye un suspense notable. Repleto de caras conocidas como Jack Palance, Donald Pleasence, Martin Landau y una joven Lin Shaye.

1983

Campamento sangriento, de Robert Hiltzik

A falta de secuelas de Viernes 13 o Halloween, 1983 supuso el regreso de uno de los primeros psychokillers cinematográficos: Norman Bates. Pero el slasher que pasará a la historia será Campamento sangriento (Robert Hiltzik), y lo hará por su delirante, sorprendente, inesperado, inolvidable y totalmente loco final. Porque, todo hay que decirlo, Campamento sangriento es un slasher de campamento (como su propio nombre indica) bastante normalito en el que los campistas van muriendo uno a uno ante la atenta mirada de la protagonista, una niña tímida y retraída (Felissa Rose). Pero es ese final «a lo Shyamalan» el que transforma todo lo visto anteriormente y te deja una imagen grabada a fuego en la retina para el resto de tus días. Si lo has visto estarás de acuerdo. Si no, prepárate.

Otros slashers a recordar:

  • Psicosis II: El regreso de Norman, de Richard Franklin. Anthony Perkins sale del psiquiátrico 22 años después y vuelve junto a su médico al Motel Bates para hacerse cargo de él. Las muertes (y los homenajes al filme de Hitchcock) no tardan en llegar. Intento infructuoso de Universal de convertir a Norman en un asesino a la altura de Jason o Myers. Se deja ver si te libras de los prejuicios.
  • Siete mujeres atrapadas, de Mark Rosman. Otra broma que sale mal, otra residencia estudiantil femenina acosada por asesino maníaco en busca de venganza. Pero el caso es que esta cinta, con aires a Navidades negras, encierra más de lo que aparenta. Notable slasher ochentero.
  • Cortinas, de Richard Ciupka. El equipo de rodaje de una película de terror está siendo asesinado. Y el equipo de Cortinas mete la pértiga y el micro en plano siempre que puede. Cine dentro del cine DENTRO DEL CINE cutre.

1984

Pesadilla en Elm Street, de Wes Craven

Poco más se puede añadir al especial de 4 partes del compañero Felipe Rodríguez Torres sobre el impacto que supuso Pesadilla en Elm Street. Wes Craven revolucionó el género para siempre (y no sería la única vez) y creó un icono inmortal en la figura de Freddy Krueger. Al esquema clásico del asesino que busca venganza por un hecho del pasado que se ocultó, se le añade ahora el elemento sobrenatural. El asesino solo existe en el mundo de los sueños, en el que puede manejar la realidad a su antojo y atraparte para siempre. Así, a la lucha por sobrevivir se une la lucha contra la propia naturaleza de nuestro cuerpo, y los errores de unos padres sobreprotectores se vuelven en contra de unos hijos (entre ellos un adolescente Johnny Depp) a los que no prestan la suficiente atención. Freddy se convirtió rápidamente en un referente de la cultura ochentera, lo que supuso una avalancha de secuelas, videojuegos, series…

Otros slashers a recordar:

  • Viernes 13. 4ª parte: Último capítulo, de Joseph Zito. Freddy nace, Jason muere… Al menos eso es lo que planteaba el «último capítulo» de la saga, en la que Jason se enfrentaba a una familia cuyo hijo pequeño, Tommy Jarvis (Corey Feldman), es un gran aficionado al cine de terror y los efectos especiales y lograba plantarle cara. Empezaba el declive en Crystal Lake.
  • Noche de paz, noche de muerte, de Charles E. Sellier Jr. Un niño ve cómo un hombre disfrazado de Papá Noel asesina a sus padres. Años después, se vuelve loco por Navidad y se convierte en Papá Noel asesino. Gran variedad de muertes originales y divertidas, frases lapidarias y pechos femeninos. Tuvo varias secuelas.

1985

El día de los inocentes, de George Dugdale, Mark Ezra y Peter Mackenzie Litten

Aunque El día de los inocentes apareciera en nuestro artículo sobre «Las peores películas según la crítica«, personalmente la recuerdo con cariño y, en un año tan desierto de slashers como 1985 (secuelas aparte), no está de más reivindicarla como una muestra bastante digna del subgénero. Si se hace el esfuerzo de situarla en su contexto económico y comercial, no deja de ser un slasher bastante apañado que aprovecha una festividad americana (en EEUU el Día de los inocentes o April Fools’ es el 1 de abril) como escenario para la venganza de un nerd al que un grupo de amigos dejó con la cara desfigurada por accidente. Además, el año pasado vi a Caroline Munro en persona en el festival Nocturna en Madrid, y para mí sigue pasando por adolescente a sus 69 años. Que en la película estuviera más cerca de los 40 que de los 20 no me supone ningún problema.

Otros slashers a recordar:

  • Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy, de Jack Sholder. 5 años después, una familia se muda a la casa de los Thompson, protagonistas de la primera entrega de la saga. Freddy vuelve de entre los sueños para atormentar al hijo adolescente en una secuela marcada por los mensajes homosexuales «subliminales» que introdujo Sholder.
  • Viernes 13. Parte V: Un nuevo comienzo, de Danny Steinmann. Un año después de estrenar «el último capítulo», van y hacen otra. Quizá la peor película de toda la saga, con un giro final que hizo que muchos la calificaran directamente de timo.

1986

Carretera al infierno, de Robert Harmon

Se empieza a notar un bajón en el número de producciones anuales. La burbuja del slasher comienza a desinflarse, aunque Leatherface regresa a ver si todavía está a tiempo de aprovechar el tirón en La matanza de Texas 2 (Tobe Hooper). Entre lo más destacado cabría mencionar Carretera al infierno (Robert Harmon), con un Rutger Hauer reconvertido en autoestopista psicópata. Aunque se encasille más en el thriller psicológico, lo cierto es que la película tiene todos los elementos característicos de un buen slasher: asesino carismático, muertes originales, persecuciones repletas de tensión… El que sepamos la identidad del asesino desde el principio no es más que uno de los ingeniosos juegos del trepidante guion de Eric Red. Aunque tuvo una secuela y un remake, nunca pudieron igualar su calidad.

Otros slashers a recordar:

  • La matanza de Texas 2, de Tobe Hooper. Leatherface y Hooper regresan 12 años después para reclamar su trono del slasher, desmontando todas las influencias que había dejado el giallo en el género (armas blancas, cámara subjetiva…) y trayendo de vuelta la suciedad de la América profunda. Si todo esto fuera poco, tenemos el aliciente de Dennis Hooper como sheriff justiciero.
  • Viernes 13. 6ª Parte: Jason vive, de Tom McLoughlin. Jason es otro que regresa, tras el engaño de la anterior entrega. Y lo hace reconvertido en zombie sobrenatural e inmortal, aunque no ha olvidado sus instintos básicos. Un pequeño despunte en la franquicia, que intenta tirar de comedia en momentos puntuales sin mucho éxito.
  • Inocentada sangrienta, de Fred Walton. Una rica heredera invita a sus amigos a su mansión para celebrar el día de los inocentes. Allí empiezan a morir uno a uno. Mezcla de humor y terror con todo el encanto de los ochenta, incluidos un par de giros de guion tan absurdos como hilarantes.

1987

Aquarius, de Michele Soavi

Si en todos los slashers americanos se nota la influencia de los giallos de Bava, Argento, Fulci, Martino y cía., en Aquarius podemos observar el efecto contrario: la influencia del slasher americano en el giallo del último de los directores de la época dorada del terror italiano, Michele Soavi. Soavi junta lo mejor de ambos mundos en una historia sobre un asesino con cabeza de lechuza encerrado con los integrantes de una obra teatral. La motosierra, la máscara, el cine dentro del cine, el splatter… todos los elementos que triunfaban en norteamérica se acoplan a la larga tradición italiana del giallo detectivesco y los asesinos de cuchillo afilado. Aquarius supuso el debut de Soavi en un cine fantástico que daba sus últimos coletazos en el país de la bota. Aun así tuvo tiempo de crear tres películas más antes del declive de su carrera, que a su vez supuso el declive del fantástico italiano.

Otros slashers a recordar:

  • Pesadilla en Elm Street 3: Los guerreros del sueño, de Chuck Russell. La mejor secuela de todas las grandes sagas del subgénero. Nancy Thompson retorna como psiquiatra especializada en los sueños, y entrena a su grupo de pacientes adolescentes para que combatan a un Freddy Kruegger que ha vuelto a aparecerse en sus pesadillas. Además, Freddy comienza a desarrollar esa faceta de showman («Welcome to prime time, bitch!«) que tan bien le sienta.
  • Angustia, de Bigas Luna. Aunque tenga más en común con el giallo y el fantaterror europeo, nunca está de más reivindicar esta gran película española sobre un coleccionista de ojos, una película dentro de otra película y con Zelda Rubinstein.

1988

Muñeco diabólico, de Tom Holland

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Con la aparición de Chucky, el Muñeco diabólico creado por Tom Holland y Don Mancini, damos por cerrada la creación de los grandes referentes del slasher (con la excepción de Ghostface, del que hablaremos en el siguiente bloque). Los ochenta iban muriendo, así como la producción de slashers de serie B reseñables. Tan solo sobrevivían las secuelas (este año hubo de todas las grandes sagas) y la serie Z más infecta. Pero entre medias apareció Muñeco diabólico para darle un poco de vidilla a los estertores de la época dorada. Un muñeco asesino, poseído por el espíritu de un criminal, que transformaba la inocencia en terror y violencia. Chucky produjo más pesadillas que Jason, Myers, Leatherface y Freddy juntos, en parte porque éstos eran ya casi una parodia de sí mismos y, por otro lado, por su componente sobrenatural e impredecible.

Otros slashers a recordar:

  • Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño, de Renny Harlin. Lo mismo de siempre, pero la protagonista tiene el poder de meter a otras personas en sus sueños.
  • Viernes 13. 7ª parte: Sangre nueva, de John Carl Buechler. Lo mismo de siempre, pero la protagonista puede mover objetos con la mente y ver el futuro.
  • Halloween 4: El regreso de Michael Myers, de Dwight H. Little. Tras Halloween 3 (Tommy Lee Wallace, 1983), que no tenía nada que ver con el universo Myers ni con el slasher, volvemos a lo mismo de siempre, solo que la protagonista (Danielle Harris) es la hija secreta de una Laurie Strode ya fallecida.
  • Al filo del hacha, de Juan Ramón Larraz. Nuevo slasher español, aunque ambientado en Nueva Orleans y con reparto anglosajón, sobre un asesino que mata a mujeres a hachazos. Bastante flojete.

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