ENTREVISTA A VÍCTOR MORENO – ‘LA CIUDAD OCULTA’

Esa noche oscura del alma

Nos encontramos con Víctor Moreno, cineasta oriundo de Tenerife, a raíz del inminente estreno de su segundo documental, La ciudad oculta. Acaba de volver de Estados Unidos, donde ha presentado la cinta en el Lincoln Center, en un evento organizado por la prestigiosa revista Film Comment. A pesar de su jetlag, charlamos efusivamente durante una media hora de su carrera, de los nuevos caminos del audiovisual y de su particular visión sobre la no-ficción contemporánea.

Empezamos por lo más básico. ¿De dónde surge La Ciudad Oculta?

La idea nace durante mis frecuentes viajes en metro. Un día empecé a fijarme en el negro entre las estaciones y empecé a preguntarme qué podía haber detrás de esa oscuridad. Era algo que también imaginaba cuando caminaba por las calles y veía las tapas de las alcantarillas. Fui imaginando qué tipo de mundo podía haber allí debajo y, a partir de estas inquietudes, se me ocurrió otra idea. La idea era que, en el fondo, ese era también parte del hábitat del ser humano, un lugar que hemos construido para nosotros mismos. Un lugar que nos sirve, que nos hemos dado a nosotros mismos. Me enfrenté a la película desde esa doble perspectiva.

Edificio España [su debut, en 2012] es una aproximación muy diferente al documental. ¿Nace esta nueva película con alguna voluntad de respuesta?

No del todo, pero sí que quería distanciarme de Edificio España en mi manera de abordar lo real. Yo sentía que esa era una obra muy próxima a los hechos que estaba retratando, llegando yo a convertirme en una especie de sujeto atrapado en la transformación que estaba sufriendo el edificio. En La ciudad oculta, quise jugar más con otro tipo de real, el real imaginado, para llevarlo a un terreno completamente desconocido. En el cine hay muy pocas representaciones del subsuelo, es aún un lugar muy poco explorado. Así que pensé: si voy a retratar algo tan remoto ¿por qué no imaginarlo como yo quiera? Y ahí sí hice un esfuerzo voluntario por diferenciarme. Aunque creo que ambas películas tienen en común el espacio como protagonista de lo que se está contando. Quizás en Edificio España nos acercamos más a las pequeñas vivencias de los trabajadores, con un sentimiento más humanista, que aquí eliminé conscientemente. Al fin y al cabo, acabé usando a las personas que habitan ese lugar más bien como parte del gran engranaje que compone el subsuelo.

Has dicho en numerosas entrevistas que esta pretende ser una experiencia inmersiva. ¿Cómo te sentirías si alguien viese tu película en un móvil?

Fatal [ríe]. Y fíjate que ya la han comprado dos televisiones, ambas de fuera de España. Es curioso, porque ahora que vivimos en una época en la que se habla mucho del cine en internet como alternativa a las salas, me parece más importante que nunca resaltar que hay una película (la mía) hecha para ser proyectada en un cine. Por lo menos esa era mi intención, otra cosa es que tenga una vida después en televisiones, claro [ríe]. Pero las condiciones idóneas para La ciudad oculta es que se vea en salas y, a poder ser, con cierta calidad de imagen y sonido. Aunque no tengo nada en contra de las plataformas y yo, de hecho, consumo mucho cine ahí, haber rodado algo destinado a la pantalla grande es como reconciliarme con ese espacio. Lo decían en un artículo en Film Comment, que en mi película parece como que la pantalla se proyecta a la sala, como si el espacio de butacas continuase el espacio proyectado, debido a la oscuridad y la profundidad del conjunto. Y eso es algo que solo puedes conseguir en un cine.

La ciudad oculta (2018), de Víctor Moreno

¿Y haberla rodado en Realidad Virtual?

Nos lo planteamos, no te digo que no. He probado la RV un par de veces y me parece muy interesante, pero me da la sensación de que es un tipo de medio demasiado disperso para este tipo de película. Además, el proceso habría salido mucho más caro…

¿Crees que es una técnica válida para un futuro documental?

Bueno, tendría que investigarlo. Aunque sería para películas totalmente diferentes a la mía. A mí, lo que me gusta de mi propuesta es que la pantalla de cine como que se convierte en una ventana recorriendo una infinidad de túneles. Y eso es algo muy lineal, ¿no? En la gran pantalla, al final, la perspectiva que tenemos es siempre hacia delante, con la ayuda de la profundidad de campo. Sin embargo, en la RV, la profundidad de campo se transforma y da paso a una mirada más desatada. No sé si para una película que está esencialmente rodada en túneles eso ayudaría: tú a la que mirases a un lado, todo lo que verías sería hormigón. Desde luego, si en un futuro hago algo en RV, no será en este tipo de espacios.

La ciudad oculta (2018), de Víctor Moreno

En la presentación de la película en el Festival de Las Palmas hablaste de un cierto viaje hacia una realidad interior. ¿A qué te referías exactamente?

En La ciudad oculta quería representar una suerte de viaje interior, pero no hacia la mía, sino hacia la del espectador. Con esa imagen del túnel hacia la oscuridad, de alguna forma obligas al espectador sentado en su butaca a adentrarse hacia un territorio inexplorado, desconocido. Cuando entramos en este lugar desconocido, nuestro cuerpo se transforma o, por lo menos, empezamos a percibirlo todo de forma diferente. Porque, sin referentes, nuestros sentidos se agudizan. Creo que esta idea empieza a jugar a favor de la película en la medida en que el espectador pueda estar proyectando ahí desde miedos a imaginaciones de cualquier tipo. Y la película tiene muchos momentos de oscuridad por eso.

Esta clase de terapia, ¿es algo propio de una no-ficción alejada de la necesidad de retratar lo real? ¿O, por lo menos, distanciada de la concepción realista del documental?

Fíjate que no me importan las etiquetas. Y, de hecho, creo que distinguir entre no-ficción y documental creo que hace daño a la misma no-ficción, porque es una categoría que aparta un cierto tipo de obras hacia algo parecido a un apartheid, y eso no me gusta. Yo creo que en la base del cine está la idea de no etiquetar a partir de ficción y no-ficción. Aunque sí me interesa más la idea de hablar de un cierto tipo de narrativa, y ahí sí creo que se puede trazar una raya entre dos categorías. Por un lado, está la narrativa causal, la arquetípica, aristotélica, con un héroe y tal y cual. Eso es el 98% del cine. Por otro lado, están las películas que se salen de eso. Ahí sí creo que hay un discurso que se puede establecer sobre la forma de concebir películas, de forma completamente independiente del origen de sus imágenes. Y como la planteé, La ciudad oculta sí se encuadra dentro de este tipo de obras que escapan a la estructura causal normativa.

La ciudad oculta (2018), de Víctor Moreno

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