SPIDER-MAN: LEJOS DE CASA

Trastorno de personalidad o el asfixiante legado de Tony Stark

El título de esta nueva secuela del arácnido más famoso del cine y el cómic, Spiderman: Lejos de casa, juega una doble función, tanto argumental como conceptual. Argumentalmente, porque sirve a la cinta para homenajear levemente el clásico Amazing Spider Man 95 (1971) donde Peter Parker viajaba a Londres en busca de su amada Gwen Stacy -en la cinta, el objetivo central de Peter Parker en este viaje de fin de curso es conquistar a la nueva y contemporaneizada Mary Jane- y a su vez, devolver al personaje a sus esencias originales, pervertidas por el exceso de reboots y al que su inclusión en el universo Marvel cinemático lo había vaciado de sus constantes y elementos más básicos y fundamentales.

Es posible que la cercanía entre la desesperada reinterpretación de Marc Webb, representado en la saga Amazing Spiderman (2012-14) y la llegada del personaje a su hogar original haya sido el causante de este intento de transformar la idiosincrasia del personaje, porque repetir de nuevo el asesinato del tío Ben podía ser too much para el público de las multisalas. Pero la inteligente decisión de dejar el origen y los motivos del héroe fuera de campo no es excusa para dejarlo también fuera de la narrativa del mismo. Y aún menos es también dejar de lado elementos tradicionales y fundamentales para comprender el éxito global del personaje. Un personaje que, dentro de la primera hornada de héroes de la casa de las ideas, era una auténtica rara avis. Para empezar, porque dentro del panteón original de héroes de la editorial fue el primero que no tuvo representación gráfica del monumental y hercúleo arte de Jack Kirby, sino del dibujante Steve Ditko, un artista diametralmente opuesto a Kirby. Si este último centraba su discurso plástico en la monumentalidad de las formas, en la épica cinética y contrapicada, Ditko ofrecía un arte al servicio de las palabras y un entorno realista y creíble que pasaba de las inmensidades del espacio exterior o el puente del arco iris asgardiano a la quietud y naturalidad de un desayuno en un suburbio de Queens. La salida de Ditko por la puerta de atrás y la llegada de John Romita -artista proveniente de los tebeos románticos de los años 50- para acompañar a Stan Lee en la leyenda del trepamuros, demostraba de nuevo que los tebeos de Spiderman eran un elemento diferente y extraño dentro de la Marvel de los 60. El paso del tiempo e intentos por parte de autores como J.M.Straczynski o la última etapa del guionista Dan Slott, que han intentado retorcer la, a lo mejor, algo desgastada fórmula -el uno intentando acercarlo a lo sobrenatural y mitológico, el otro hacia el género de las corporaciones y el espionaje industrial y global- han conseguido resultados dispares. Pero sobre todo lo que han hecho es -con las mejores intenciones- pervertir una fórmula perfecta.

Algo parecido ha ocurrido en esta llegada de Spiderman al Marvel Cinematic Universe, la cual parte parcialmente de lo conseguido por la modernización más interesante e inteligente del personaje, el Ultimate Spiderman del guionista Brian Michael Bendis. Una reinvención de los mitos del personaje para audiencias del siglo XXI y espejo donde tanto Spiderman: Homecoming (2017) como Spiderman: Lejos de casa encuentran sus mayores aciertos. Jon Watts se desenvuelve como pez en el agua en la comedia adolescente post-hughesiana, en esta ocasión con ecos de la saga National Lampoon protagonizada por Chevy Chase y aquí conocida como Las locas aventuras de una familia americana. El problema: que el armazón de la propuesta se sustenta en demasía en la figura del Iron Man cinematográfico, tanto formal como narrativamente. Si en Homecoming el conflicto de Spiderman tiene procedencia exterior -motivado por los pecados de Shield y en menor medida de Tony Stark- en esta ocasión, y sin entrar en spoilers -la cinta tendrá una recepción del público muy diferente si conoce la base en la que se sustenta el argumento del filme y el personaje de Mysterio, interpretado por Jake Gyllenhaal- vuelve de nuevo a colocar el conflicto en la periferia del héroe, aquí reconvertido en un agente especial a su pesar, en un eurotrip con mirada ignorante y norteamericana, entre la aventura bondiana bufa y los excesos espectacularizados de la aventura más eurotrash del Ethan Hunt de Misión: Imposible, de la mano de una puesta en escena absolutamente aleatoria e impersonal en las set pieces de acción, que incluso hacen añorar los mejores momentos de una saga tan fallida como la realizada por Marc Webb. Todo ello alrededor del corazón y lo mejor de la cinta, el acercamiento emocional y sentimental entre Peter y Mary Jane, interpretada por una Zendaya que quizá sea el mayor descubrimiento de la propuesta.

Este último es el único elemento que realmente se siente parte del universo creado por Lee, Ditko y Romita. El resto de elementos parecen salidos del Iron Man de Jon Favreau -con lo bueno y lo malo que eso conlleva- hasta llegar a un punto de no retorno, en el tercer acto del filme, donde personaje y franquicia deben tomar una decisión: ¿Queremos un Spiderman que sea una mera extensión de la franquicia del personaje interpretado por Robert Downey Jr.? La respuesta quizá nos la da tanto el clímax final de la cinta, como sobre todo su excelente primera secuencia post-créditos. Spiderman parece que vuelve a su hogar, tanto física como emocionalmente. Y da una ligera esperanza a todos aquellos que amamos la esencia, lamentablemente desvirtuada, del personaje.


Spider-man: Lejos de casa (Spider-Man: Far from Home, EEUU, 2019)

Dirección: Jon Watts / Guion: Chris McKenna, Erik Sommers / Producción: Amy Pascal, Kevin Feige / Música: Michael Giacchino / Fotografía: Matthew J. Lloyd  / Montaje: Leigh Folsom Boyd y Dan Lebental / Diseño de producción: Claude Paré / Reparto: Tom Holland, Samuel L. Jackson, Jake Gyllenhaal, Marisa Tomei, Jon Favreau, Zendaya, Jacob Batalon, Cobie Smulders

Un comentario sobre “SPIDER-MAN: LEJOS DE CASA

  • el 19/07/2019 a las 15:51
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    Creo que todavía no habéis visto bien las películas, ni existe Mary Jane ni hay intención de ello.

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