THE DISASTER ARTIST

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Los dos lados de la línea

The Disaster Artist
The Disaster Artist

El estreno de The Disaster Artist ha vuelto a poner en boga la pregunta “¿qué hace a una película buena o mala?”. No es que no sea una cuestión interesante, pero quizás antes de plantearse lo que constituye la calidad en sí misma, cabría preguntarse “¿qué es lo que comparten las mejores y las peores películas?”. Es decir, ¿qué hay de bueno en lo terrible? ¿Qué nos permite disfrutar con sorpresa de algo esperpéntico tanto como de algo sublime? En opinión de quién suscribe, ese punto es la capacidad de transmitir honestidad.

Las ideas elevadas y las abyectas cumplen el mismo requisito de sinceridad. Pero cuando una intención, tanto a nivel técnico como humano, está terriblemente ejecutada se convierte en una crítica contra sí misma y, a menudo, en la sublimación de lo cómico; en un batacazo público que constituye un conflicto real tan potente como la tragedia mejor construida. Y ahí es donde las películas terribles conectan con las mejores: en el hallazgo irónico del auténtico drama. Porque tiene tanto mérito fallar en absolutamente todo como acertar en absolutamente todo. De ahí que el cine trash hecho con autoconsciencia (cualquier producción de The Asylum, por poner un ejemplo) no transpire vida. No puede ser cálido porque no cuenta la verdad; tras la aparente capa de mugre hay control y conservadurismo. Por supuesto, lo autoconsciente no está reñido con la calidad (como demuestra la fantástica The Cabin in the Woods, de Drew Goddard), pero cuando el choque entre intención y resultado es abismal es cuando se crean las grandes películas del otro lado de la línea. El naufragio de toda intención es la clave y no puede haber drama sin ahogados. Y The Room es uno de los naufragios más genuinos y sinceros de la historia del cine.

The Room
The Room

The Room es un yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como engendrado en los márgenes de Hollywood por Tommy Wiseau, excéntrico y frustrado aspirante a actor. Se rodó con intención de epatar y triunfó en su cometido, pero no por el camino esperado; ha llegado a etiquetársela como “El Ciudadado Kane de las malas películas”. Y todo el mérito se debe a una sola persona. Wiseau resulta incompetente en todo lo que hace: dirección, guion, interpretación, producción… absolutamente todo. Pero eso no le impidió soñar a lo grande. Gastó seis millones de dólares en rodar un drama romántico escrito desde la más completa ineptitud; un Tranvía llamado deseo acartonado y delirante. El resultado evidencia una personalidad megalómana, misógina, infantil y en las antípodas de cualquier canon de objetividad y autocrítica. Pero también revela a un soñador con una ingenuidad tan cándida que desarma. Alguien que carece de cualquier atisbo de timidez y se entrega a su pasión cargado de ilusión y confianza. The Room es Tommy Wiseau y representa un descarrilamiento tan excesivo y grotesco como conmovedor.

No es extraño que James Franco, director irregular pero prolífico e inquieto, se haya visto atraído hacia este despropósito tan puro. La película adapta el libro The Disaster Artist, de Greg Sestero y Tom Bissell, que relata con hilaridad el espantoso rodaje y sus circunstancias. El resultado es una sátira que, a pesar de su falta de ambiciones (o, precisamente, gracias a ello), resulta inspirada y efectiva. La película repasa la fascinación que el joven aspirante a actor Greg Sestero siente hacia Tommy Wiseau, compañero de profesión, misterioso millonario e inepto desvergonzado. Se intuye un pasado trágico tras la vida de Tommy, inmigrante necesitado de cariño y aprobación, amante del viejo Hollywood y de los Estados Unidos más icónicos. El compromiso de Franco con la realidad es total: la personalidad de Wiseau es tan estrafalaria que no necesita inventar nada. En una de sus mejores interpretaciones, Franco clava al modelo real en todo su absurdo, pero no comete el error de convertirle en bufón. Wiseau resulta grotesco y trágico al mismo tiempo y la película consigue bascular con agilidad entre la comedia más comercial y el drama honesto y sencillo.

Franco ha firmado una carta de amor hacia los soñadores y triunfa en el difícil trabajo de narrar este sindiós sin pizca de cinismo o burla. Traza una cálida radiografía de un tirano egocéntrico y arrogante que se revela a sí mismo con el corazón en la mano. The Disaster Artist es un soplo de aire fresco que, además, nos regala una interpretación que no sería raro que pasara a los anales de la comedia. A pesar de lo histriónico del personaje, el mismo muestra vulnerabilidades tiernas y reales; como el Zoolander de Ben Stiller o el Napoleon Dynamite de Jon Heder. Y al final de eso va todo esto del cine; de contar la verdad en cualquiera de los dos lados de la línea.

The Disaster Artist
The Disaster Artist

The Disaster Artist (EEUU, 2017)

Dirección: James Franco / Guion: Scott Neustadter y Michael H. Weber, basado en la novela The Disaster Artist de Greg Sestero y Tom Bisell / Producción: James Franco, Evan Goldberg, Vince Jollivette, Seth Rogen y James Weaver para Good Universe, New Line Cinema, Point Grey Pictures, Ramona Films, Rat-Pac Dune Entertainment y RabbitBandini Productions / Diseño de producción: Chris L. Spellman / Música: Dave Porter / Montaje: Stacey Schroeder / Fotografía: Brandon Trost / Reparto: James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Ari Graynor, Alison Brie, Jacki Weaver, Paul Scheer, Zack Efron, June Diane Raphael

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