PORNO ZOMBIE

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 De Pornhub a Locarno

Cuando empezó Revista Mutaciones, me propuse el reto (entre otras cosas) de escribir crítica especializada de películas, series y otros productos audiovisuales que sería prácticamente imposible encontrar en revistas como Cahiers du Cinéma o Caimán Cuadernos de Cine. Hasta el momento, he logrado “colar” en la web reseñas de obras como Sharknado 5, El rey de la muerte y South Park, artículos sobre Wakaliwood y YouTube y una entrevista a Amarna Miller, directora y actriz porno. Esto, que en principio puede parecer auto publicidad por mi parte (y lo es), lo pongo más que nada para justificar el presente artículo. ¿Por qué escribo de porno zombie? Porque intenté pensar la idea más loca y extrema para un texto y mis compañeros, en vez de decir que no, me animaron a llevarla a cabo. Pero es que, ¿por qué NO iba a escribir sobre porno zombie, si el concepto aúna dos de los productos más consumidos en la actualidad y hay material más que de sobra? ¿Por qué no dejar a un lado los prejuicios y tratar de analizar todo un subgénero con casi medio siglo de historia?

Anna Falchi en Mi novia es un zombie (1994)

El cine de zombies y el erotismo “comercial” han estado ligados desde que se pusiera de moda el primero a finales de los 70 y principios de los 80, y casi siempre en cintas exploitation o de tono cómico/paródico. En España, nuestro compatriota Jess Franco fue uno de los primeros en probar la mezcla con Virgen entre los muertos vivientes (1973), y hay que recordar que el primer trabajo como guionista de la reciente ganadora del Goya a Mejor Dirección, Isabel Coixet, fue en Morbus (Ignasi P. Ferré, 1983), una película con científicos locos, zombies y prostitutas. Los italianos también fueron prolíficos con este tipo de filmes, con directores como Joe D’Amato, Lucio Fulci, Bruno Mattei y, un poco más tarde, Michele Soavi con Mi novia es un zombie (1994, desastrosa traducción de Dellamorte dellamore), donde Anna Falchi interpreta a la no-muerta más bella jamás filmada. En Estados Unidos destacaron el striptease de Linnea Quigley en El regreso de los muertos vivientes (Dan O’Bannon, 1985), el cunnilingus que una cabeza cercenada le realizaba a Barbara Crampton en Re-Animator (1985, Stuart Gordon), la prostituta revivida interpretada por Patty Mullen en Frankenhooker (Frank Henenlotter, 1990) y la protagonista de aspecto gótico y sensual de Mortal Zombie, Mindy Clarke (Brian Yuzna, 1993). Tras la muerte y resurrección que sufrió el cine zombie entre los 90 y los 2000 surgieron filmes como Zombie Strippers (Jay Lee, 2008), con la ex pornstar Jenna Jameson, y una ola de adaptaciones manga y películas de serie B japonesas entre las que destacan Big Tits Zombie (Takao Nakano, 2010) y la saga erótico-festiva Rape Zombie de Naoyuki Tomomatsu, iniciada en 2012 con La lujuria de los muertos vivientes.

Las noches eróticas de los muertos vivientes (1980)

Si centramos el foco en las películas de zombies puramente pornográficas, la cronología sería muy similar. Al menos hasta llegar a la década actual, donde la cosa cambia bastante. Las noches eróticas de los muertos vivientes (Joe D’Amato, 1980) podría considerarse como la precursora del porno con no-muertos. D’Amato, uno de los estandartes del exploitation italiano con cerca de 200 títulos a sus espaldas, dirigió esta película al mismo tiempo (para aprovechar actores y localizaciones) que Holocausto porno (1981), cuyo villano era un monstruo mutante violador. En Las noches eróticas empleó un sistema bastante extendido en la industria cinematográfica, y que se sigue practicando hoy en día, que consiste en que las secuencias pornográficas no tengan mucho peso narrativo para poder construir dos montajes, uno apto para salas comerciales y otro extendido con las escenas explícitas. Así, la trama nos cuenta como un grupo de norteamericanos se adentra en una isla caribeña sobre la que pesa una maldición: un ejército de muertos, invocados por un gato (sic), se levanta de sus tumbas a medianoche y protege su santuario sagrado. Y, de vez en cuando, cada 5 o 10 minutos, los personajes se lo montan entre ellos o con los nativos. La puesta en escena y el desarrollo del filme están inspirados, por no decir otra cosa, en Nueva York bajo el terror de los zombis (Lucio Fulci, 1979), con unos zombies podridos y agusanados que incorporaban elementos del vudú, del vampirismo y del mundo espiritual. Recordemos además, como muestra de lo que eran capaces D’Amato y compañía, que la película de Fulci se intentó vender como una falsa secuela de la mítica Zombi / Dawn of the Dead (George A. Romero, 1978), titulándose en Italia Zombi 2. En cuanto al sexo de Las noches eróticas, nos encontramos con música a todo volumen, multitud de cortes y preferencia por el plano general, todo lo contrario a lo que impera hoy en día: largos planos secuencia, atención por el plano detalle y ausencia de banda sonora. Bueno, y por supuesto abundan los bigotones, pelambreras y matojos típicos de la época, en un reparto liderado por la célebre Emanuelle negra Laura Gemser.

La noche de los zombies calientes (1998)

Después vino el parón zombie de los 90 y, posteriormente, el auge del VHS con los videoclubs y su tentadora zona X que tanto nos intrigaba de pequeños. En 1998 Wicked Pictures lanzaba al mercado doméstico Double Feature!, que en España se tradujo como La noche de los zombies calientes. Dirigida por Jonathan Morgan, la cinta ganó 10 premios AVN (los conocidos como “Oscars del porno”) en la gala del año 2000, convirtiéndose en la producción más laureada de la historia e imponiéndose en la categoría de mejor comedia a obras de títulos tan sugerentes como Misionero Imposible. Homenaje a las dobles sesiones grindhouse setenteras y a la ciencia ficción de los años 50, nos encontramos ante dos películas de terror separadas por tres tráilers falsos. ¿Os suena de algo? Pues La noche de los zombies calientes se hizo 9 años antes que el díptico de Robert Rodriguez y Quentin Tarantino formado por Planet Terror y Death Proof (2007). En la primera parte, como su propio título indica (El ataque de las alienígenas cachondas), nos enfrentamos a las invasoras extraterrestres Clitora, Vulva y Labius, a las que se refieren repetidamente como “zorras espaciales” o “putas intergalácticas”, que someten a los humanos convirtiéndolos en zombies folladores. Repleta de chistes malos, fallos voluntarios de raccord y efectos especiales dignos de Ed Wood, lo cierto es que es una película porno que se puede disfrutar entera sin ningún problema, sin tener que jugar con el botón del fast forward. Incluso las escenas sexuales están integradas de forma que los personajes siguen bromeando e interactuando con la historia, hasta el punto de que la última de ellas es la clave para el desenlace del argumento. Hay un juego narrativo a través de los formatos, pasando del blanco y negro y la música de suspense de los diálogos al color y el pop animado de las escenas sexuales, que casi parecen coreografiados videoclips de la MTV. La segunda parte, una parodia del monstruo de Frankenstein (La bestia folladora), mantiene todos los aciertos de la anterior, añadiendo además un final metanarrativo bastante cachondo. Y qué decir de los tráilers… Solo con los títulos os hacéis una idea: La venganza de los zombies gang-bang, La muerte cabalga sobre un caballo de goma y El ataque de los consoladores gigantes. Por si todo esto fuera poco, en 2011 el Getafe Club de Fútbol rodó Zombies calientes del Getafe (Miguel Campaña), una versión patria de El ataque de las alienígenas cachondas, como principal reclamo para su campaña de captación de abonados. El resultado se puede disfrutar aquí (contenido para adultos).

La actriz y directora Joanna Angel en The Walking Dead: A Hardcore Parody (2013)

Con la llegada de internet, los portales web y las plataformas de vídeo como Xvideos y Pornhub, la producción pornográfica deriva a vídeos cortos en detrimento de los largometrajes, aunque todavía hay productoras que siguen sacando películas de porno zombie al mercado doméstico. Entre ellas Punx Productions (ya desaparecida), con la sangrienta Porn of the Dead (Rob Rotten, 2006), y Burning Angel, que realiza parodias de clásicos del cine de terror con las notables Evil Head (Doug Sakmann y Joanna Angel, 2012, remake de Posesión Infernal de Sam Raimi, 1981), y The Walking Dead: A Hardcore Parody (Joanna Angel y Tommy Pistol, 2013, parodia de la serie The Walking Dead, 2010-?) como obras más destacadas. El contenido de estas cintas, así como de los clips que publican webs como Horror Porn, suele integrar elementos más específicos del terror y el gore. Miembros arrancados (sí, sobre todo “ese” miembro), casquería de todo tipo, heridas realistas, estética tenebrosa… En definitiva fetiches más extremos, quizá símbolo de una sociedad que necesita emociones fuertes, que persiguen sin disimulo la viralización antes que el erotismo.

Otto; or Up with Dead People (2008)

Sin embargo, no toda la pornografía con muertos vivientes se basa en parodias, exploitation y cachondeo. La excepción la encontramos en Bruce LaBruce, un polifacético artista postporno canadiense que ha llevado el porno zombie a festivales tan prestigiosos como Locarno, Sundance, Berlín y Sitges. LaBruce construye su cine con una clara intención provocadora, mezclando escenas de sexo explícito homosexual con la estética punk y skin. En L.A. Zombie (2010), obra por la que ganó el premio a mejor director en el Festival Underground de Melbourne, nos presenta a un zombie extraterrestre de genitales deformes que emerge del mar y va convirtiendo a jovencitos confusos por las calles de Los Ángeles a través del fornicio desenfrenado. No obstante Otto; or Up with Dead People (2008), dirigida un par de años antes, resulta más interesante cinematográficamente hablando. Metáfora del rechazo homófobo y feroz crítica política al sistema capitalista, Otto nos cuenta la historia de un zombie que encuentra trabajo en una película de porno gay. El pobre intenta integrarse, pero el estar muerto juega en su contra, despertando el odio y la incomprensión de algunos vecinos. LaBruce, cuya productora Existential Crisis ya nos da una pista de sus intenciones, compara a los muertos vivientes con el comportamiento sonámbulo y conformista de la sociedad actual, adormecida por el consumismo, y desde el camposanto donde comienza la película nos traslada a los cementerios del presente: mataderos, vertederos, guerras… Además combina distintos estilos para cada secuencia, marcando el tono desde la puesta en escena. Por ejemplo el cine mudo, con el piano, el celuloide deteriorado y los carteles de diálogo, la serie B clásica, con el theremín y las lápidas de cartón piedra, o el video-arte noventero, de encuadres imposibles y retroproyecciones. El componente pornográfico está menos presente que en L.A. Zombie, pero no ausente. Es inevitable no fijarse en la penetración abdominal que le hace un zombie a su novio, después de abrir un agujero a mordiscos en su vientre.

Mientras los zombies sigan de moda en la cultura audiovisual, el porno continuará reflejándolo en sus producciones, y las noticias de próximas series, videojuegos y películas confirman que el fenómeno está más vivo (o no-muerto) que nunca. Desde el exploitation a los Oscars del porno, desde Pornhub a Locarno… Estos son solo algunos ejemplos de que el porno zombie, como el cine en general, evoluciona, se transforma, se ramifica y se filtra tanto en la “alta” como en la “baja” cultura. Que hay porno zombie termita y porno zombie elefante blanco, y que los prejuicios no deben cegarnos a la hora de analizar cualquier tipo de cine.


 

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