LA PROFESORA DE PARVULARIO (2018)

Banalidad y moral

Una mujer de mediana edad, amante del arte aunque frustrada por los límites de su diletantismo, contempla como su vida se sume en una rutina compuesta por quehaceres familiares, talleres de poesía para adultos, y un trabajo como ya veterana maestra de parvulario. Pero lo que ya da por perdido como una existencia condenada a lo gris, da un vuelco cuando descubre, entre los niños y niñas a su cargo, a un posible genio de la poesía, prendándose de sus versos y traspasando, en el nombre del arte y contra la banalidad del mundo que a buen seguro acabará por aplastar su talento, los límites morales que se le presuponen a alguien perteneciente a su oficio. Algunos recordarán este personaje y su conflicto como los pilares dramáticos de la película israelí La profesora de parvulario (Nadav Lapid, 2014) en la que la profesora del título, Nira, se enfrenta a un muro de incomprensión adulta que, siempre según su parecer, separa al pequeño poeta Yoav de su destino como genio de las letras… a pesar de que el niño es utilizado por la una y los otros en casi igualdad de condiciones en su falta de comprensión hacia las necesidades del pequeño. Así, y a través de un desarrollo narrativo considerablemente turbio aunque algo lastrado por una puesta en escena tan interesante en sí misma considerada como a la postre distanciante del conflicto que planteaba, esta película se metió a una parte importante de la crítica en el bolsillo, revalorizando el primer largometraje de su realizador, Policía en Israel (2011), y allanando el terreno hacia su más que probable definitiva consagración con Synonymes (idem, 2019), que en el pasado Festival de Berlín se aupó con el Oso de Oro.

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Prestigio que probablemente condicionará de entrada la recepción de este remake estadounidense de aquella La profesora de parvulario por considerarla, con algo de razón, una pasteurización indie de las premisas argumentales del film de Lapid quien, sin embargo, participa en ella en calidad de productor ejecutivo de esta película protagonizada de forma casi absoluta por la actriz Maggie Gyllenhaal. Un juicio que devendría parcialmente injusto en lo cualitativo aunque acertado en lo creativo, ya que La profesora de parvulario (2018) según la premiada directora y guionista Sara Colangelo sigue punto por punto el desarrollo del film primigenio de Lapid, copiando a destajo prácticamente todas las situaciones y diálogos que lo componen. Un aspecto que de cara a los espectadores que no hayan visto el film de 2014, o directamente desconozcan su existencia, ni aporta ni resta nada al visionado de esta nueva versión, pero que sí nos permite establecer un juicio de valor sobre el grado de creatividad aplicado por Colangelo respecto a su modelo israelí y su modesto, aunque no por ello despreciable, resultado final.

Bajo esta perspectiva, y si nos ceñimos por ahora a la labor de Colangelo como guionista, las diferencias entre ambos guiones, casi idénticos, pueden agruparse en dos grandes variaciones respecto al original. La primera, y menos interesante, se refiere al retrato de la sociedad israelí que pasa a ser, lógicamente aunque de forma mucho más devaluada, uno de la estadounidense. Mientras que el segundo, que deviene más provechoso desde una óptica dramática, supone un ejercicio de síntesis dramática llevada a cabo por Colangelo sobre el trabajo de Lapid. La preponderancia que el film israelí daba al enrolamiento de uno de los hijos de la protagonista a las fuerzas armadas o, de forma más soterrada, al machismo y clasismo de la sociedad, en aquel caso israelí, se convierte, en el film de 2018 en alimento para el drama principal en el que el personaje de Gyllenhaal, no en vano una de las productoras de la película, se sitúa como epicentro absoluto. Así, y por poner solo algunos ejemplos al respecto, el hijo de Lisa, Josh, también se plantea enrolarse en el ejército (como no, estadounidense), pero este hecho es utilizado desde el guión de Colangelo para subrayar el abismo que separa a la protagonista de sus hijos. Igualmente, la viciada relación que mantiene con su esforzado y amoroso esposo Grant se dibuja a la medida del conflicto del personaje interpretado por Gyllenhaal, como también ocurre con la fugaz relación extramatrimonial que Lisa mantiene con su profesor de poesía. Y es que no es solo por motivos relacionados con el ritmo que esta versión estadounidense es casi veinte minutos más corta que su homónima israelí: la reescritura de Colangelo somete a una poda al guión de Lapid, humanizando tanto a los personajes como a sus reacciones, y atando cabos que en el film original aparecían si no sueltos sí libres a la interpretación del espectador, mostrados aquí estructurados de forma sólida, en base a una causalidad tan clara y meridiana como el conflicto sobre el que pivota La profesora de parvulario. El de una mujer que, ante la mediocridad que contempla altivamente a su alrededor, proyecta en uno de los niños a su cargo todas sus frustraciones personales, profesionales y vitales hasta un peligroso grado de obsesión que, gracias a la confluencia de los diferentes conflictos que laten bajo la película en la figura de Lisa, se ve justificada ante el público por la triste visión que del mundo y de su vida tiene la maestra de párvulos.

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Lo que, sobre el papel, funciona bien, pero que visto en pantalla pierde potencia debido a una puesta en escena que, ay, no genera la gelidez a la que apuntan muchos de sus componentes, como los encuadres dentro de encuadres que acorralan a su protagonista, subrayando su orgulloso y amargo aislamiento de aquellos que le rodean, o planos distantes que cuajan en un quietismo formal que se diría busca situar al espectador en el papel de juez ante unas acciones que se exponen, sin que la dirección de Colangelo parezca posicionarse en uno u otro sentido. Visto así, se diría que la directora busca distanciarse, y a fe que lo consigue, tanto de imponer su visión al público como de la opción formal del original, efectivamente particular, y ocasionalmente cargante, en su ralentización de las reacciones de los personajes del film hasta la exasperación moral del espectador, introduciendo soliloquios y fugas formales en las que la serpenteante cámara se revelaba, a veces, como un personaje más físicamente presente en la escena. A cambio, Colangelo deja el conflicto de su película al desnudo, siendo éste lo que realmente le importa transmitir al espectador con la esperanza de que sea este quien llegue a sus propias conclusiones. Un objetivo encomiable que es también el aspecto más logrado de la película, pese a que en esta ocasión viene acompañado por una falta de densidad que convierte a La profesora de parvulario en un film convencional y hasta carente de garra más allá de los interesantes e incómodos conflictos morales que plantea.

O por decirlo de otro modo: Colangelo concreta, en fondo y forma, lo que Lapid apuntaba con un trazo cinematográfico más libre, pero también más diluido en su pegada moral, otorgando a algunos momentos concretos como el recital de poesía al que acuden Lisa y Jimmy una incomodidad familiar por cotidiana, incompatible con una opción más abstracta. Pero la ausencia de un estilo que confiera fuerza dramática a La profesora de parvulario, o de una opción escénica mucho más creativa como la demostrada cuatro años antes, deja al descubierto el talón de Aquiles del film de la directora. Ya que esta es una película que, paradójicamente, habla sobre la banalización de la cultura en nuestra sociedad a través de una plasmación formal que, si de algo peca es, precisamente, de una cierta trivialidad. Aunque lo haga en aras de compartir de forma efectiva con su público la turbiedad moral de su desarrollo, que se convierte en su verdadero y prácticamente único punto de interés. Lo que, sumado a la excelente labor del plantel actoral con una estoica y turbadora Gyllenhaal a la cabeza, no es suficiente para construir la fascinante película que podría haber sido, aunque sí para armar una entretenida.

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La profesora de parvulario (The Kindergarten Teacher, EE.UU., 2018)

Dirección y guion: Sara Colangelo. / Producción: Talia Kleinhendler, Osnat Handelsman-Keren, Maggie Gyllenhaal, Celine Rattray,Trudie Styler. / Música: Asher Goldshmidt. / Fotografía: Pepe Avila Del Pino. / Montaje: Marc Vives, Lee Percy. / Reparto: Maggie Gylenhaal, Parker Sevak, Gael García Bernal, Anna Baryshnikov, Rosa Salazas, Michael Chernus.

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