SIN AMOR

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Cuando un título lo dice todo

Imagen de Sin Amor

La clara luz que atraviesa las ramas de un árbol da comienzo a una serie de imágenes de un arroyo y su bosque colindante. La luz es blanca, y el paisaje también. Estamos en invierno y todo está congelado. La cámara parece moverse más que la inerte naturaleza que captura. Inmediatamente después, vemos la tranquila puerta de un colegio desde su verja. Al sonar la campana, los alumnos comienzan a salir y a pasar por delante del objetivo. Justo cuando pasa uno de ellos, con un anorak rojo, la cámara comienza un travelling siguiendo sus pasos para, a escasos metros, volver a detenerse perdiéndole de vista. Después, el niño atraviesa el paisaje del principio, aún sin nieve, para llegar a su casa. Así de fácil resume sin palabras Andrei Zvyagintsev su nueva película y es que Sin amor, como ese paisaje vacío y esa cámara solitaria que está antes y después de lo que graba, trata sobre la ausencia, el vacío antes imperceptible que deja ese niño al desaparecer.

Sin amor nace desde la total frialdad, no simplemente del paisaje, sino de la brutal coherencia con el título de la película que guardan cada uno de los personajes que aparecen en la película y su creador hacia ellos. La película de Zvyagintsev sigue los pasos del drama arquetípico de padres en busca de su hijo desaparecido, solo que estos padres no solo no se quieren, sino que nunca se han querido y su hijo era para ambos una molestia de la que, tanto en el fondo como en la superficie, querían deshacerse. Al igual que las dos primeras (y las mejores) películas del ruso, la poderosa y alegórica El regreso (2003) y la exquisita The Banishment (2007), donde, respectivamente, las razones del padre que regresa o el contenido de la carta de suicidio no se revelan nunca, el misterioso paradero del hijo de la pareja con el paso de los meses va abandonando su sentido práctico y adquiriendo un matiz de interrogante metafórico.

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En consecuencia, la película no ahonda en la investigación policial ni en las verdaderas razones del niño, al que apenas llegamos a conocer, para fugarse, sino en la anhedonia de sus padres y su profunda infelicidad. El patético dúo paterno se ve secundado por sus respectivos amantes, sus familiares, policías y amigos. Todos, sin excepción, vistos desde un prisma negativo e incondescendiente. Un cuestionable retrato de hombres pasivos e inertes enfrentados a mujeres infantiles, caprichosas, agresivas y superficiales. Tanto los males de la sociedad moderna (los continuos e intrusivos “momentos selfie” por parte de las mujeres) como la crítica política (Rusia, su corrupción interna y sus contradicciones al igual que sucedía más y mejor en la anterior película de Zvyagintsev, Leviatán -2014-) son repetitivos, evidentes, inoportunos en la narrativa central de la historia y vagamente hilados.

Aunque esta película, que se alzó con el Premio del Jurado en la pasada edición del Festival de Cannes y ahora candidata al Oscar a Mejor Película Extranjera, podría seguir ilustrando nuestro Eco dedicado al Cine de la crueldad, la intensidad visual y atmosférica con la que dota Zvyagintsev cada escena de su despiadado retrato sigue guardando un talento exuberante. Y es que, pese a tratarse de su peor y más atropellado largometraje, la asfixia del encuadre invernal en un azulado contraluz de cada escena sexual, la aspereza de cada conversación -donde las frases hirientes comienzan y acaban cada intercambio de golpes entre los personajes- y la cámara, elegante y precisa, capaz de evocar en el abandono, el vacío y la desaparición de ese niño el sentimiento que compone desde su propio título, toda la película, forman una muestra más de que Andrei Zvyagintsev es un cineasta sin soluciones para la humanidad pero cuyo agujero negro cinematográfico sigue provocando interrogantes absorbentes. Quizás, y solo quizás, su intención sea que lleguemos algún día a las respuestas.

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Sin amor (Nelyubov, Rusia, 2017)

Dirección: Andrei Zvyagintsev/ Guion: Andrei Zvyagintsev, Oleg Negin / Producción: Pascal Caucheteux, Gleb Fetisov, Sergey Melkumov, Olivier Père, Alexander Rodnyansky / Diseño de producción: Andrey Ponkratov / Música: Evgeny Galperin / Montaje: Anna Mass/ Fotografía: Mikhail Krichman / Reparto: Maryana Spivak, Alexey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, Andris Keishs, Alexey Fateev

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