MIDSOMMAR

Culto al terror

Los dos únicos largometrajes de Ari Aster (Hereditary y Midsommar) han avivado un debate en el que se han incluido varias películas de los últimos años como Déjame salir (Jordan Peele, 2017), La bruja (Robert Eggers, 2015) o It Follows (David Robert Mitchell, 2014). Todos estos filmes han sido catalogados en una suerte de subgénero llamado “elevated horror”, o “terror elevado”, por su manera de transportar el cine de terror a los ritmos y la estética que triunfan en festivales de prestigio y en los premios académicos. Pero lo que, en un principio, suena a halago (la sofisticación y el refinamiento del terror) no es más que una manera de desprecio por el género. Como si el terror no pudiera ser estilizado por el mero hecho de ser terror (podríamos poner mil ejemplos que irían, por decir algo, desde El gabinete del doctor Caligari de Robert Wiene a la Suspiria de Luca Guadagnino). O lo que es peor, como si una película, sea del género que sea, tuviera que ser “elevada” para ser “buena”, pero esa es otra historia. El caso es que este desprestigio hacia el terror ha existido y existirá siempre, y los autores son conscientes de ello. El propio Aster reconoció en declaraciones a ScreenCrush haber evitado pronunciar la etiqueta “terror” con Hereditary, y ahora vuelve a esquivar el tema en una entrevista con Marta Estévez en El Correo: “No me considero un director de terror, soy director, punto. He escrito guiones de todo tipo de géneros. Llegué al terror porque tuve la suerte de vender un guion, pero es cierto que mientras ‘Hereditary’ encaja bien dentro del género, ‘Midsommar’ se acerca más a las fábulas folclóricas.” Es decir, mientras directores como Jordan Peele abrazan sin vergüenza al género, intentando acallar un debate basado en los prejuicios, supongo que tendremos que esperar a que Aster promocione su tercera película para que admita, finalmente, que Midsommar era terror.

Porque Midsommar es una película de terror. Y, si me apuras, diría que una película de terror mucho más clásica en su planteamiento que Hereditary. Por supuesto está la gran referencia, de principio a fin, que es El hombre de mimbre (Robin Hardy, 1973), cuyo esquema han seguido desde entonces infinidad de películas de sectas como las recientes El Infinito (Justin Benson y Aaron Moorhead, 2017) y El Apóstol (Gareth Evans, 2018). La salvedad consiste en que Aster combina el surrealismo pagano de estas obras con la violencia salvaje a plena luz del día de clásicos del terror rural norteamericano como 2000 maníacos (Herschell Gordon Lewis, 1964) o La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974). La mezcla converge gracias a la puesta en escena de un Aster que, polémicas aparte, sabe dar mal rollo como nadie a la vez que maravilla con la composición de sus planos y la fotografía más luminosa. Su estilo visual sirve de nexo hipnótico sobre el que pasar de un extremo a otro sin previo aviso. De una cara reventada en primer plano a unos gritos en la lejanía que no son ni comentados. De un suicidio ritual a una alusión a Austin Powers. Sabemos qué va a pasar, Midsommar no retuerce los tópicos del género sino su presentación y la manera en la que van a ser degustados. Ahí radica la mejor virtud de su director.

Pero una cosa es la forma, y otra el fondo. Y en eso también hay paralelismos con su anterior película. Las dos esconden un horror terrenal tras sus cultos y sus rituales. Si en Hereditary sufríamos por un mal intrafamiliar, Midsommar apuesta por los demonios de las relaciones tóxicas, de la afinidad frente a un grupo o personas similares y de la sensación de pertenencia. La última coincidencia es la manera en que estallan estos conflictos. El sufrimiento psicológico de los personajes se va incrementando a fuego lento, al mismo tiempo que las torturas físicas que aparecen en pantalla, para culminar en una orgía liberadora de sangre, locura y exceso. Pero esto último no se lo digáis a nadie, no vaya a ser se enteren los del “terror elevado”.


Midsommar (Estados Unidos, 2019)

Dirección: Ari Aster / Guion: Ari Aster / Producción: B-Reel Films, Parts and Labor. Distribuida por A24 / Fotografía: Pawel Pogorzelski / Montaje: Lucian Johnston / Música: The Haxan Cloak / Dirección artística: Eszter Takács/ Diseño de producción: Henrik Svensson / Reparto: Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, William Jackson Harper, Ellora Torchia, Archie Madekwe, Vilhelm Blomgren, Julia Ragnarsson.

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