HASTA SIEMPRE, HIJO MÍO + CHINESE PORTRAIT

Wang Xiaoshuai: La mirada humanista

China puede haber cambiado mucho desde los años noventa, pero hay algunas cosas que siguen igual. Lo demuestra la ausencia de Zhang Yimou en la Berlinale, supuestamente debida a problemas en la posproducción de su última película, pero que en realidad parece esconder una intervención radical de los mecanismos de censura, aún activos y con suficiente fuerza para cancelar un estreno mundial de este calibre.

Wang Xiaoshuai, como buen director de la Sexta Generación, siempre ha estado interesado en la tensión que nace a partir del enfrentamiento entre el constante cambio de una sociedad cada vez más metropolitana y post-recesionista y el fuerte tradicionalismo que aún impregna las estructuras de poder de esta gran potencia industrial. Por eso, de algún modo, todas sus obras miran al pasado. A un tiempo pretérito que no fue mejor, pero que nos ayuda a entender el aquí y el ahora de la sociedad que habita. Xiaoshuai ya había dirigido, en este sentido, una buena sarta títulos de talante izquierdista y social: La bicicleta de Pequín, en 2001, o 11 Flowers, en 2011, por citar un par. Con los años, parecería que el cineasta tendría que haber moderado su discurso para acomodarse en un espíritu más folclórico y menos beligerante, pero sus dos últimas películas parecen demostrar lo contrario.

So Long, My Son, de Wang Xiaoshuai
Hasta siempre, hijo mío, de Wang Xiaoshuai (2019)

Por un lado, tenemos a Hasta siempre, hijo mío (So Long, My Son), un drama de alto calibre pero de voz sosegada protagonizado por Wang Jingchun y Yong Mei (que en la pasada Berlinale se llevaron a casa unos merecidísimos Osos de plata por sus interpretaciones). La cinta, explicada a brocha gorda y evitando spoilers, es la historia de la pareja formada por Liyun y Yaojun seguida a través de las décadas, desde la prematura muerte de su hijo hasta su primera vejez. A la vez, también cuenta el progresivo deterioro de la relación de este matrimonio con sus amistades y compañeros más cercanos, quienes no pueden soportar la culpa por haber tomado algunas decisiones cuestionables con respecto a la humilde pareja. Pero el chino no parece nunca culpar enteramente a sus personajes por sus acciones: el contexto social (en especial, la Revolución Cultural y la devastadora Política del hijo único) está presente en todos y cada uno de los hogares de nuestros caracteres, situándolos por igual en una zona de grises que viene condicionada directamente, y sin ningún tapujo, por un sistema que los asfixia.

Siendo así, el humanismo desde el que el director (coguionista junto a Ah Mei) se enfrenta a sus tramas parece algo casi inevitable. Como demuestra Hasta siempre, hijo mío, la gran Historia del país para Xiaoshuai no tiene importancia más allá de cómo afectó a sus protagonistas reales: la gente de a pie. Este es un trazo muy neorrealista que podría rastrearse desde sus primeras películas (esa remota The Days en 1993), pero que aquí queda reafirmado por una puesta en escena completamente naturalista, que parte del plano medio y de una fotografía realista, de tonos grisáceos, para explicarse. Se trata de un discurso estético que intenta transparentarse para llegar a una verdad que el cineasta encuentra en sus propios actores (Jingchun es un habitual de su filmografía y Mei adquirió un tremendo reconocimiento en 2015 por su papel en La Asesina, de Hou Hsiao-Hsien). El único elemento formal que destaca es el montaje, que desencaja los distintos episodios narrativos de forma que resultan incomprensibles hasta casi el final de la cinta, cuando la tragedia que ha vivido la familia se hace realmente palpable.

So Long, My Son, de Wang Xiaoshuai
Hasta siempre, hijo mío, de Wang Xiaoshuai (2019)

Chinese Portrait, dirigida y guionizada por el mismo Xiaoshuai, es de entrada una propuesta radicalmente diferente. Para empezar, porque es un documental sin ninguna clase de intención humanista aparente, pero a pesar de todo podría funcionar como un reverso de Hasta siempre, hijo mío. Veamos por qué. Chinese Portrait es un retrato global, hecho a base de pétreas instantáneas de todo tipo de gente en todo tipo de situaciones de su cotidianidad: desde trabajadores en una mina hasta alumnos en un aula. La propuesta en sí es encuadrar a uno o dos personajes de esta especie de dioramas, inmóviles, para ponerlos en relación con el espacio que ocupan y las actividades humanas que allí se desarrollan. Estamos hablando, ya de entrada, de tres conceptos: personas, espacios, procesos. Sin ningún texto explicativo (más allá del título), ni diálogos que ayuden a construir relaciones afectivas o significativas entre ellos. Lo que vemos es lo que hay.

Al contrario de Hasta siempre, hijo mío, el dispositivo formal queda aquí tremendamente subrayado y, de hecho, algún que otro crítico argüirá que en la película no hay más que puesta en escena. En definitiva, hacer posar a la gente de forma del todo estática, mirando directamente a cámara implica materializar el concepto mismo del campo cinematográfico. Además, Xiaoshuai temporaliza sus composiciones con un montaje mecánico y automático que no se ve motorizado por nada que no sea el ritmo impuesto en la cinta. Los cambios de formato (de analógico a digital, oscilando entre un estricto 4:3 y el 16:9), las anotaciones a mano entre cortes… Todo es artificio. También él, que aparece en el metraje en distintas ocasiones, resalta que ahí hay una presencia autoral, un discurso consciente.

Chinese Portrait, de Wang Xiaoshuai
Chinese Portrait, de Wang Xiaoshuai (2018)

El mensaje queda claro desde el propio título de la pieza: retratar equivale a denunciar, y el cineasta se mantiene fiel a esta idea, a través mecanismos más o menos sutiles. El montaje, por ejemplo, se encarga de encadenar tres momentos de naturaleza –campo de maíz, caballos, agua contaminada, llena de basura–, y este mismo paisaje corrompido corta a una playa infestada de gente. Las maquetas de barrios ricos se enfrentan a la cruda realidad de la periferia, las grúas bailan al son del constante proceso de construcción y destrucción de las casas donde antes vivía gente y donde nueva gente va a vivir, sin que esta llegue a aparecer nunca. Entre 2011 y 2013, China usó más cemento que Estados Unidos durante todo el siglo XX. Mirar es más necesario que nunca.

Más evidente si cabe es la clausura que conlleva la rigidez de su propuesta: una sola composición, con un tempo de frecuencia invariable y una apuesta por la transgresión sistemática de cualquier narrativa empática hacia sus personajes. Los caracteres de la película, todas sus vidas, se deshumanizan con la facilidad con la que llega el corte, monótono, incesante. Todo es tan predecible en este documental que acaba absorbiéndonos. Así es que no podemos limitarnos a mirar: Xiaoshuai nos está alertando de lo que pasa cuando no procesamos voluntariamente la información que nos llega a diario, sin pausa. Y lo que ocurre cuando perdemos la sensibilidad es que también acabamos alienándonos un poco de nosotros mismos.

Chinese Portrait, de Wang Xiaoshuai
Chinese Portrait, de Wang Xiaoshuai (2018)

Hasta siempre, hijo mío y Chinese Portrait son dos películas muy diferentes, pero ambas tienen algo que me da esperanza. En Hasta siempre… hay una escena en la que, subidos en un avión en medio de una zona de turbulencias, los dos protagonistas se cogen de la mano, se miran y exclaman: “¿No es raro que aún tengamos miedo de morir?”. A mí este momento me parece de una belleza absolutamente simple y a la vez maravillosa. Detrás de un duro drama, lleno de eventos que entorpecen una y otra vez la vida de la pareja, hay un verdadero canto a la vida, un sentido homenaje a todas aquellas personas que, a pesar de todo, han seguido viviendo, que lo han seguido intentando. La historia de Liyun y Yaojun es tristísima, pero tiene un contrapunto de alegría que es difícil pasar por alto.

Lo mismo pasa con Chinese Portrait. Todo su discurso va encarado hacia un gran callejón sin salida sin ninguna esperanza de mejora. Pero hay detalles que hacen sospechar que este no es un director tan cínico como aparenta. En una escena, por ejemplo, aparece un señor rezando, totalmente sobreactuado, y al cabo de un par de minutos, se retira a un lado del plano, mira a cámara, ve que está saliendo en la imagen y decide dar un par de pasitos más hacia el borde, por si acaso. En otra escena, hay un grupo enorme de trabajadores posando quietos, cuando, en medio de ellos, se oye la risa mal contenida de una señora. O, en lo que parece un concurso de belleza, una chica del fondo, visiblemente traviesa, saluda a la cámara de forma jovial. Todos estos momentos son errores, salidas de tono en una cinta eminentemente seria. Podrían haberse suprimido y ni nos habríamos dado cuenta. Pero Wang Xiaoshuai es un humanista desquiciado y, ante la profunda simpatía que rezuman los caracteres que retrata, necesita romper sus propios moldes y dejar huella de que no todo está perdido. Al fin y al cabo, cuando nos referimos a China, siempre hablamos de millones de personas, cada uno con sus rutinas, sus problemas y sus sueños.

So Long, My Son, de Chinese Portrait, de Wang Xiaoshuai


 Hasta siempre, hijo mío (So Long, My Son, Di jiu tian chang, China, 2019)

Dirección: Wang Xiaoshuai Guion: Mei Ah y Wang Xiaoshuai Producción: Dongchun FilmsMúsica: Dong Yingda / Fotografía:  Kim Hyun-seok / Reparto: Liya Ai, Du Jiang, Zhao-Yan Guo-Zhang, Jingjing Li, Xi Qi, Wang Jingchun, Roy Wang, Cheng Xu, Mei Yong

Chinese Portrait (Wo De Jing Tou, China y Hong Kong, 2018)

Dirección: Wang XiaoshuaiProducciónWXS Productions, Dongchun Films y Chinese Shadows / Fotografía: Wu Di, Zeng Hui, Zeng Jian, Piao Xinghai

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