LOS MUERTOS NO MUEREN

Un zombie de películas de zombies

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Si sois lectores habituales de crítica y análisis de cine, muchas veces os habréis encontrado con textos en los que el crítico defendía una teoría enrevesada de lo que supuestamente habría querido decir el autor de la obra en tal escena o en tal película. Normalmente, esas explicaciones son tan solo una ida de olla del escritor que nada tiene que ver con las intenciones del cineasta. En las ruedas de prensa siempre hay un par de preguntas de postureo de «yo he entendido esto, ¿tengo razón?«, y las respuestas del director suelen ser «no lo sé» o «no se me había ocurrido verlo así» o «no soy la persona más adecuada para responder esto sobre la película«. Precisamente éstas fueron las declaraciones exactas de Jim Jarmusch durante la presentación de Los muertos no mueren en Cannes (recogidas por Marta Medina para El Confidencial). «Creo que la metáfora que se ha buscado sobre los zombis es mayor de lo que yo mismo he analizado, o de lo que he sido consciente«, era lo que declaraba el realizador. Todo esto no quita que algunas de esas locas teorías no dejen de ser interesantes. Incluso para el propio director. Si está bien argumentada, una lectura alternativa puede crear puntos de vista igual de atractivos que el original e, incluso, igual de válidos, porque no toda la puesta en escena se realiza de manera consciente. Este texto es uno de esos análisis intrincados que seguramente nada tienen que ver con las intenciones del filme. Si es interesante o no, os lo dejo a vosotros.

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La teoría es la siguiente: Los muertos no mueren es un zombie de las películas de zombies. Porque… ¿Qué es un zombie? Y me refiero a un zombie clásico. No tan clásico como los zombies vudú de Yo anduve con un zombie (Jacques Tourneur, 1943) o La legión de los hombres sin alma (Victor halperin, 1932), sino a los del canon creado por George A. Romero en su doble trilogía «of the dead«, único y verdadero referente del zombie cinematográfico moderno. Para simplificar, un zombie es un muerto viviente. Ahora que vivimos una época en la que se plantea si el cine de súper héroes puede estar ante el principio del fin y sucumbir a una muerte como la que sufrió el western, no viene mal recordar el estado del cine zombie. En los últimos 5 años, las únicas películas que han llegado a nuestras carteleras con (al menos) una mínima repercusión han sido Resident Evil: Capítulo final (Paul WS Anderson, 2017), One Cut Of The Dead (Shinichirô Ueda, 2016), Orgullo + Prejuicio + Zombies (Burr Steers, 2016), Tren a Busan (Yeon Sang-ho, 2016) y [•REC] 4: Apocalipsis (Jaume Balagueró, 2014). Es decir, quitando al continente asiático, el cine zombie está bajo mínimos. Lejos quedan los éxitos de Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013), Bienvenidos a Zombieland (Ruben Fleischer, 2009), 28 semanas después (Juan Carlos Fresnadillo, 2007) y [•REC] (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007). Pero el mayor signo del declive del zombie en la cultura audiovisual en la última década es The Walking Dead (Robert Kirkman, 2010-?), que lleva perdiendo audiencia desde la temporada 5 (y bastante habían aguantado ya) y se rumorea que se despedirá de la parrilla en su próxima décima temporada. Con estos datos, ya sería de justicia asegurar que cualquier película actual de zombies es, en verdad, una película zombie. Una película no-muerta dentro de un subgénero muerto. Pero para Los muertos no mueren, esta es solo una de las características que la convierten en la película zombie por antonomasia.

Después de aclarar qué es un zombie, vamos con la siguiente pregunta: ¿Cómo se comporta un zombie? Vamos por partes:

Un zombie es lento. Los muertos no mueren no es que sea lenta, es que es deliberadamente soporífera.

Un zombie se alimenta de gente viva. Los muertos no mueren se alimenta de actores y cantantes de éxito, así como de películas famosas (Star Wars, Kill Bill, La noche de los muertos vivientes…)

Un zombie repite los hábitos que tenía en vida. Los muertos no mueren repite hasta la saciedad los tópicos y las claves más manoseadas del subgénero.

Un zombie no tiene sentimientos, es imperturbable. Como unos Bill Murray y Adam Driver sin alma, incapaces de mover un músculo facial durante todo el filme.

A veces, un zombie toma consciencia de sí mismo. En Los muertos no mueren se rompe la cuarta pared en un par de ocasiones, hablando de su banda sonora y de su guion.

Y, para terminar, a un zombie se le mata destruyendo su cerebro. No hay más que ver el clímax de Los muertos no mueren (que no vamos a desvelar) para darse cuenta de que la lógica narrativa es aniquilada, muerta y enterrada.

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¿Son suficientes pruebas para decir que Los muertos no mueren es una película zombie de películas de zombies? ¿Es tan solo una excusa para intentar defender a Jarmusch ante una película tan anodina? Probablemente, las dos cosas.

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