LOS FANTASMAS DE ISMAEL

It Ain’t Me Babe

Los fantasmas de Ismael empieza como una historia de espías, que es en realidad una ficción escrita por Ismael acerca de su hermano, que es en realidad él mismo proyectándose en la vida de su hermano. Los primeros cinco minutos son como un prólogo lúdico al estilo de James Bond. La película propiamente dicha comienza con Ismael (Mathieu Amalric) escribiendo esta película, cuando recibe una llamada intempestiva de su suegro y acude a su casa. Ambos miran unas diapositivas de Carlotta (Marion Cotillard), la mujer de Ismael, que huyó de ellos hace años desapareciendo de sus vidas. Hablan de ella: reproches, culpas admitidas, melancolías… y concluyen con una amistosa y tierna despedida. Ambos parecen estar representando una función ya conocida pero que necesitaran repetir a cada tanto como exorcicio; lo que da a la escena una intensidad al mismo tiempo liviana y sentida, que es el tono que mejor caracteriza a la película en sus mejores momentos.

Los fantasmas de Ismael

He aquí pues el primer fantasma de la película, Carlotta, que regresará tras años de ausencia para poner a prueba el delicado equilibrio que construyó Ismael a través de una nueva relación con Sylvia (Charlotte Gainsbourg) y la dedicación al cine. Hay otros, como el hermano de Ismael, Ivan Dedalus (Louis Garrel), y su correlato en la ficción que anda escribiendo, en pleno bloqueo creativo. Como en toda película de fantasmas que se precie, nos encontramos ante una red rica en resonancias y proyecciones que haría las delicias a un psicoanalista, y eso sin introducir al propio Arnaud Desplechin en juego, que llena la película de elementos autobiográficos y referencias a sus films anteriores. En suma, un laberinto de espejos sobre el dolor de la pérdida, los fantasmas del creador y el exorcismo de crear.

Escenas como el encuentro entre Ismael y su suegro o la deslumbrante conversación entre Ismael y Carlotta tras su regreso se apoyan en la teatralidad de las interpretaciones, en el mejor sentido del término aplicado al cine, donde los afectos en juego relucen a través del estilizado trabajo de sus intérpretes, en especial un Mathieu Amalric histérico que muestra en sus arrebatos de tristeza y locura la inestabilidad que produce una ausencia. Con todo, hay en el sufrimiento histérico de Amalric un componente más cómico que trágico que contribuye al impulso lúdico, genuinamente cinematográfico, que hace avanzar la película.

Es en la ficción de espías dentro de la ficción donde este componente lúdico brilla más, pero que afecta a toda la estructura de Los fantasmas de Ismael, cargada de elipsis y flashback, y a una puesta en escena en constante exploración de los sentidos, que no teme a los fundidos ni a las sobreimpresiones, ni a hacer bailar a Marion Cotillard la imbailable It Ain’t Me Babe de Bob Dylan.

Los fantasmas de Ismael


Los fantasmas de Ismael (Les fantômes d’Ismaël, Francia, 2017)

Dirección: Arnaud Desplechin / Guion: Arnaud Desplechin / Producción: Pascal Caucheteux (para Why Not Productions) / Música: Grégoire Hetzel / Fotografía: Irina Lubtchansky / Montaje:  Laurence Briaud / Diseño de producción:  Toma Baqueni / Reparto:  Mathieu Amalric, Marion Cotillard, Charlotte Gainsbourg, Louis Garrel, Alba Rohrwacher, Hippolyte Girardot, Samir Guesmi, Laszlo Szabo

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