LA LUZ DE MI VIDA

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En 1954, Elia Kazan estrenó La ley del silencio (On the Waterfront) en plena Guerra Fría. EEUU, con el presidente Truman al mando, lideró la lucha anticomunista que tanta influencia tuvo en Hollywood tanto por la histórica “lista negra” como por la “caza de brujas” que se instauró en la industria cinematográfica. Kazan fue denunciado por soplón, y ante el bochornoso porvenir que le esperaba, utilizó la mencionada película para justificar, de alguna manera, sus actos.

Más de medio siglo después, Casey Affleck parece acordarse del director de Un tranvía llamado Deseo (A Streetcar Named Desire, 1951) puesto que la sospecha de que algo serio tiene que aclararnos toma fuerza, conforme se va desarrollando La luz de mi vida (Light of My Life, 2019), su debut en la ficción. Estos son los antecedentes:

En 2017 Affleck obtuvo el Oscar al mejor actor por su labor en Manchester frente al mar (Manchester by the Sea), pero la entrega del premio no fue nada agradable para el intérprete puesto que las escandalosas acusaciones de acoso sexual que dos trabajadoras técnicas de su falso documental I’m Still Here presentaron contra él en 2010 protagonizaron la ceremonia. El actor, que creía haber cerrado el caso a través de un “acuerdo extrajudicial” años atrás, fue criticado y reprochado por el movimiento #MeToo que acababa de estallar meses antes. Al año siguiente, Affleck renunció a entregar el Oscar a la mejor actriz, rompiendo una de las tradiciones más sagradas de Hollywood.

Aunque la situación y las preocupaciones sociales sean distintas en los años 1954 y 2019, La ley del silencio y La luz de mi vida comparten una necesidad de dar voz al punto de vista de ambos directores. Al contrario que Kazan, Affleck no busca justificarse -no hay justificación posible ante un acoso sexual-, sino que su objetivo es hacer las paces con la industria y reivindicar el importante papel de la mujer en la sociedad.

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En su película, el empoderamiento del género femenino, y su puesta en valor, se plasman en un ambiente distópico en el que un padre (el propio Affleck) y su hija (Anna Pniowsky) vagabundean por los bosques estadounidenses después de que una plaga haya causado la casi total desaparición de las mujeres. La premisa postapocalíptica que presenta La luz de mi vida, sin embargo, evita toda convención fantástica. Y, lejos de asemejarse a superproducciones épicas como La carretera (The Road, John Hillcoat, 2009) o Hijos de los hombres (Children of Men, Afonso Cuarón, 2006), el film apuesta por la sencillez estética e intenta resaltar las emociones de sus personajes.

La trama se desenvuelve a modo de la crónica de supervivencia en la que padre e hija huyen de la violenta presencia masculina, dañada a causa de la casi inexistencia femenina. El director apenas da información sobre lo sucedido diez años atrás, cuando la extraña plaga mató a las mujeres, y la historia no logra gran consistencia en su contextualización. Tampoco se da ninguna explicación sobre por qué la pequeña sigue viva o de cómo llegaron algunas de ellas a refugiarse en bunkers que al parecer resguardan a cientos de mujeres aún vivas.

Quizá Affleck pretendiese reforzar la relación entre los dos protagonistas del film, la del propio director-actor con las mujeres que lo tienen en el punto de mira. Pero, por mucho que se esfuerce en mandar mensajes del estilo «el mundo estará curado y equilibrado cuando haya más mujeres”, o empoderar de sabiduría a su hija –siempre rodeada de libros-, la actitud ultraprotectora del padre aborta toda buena intención cayendo él mismo en la redención social: “Ya me hicieron daño”.

Un intento de sensibilizar aún más la trama recae en los escasos flashbacks en donde se muestra el dolor del padre al ver morir a su propia mujer, y que poco o nada aportan en realidad a la historia. No son más que un subrayado empalagoso que dejan en evidencia las intenciones reconciliadoras del realizador.

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La Luz de mi vida (Light of My Live. Estados Unidos, 2019)

Dirección: Casey Affleck / Guion: Casey Affleck / Producción: Black Bear Pictures. / Fotografía: Adam Arkapaw/ Música: Daniel Hart / Dirección artística: Sharon Thompson/ Diseño de producción: Sara K. White/ Reparto: Casey Affleck, Anna Pniowsky, Tom Bower, Elisabeth Moss, Hrothgar Mathews, Timothy Webber, Patrick Keating, Monk Serrell Freed, Lloyd Cunnington

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