ZINEBI 2019 – SECCIÓN OFICIAL

Pescando en río revuelto

Suma y sigue. 61 son ya las ediciones en las que el Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao – ZINEBI ha enriquecido la ciudad a base de buen cine. En su segundo año como directora del certamen, Vanesa Fernández Guerra parece seguir dispuesta a fortalecer el legado que dejó Ernesto del Río, tras 17 años en el cargo. Fiel reflejo de su compromiso renovador ha sido la decisión de otorgar los Mikeldi de Honor a tres figuras clave del panorama cinematográfico actual: Wang Bing, Claire Simon y Márta Mészáros.

El documentalista chino es uno de los realizadores más prestigiosos “cuya mirada, profundamente original, ha sabido mostrarnos a la gente sin voz y su lucha por la supervivencia en la China más olvidada”. La directora francesa, por su parte ha sido reconocida por “la renovación radical del lenguaje y las formas narrativas y estéticas del cine europeo contemporáneo”. Finalmente, la húngara ha recibido el galardón –que no pudo recoger personalmente por problemas de salud- por su “contribución al cine contemporáneo de una mujer que ha sabido encontrar en las imágenes de sus películas algunas de las razones primeras de su perseverante quehacer artístico y vital en favor de la igualdad entre hombres y mujeres”.

Claire Simon recibiendo el Mikeldi de Honor - Revista Mutaciones
Claire Simon recibiendo el Mikeldi de Honor/ZINEBI

La Sección Oficial ha constado de 57 trabajos en total (18 ficciones, 22 documentales y 17 cortos de animación), una larga e irregular lista de propuestas de todo tipo de géneros, nacionalidades y duración, y que es imposible de abarcar en esta crónica. En semejante río revuelto Ganze Tage Zusammen (Entire Days Together, Luise Donschen) ha conseguido pescar satisfactoriamente para alzarse con el Gran Premio Zinebi 2019. La directora alemana, conocida en el festival por su participación en la sección Zinebi Fist Film de óperas primas con Casanovagen (2018), ha presentado en esta edición el doloroso retrato de una joven que acaba de recuperarse de su epilepsia poco antes de comenzar las vacaciones de verano. La ficción muestra a la protagonista como una observadora. No habla, no interactúa, solo observa. El relato se fragmenta pasando de un centro de atención para jóvenes a los espacios naturales, y absorbe «con absoluta sutileza» el problema de la epilepsia en las personas que la sufren, centrándose en el mundo interior del personaje principal, en su intimidad, pero también en su entorno y en su comunidad.

El Premio al Mejor Cortometraje de Ficción ha recaído en Emtehan (Exam), de la iraní Sonia K. Hadad. La sencillez con la que la directora captura el dramático y desalentador panorama político del país ha encantado al jurado compuesto por Fernando Franco, Nahikari Ipiña, Marcel Jean, Susana S. Rodrigues y Reem Shilleh. La agonía de una adolescente, que es obligada a hacer una entrega de cocaína justo a la misma hora que tiene que hacer un examen en la escuela, se muestra con total naturalidad sin incidir en recursos narrativos agobiantes. En Violet, en cambio, la también directora iraní Ghasiden Golmakani recurre a una narración más heterogénea para desmantelar el misterio de unos anillos perdidos antes de una boda familiar. Continuando con la inmersión en la realidad oriental, Doumat That Al Ard (Douma Underground, Tim Alsiofi) documenta, en primera persona y en tiempo real, un bombardeo contra un pueblo sirio, mientras que en Los que no sienten, las directoras Marta Porto, Carlota Mojica, Alba Cantero y Débora Vargas se adentran en la vida cotidiana de Tamar, una joven palestina, para reflexionar acerca de la realidad que viven los habitantes de Gaza. Por otra parte, Adam (Shoki Lin), que obtuvo el Premio UNICEF, cuenta la historia de un niño que subsiste condicionado por una turbulenta vida familiar en Singapur y donde la cámara lo persigue por la ciudad en su búsqueda de un hogar simbólico en el que será bien acogido.

Quizá las producciones más juguetonas hayan sido la francesa Les Extraorinaries Mésaventures de la Jeune Fille de Pierre (The Marvelous Misadventures of the Stone Lady, Gabriel Abrantes) y la norteamericana In Between (Aurélien Grézes). En la primera -inspirada en el cuento El abeto (1985), de Hans Christian Andersen-, una estatua aburrida de ser un simple ornamento arquitectónico, se escapa del Museo del Louvre para enfrentarse a la vida real en las calles de Paris. Sin duda, la obra recuerda a Noche en el museo (Night at the Museum, Shawn Levu, 2006) pero, a diferencia de esta, esconde un discurso cultural y social afín a las reivindicaciones populistas que se están conociendo en el país. En cambio, en In Between Aurélien Grèzes muestra en pantalla a un hombre sentado en el suelo, en la calle, mientras la gente pasa, lo mira o lo esquiva. Sin embargo, en esta provocadora propuesta plantea un juego metalingüístico más allá del voyeurismo explícito e interpretativo que conduce al espectador a replantearse cuestiones sobre la mirada y los prejuicios.

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Ganze Tage Zusammen (Luise Donschen) Mikeldi al mejor cortometraje del festival/ZINEBI

Pero si algo ha llamado la atención en esta edición, ha sido la potente industria de animación polaca. Cuatro cortometrajes – Lowy (The Hunt, Mateusz Jarmulski), Deszcz (Rain, Piotr Milczarej) y Story (Jola Bankowska) y Acid Rain (Tomek Popakul)- han sido parte de la selección, en la que ha brillado este último. El trabajo deslumbra por la construcción de un universo hipnótico y psicodélico, con una composición visual que persigue a una joven que, tras conocer a un chico, huye de su ciudad adentrándose en un mundo oculto, underground, sugerentemente malvado y peligroso. La música electrónica intensifica el ambiente ácido y controvertido en el que se zambulle la protagonista y potencia un trabajo que tanto éxito está teniendo en el circuito festivalero internacional. Sin embargo, el Premio al Mejor Cortometraje de Animación se lo ha llevado Physique de la Tristesse (The Physics of Sorrow), del búlgaro Theodore Ushev, una película construida a base de pinceladas impresionistas que profundiza en la cuestión de la identidad. El director retrata enérgicamente una generación desplazada, en constante lucha por encontrar un hogar en un recorrido que atraviesa diferentes paisajes y geografías.

Por otro lado, el también cortometraje de animación Flesh -coproducción hispano-brasileña dirigida por Camila Kater- ha sido premiado como el mejor documental por su “inspiradora investigación” que retrata, de manera sólida, los complejos corporales e íntimos que tienen las mujeres en todas las etapas de su vida. En cambio, la sección de los documentales ha sido la que más ha flojeado, puesto que solamente la finlandesa The Stroker ha conseguido generar cierta curiosidad. Pilvi Takala reflexiona sobre el contacto humano incorporándose en una empresa situada en Londres como consultora de bienestar. La protagonista del cortometraje se pasea por los pasillos de la empresa tocando a los empleados en el hombro y preguntándoles si “están bien”. El experimento sociológico de la directora nos hace cuestionarnos si estamos dispuestos a que se invada nuestra intimidad y nuestro propio espacio personal.

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Physique de la Tristesse (Theodore Ushev), Mikeldi al mejor cortometraje de animación/ZINEBI

El auge de la industria vasca

El Teatro Arriaga colgó el cartel de Sold Out en la gala de inauguración, quizá excesivamente larga y una vez más coordinada por el colectivo artístico Sra. Polaroiska, en donde se expusieron 61 razones por las que “nos apasiona el cine”. Los bilbaínos y las bilbaínas nunca faltan a su cita cinematográfica por excelencia, esa que tantas emociones les ha generado. En esta edición en concreto, se han proyectado los siete cortometrajes vascos dirigidos por directores ya consagrados que han competido en la Sección Oficial, obteniendo un puñado de galardones en el palmarés final.

El Premio Fundación SGAE al Mejor Guion ha sido para Anti, cortometraje que se puede considerar como la continuación de Ama (2018), dirigidos ambos por Josu Martínez. Como su cortometraje previo, se sitúa en una pequeña aldea del país vasco francés en 1921 y relata de manera didáctica el colonialismo galo que comenzó a sufrir el euskera. Así, el “anti-vasco”, un colgante que castigaba y señalaba a los jóvenes vascoparlantes –al igual que la estrella amarilla del judío o la oreja del agote- es el protagonista del cortometraje. La acción se muestra sin complejos, sin excesivas dramatizaciones. El director pone el foco en los jóvenes estudiantes –las principales víctimas de “la caza de brujas”- que se ven obligados a denunciarse entre ellos, condicionando su educación de manera autoritaria y represiva. Mientras, sus padres son retratados como perdedores heridos tanto física como psicológicamente, y abatidos por un país que no ha tenido consideración por aquellos que les ayudaron a combatir en la recién terminada Primera Guerra Mundial.

Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga han demostrado, una vez más, que tienen a la industria a su favor y, muestra de ello es, que Mateoren ama se ha llevado el Gran Premio del Cine Vasco. El cortometraje -en el que se narra lo duro que puede llegar a ser que una madre no reconozca a su hijo- ha destacado por su perfecto equilibrio entre el suspense y el drama psicológico. Partiendo del relato Ama (madre) del escritor Iban Zaldua y dividido en capítulos, Arregi y Goenaga buscan reflexionar sobre la condición del propio ser humano: “¿Cuál es el límite a partir del cual una persona deja de ser persona?”. Tras una temporada sin ver a su madre, Ángel Mari decide ir a visitarla a la residencia de ancianos donde está internada. La incomunicación entre ambos se formaliza a través de largos pasillos vacíos y un empeño por buscar la luz cegadora o aclaradora, exponiendo la fragilidad de “nuestra percepción al retratar de manera inteligente la relación de esta sociedad con las personas mayores».

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Mateoren ama (Aitor Arregi, Jose Mari Goenaga), Mikeldi al mejor cortometraje vasco/ZINEBI

El cortometraje que se ha llevado Gran Premio del Cine Español también se vio en la sesión inicial del Teatro Arriaga. Las realizadoras vascas Paula Iglesias y Ana Serna ponen de manifiesto la “habitualmente olvidada condición en la que viven los refugiados saharauis occidentales” en Solo son peces –el cortometraje producido y encargado por la Asociación de Amigos y Amigas de la RASD de Álava-. Lo hacen a través de la perseverancia de tres mujeres comprometidas que trabajan en la piscifactoría de un campamento en Argelia, equiparando la supervivencia de los peces con la suya propia.

Las mujeres han sido protagonistas también de las obras de Lander Ibarretxe y Lur Olaizola. En Regina, Ibarretxe reflexiona sobre la ética y la moral a través de una joven inocente llamada Carmen quien muestra un amor incondicional hacia su padre pero que debe separarse de él, pues es obligada a vivir en un convento en la compañía de unas monjas y sus estrictas normas. Olaizola, quien es coordinadora del área audiovisual del centro Tabakalera donostiarra, nos traslada en Xulia al año 1985. La donostiarra propone un viaje paisajístico hacia la memoria que hizo desaparecer la primera generación infectada por el VIH en manos de la protagonista que le da nombre al cortometraje.

En cuanto a los cortometrajes españoles, los trabajos más destacables han sido Ahí, dentro (Manuel Castillo) y Κλεισαμε ( Ahí, dentro (Manuel Castillo). El primero ha sido el debut cinematográfico del director, que además de dirigirlo también lo protagoniza, junto a Rut Santamaría. Una misma localización, el salón de una casa, es el escenario donde la pareja conversa sin ningún artificio visual destacable. No hacen falta. Los dos utilizan la intimidad después de hacer el amor para mentir, siendo la única manera que tienen para poder decirse esas verdades que tanto les cuesta admitir. Este cinismo que se apodera de la narración se desborda al conjugarse los dos cuerpos recordando la escena central de El último tango en París (Último tango a Parigi, Bernardo Bertolucci, 1972) en donde Marlon Brando y Maria Schneider juegan a ser otras personas, ajenas (o no) a su verdadero ser.

Solo son peces - Revista Mutaciones
Solo son peces (Ana Serna, Paula Iglesias), Mikeldi al mejor cortometraje español/ZINEBI

En cambio, Prado -directora y activista nacida en argentina- firma Κλεισαμε (Enclosed), cerrando la Sección Oficial con el trabajo más estrambótico del certamen. Su cortometraje se centra en el caso de la isla de Leros, en Grecia, que fue ocupada por los italianos entre la primera y segunda Guerra Mundial, y que pasó de ser una cárcel para presos políticos a convertirse en un hospital psiquiátrico primero, y después en un campo de concentración. La directora reivindica que tras los paisajes paradisíacos griegos existe una realidad escondida, criticando duramente el blanqueamiento de imagen expande el negocio turístico. La cámara de Prado recorre la isla mostrando los restos del lugar, y siendo testigo del legado que ha dejado el propio tiempo.

En definitiva, el festival Zinebi navega hacia la heterogeneidad apostando por un certamen cada vez más extenso en el que, todo tipo de propuestas tienen cabida, pero sobre todo, en donde su nueva directora mantiene el compromiso con un cine y unos cineastas que, a su vez, se comprometen con las realidades del mundo en que vivimos.

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