THE GOOD PLACE

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El más allá a lo Wisteria Lane

Antonio Machado dijo que “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Pues bien, este podría ser un punto de partida para poder abordar The Good Place, la serie creada por Michael Schur, y en la que bajo la apariencia de un vecindario digno de Mujeres desesperadas (Marc Cherry, 2004-2012) se esconde mucho más.

Si hay una pregunta universal por excelencia es ¿Qué pasa después de la muerte? Es una cuestión que a todos se nos ha pasado por la cabeza y que The Good Place trata desde la ironía y la deshumanización (en un primer momento) de las almas y los cuerpos. La fórmula es muy sencilla: si has sido muy bueno en tu vida terrenal, irás al Good Place, y si has sido mediocre o malo, el Bad Place te está esperando. Todo ello bajo una sencilla regla: desde que naces hasta que mueres, tus acciones se van contabilizando positiva o negativamente en una escala de puntos. ¿Reciclas? Estás de enhorabuena, ¡15 puntos para Gryffindor! Ahora bien, ¿te acuerdas de la vecina del quinto a la que no le sujetaste la puerta en el rellano? Oh oh, estás condenado a un lugar en el que te esperan tus peores pesadillas. Aquí no hay un Dios visible, las almas se reducen a meros números. Eso sí, ¡aquí el karma sí que existe!

 

El primer capítulo comienza con lo que podría ser cualquier sala de espera de dentista y una frase motivadora en la pared de que todo va bien. Es entonces cuando aparece Eleanor, la protagonista, que ha muerto y ha tenido la suerte de haber aterrizado en el Good Place. Solo hay un problema: ha habido un error y ella no debería estar allí. Sin embargo, no está dispuesta a decir la verdad y dejar ese paraíso en forma de vecindario de tonos pastel, colores de fantasía y muchos establecimientos de yogur helado. Cada barrio está diseñado por un arquitecto que se ha encargado de satisfacer todos los deseos de las personas que lo forman, además de estar emparejados con su alma gemela, lo que supone una vía de escape para ella. Eleanor no puede soportar la carga de haber usurpado el lugar de otra persona, y se lo cuenta a Chidi (William Jackson Harper), su supuesta alma gemela, caracterizado por ser incapaz de decidir nada. Y claro está, no todo podía ser maravilloso, pues el vecindario está diseñado para acoger a personas extraordinariamente buenas, y cuando Eleanor saca su verdadero carácter, todo empieza a desmoronarse. Sus malos actos tienen consecuencias, ya sea en forma de gambas gigantes voladoras o de grandes cráteres en el suelo. Y aquí comienza el quid de la serie: Chidi decide enseñarle ética para que aprenda a ser buena persona.

Estos serían los cimientos de una sitcom que a primera vista podría parecer banal u otra más en la larga lista del catálogo de Netflix, sin embargo, no lo es. El hilo conductor de cada capítulo es un planteamiento ético o filosófico motivado por los problemas de moral de la protagonista. Con este punto de partida, se abordan dilemas y problemas como dónde está el límite entre el bien y el mal, los verdaderos ángeles y demonios, las segundas oportunidades, la posibilidad de que las personas cambien, las imperfecciones… Todo ello a través de un cuidado humor negro muy inteligente, de la música sarcástica de sala de espera presente en todo momento, de juegos de palabras, de unos giros dramáticos inesperados (atención a los finales y principios de temporadas) y de uno de sus grandes puntos fuertes: los personajes y las magistrales interpretaciones de sus actores. Cabe destacar la actuación de Ted Danson como Michael o la maravillosa Janet (D’Arcy Carden) como la gran “robaescenas” por excelencia. Todos los personajes, especialmente los secundarios, van tomando mayor protagonismo poco a poco, lo que crea un engranaje perfecto, gracias, en parte también, a la organización de cada capítulo, en los que podemos bucear en el pasado de cada uno de ellos.

Será en septiembre de este 2018 cuando se estrene la tercera temporada y se descubra qué pasa con Eleanor, Michael, Janet, Chidi, Tahani o Jason, pero hasta entonces, el buen sabor que deja The Good Place es indudable. Las apariencias engañan y la fina línea entre el bien y el mal es una barrera en la que nosotros mismos tendríamos mucho que decir. Cada persona tiene sus inseguridades, sus problemas, un cúmulo de vivencias que les han hecho ser quienes son, y esta sitcom propone una reflexión sobre ello que no podía ser más ingeniosa. A veces, los ángeles tienen cuernos y rabo.


The Good Place (Estados Unidos, 2016-)

Creador: Michael Schur/ Música: David Schwartz/ Producción: Fremulon, 3 Arts Entertainment, Universal Television / Reparto: Kristen Bell, William Jackson Harper, Jameela Jamil, D’Arcy Carden, Manny Jacinto, Ted Danson, Tiya Sircar

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