LA LA LAND

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El precio de los sueños

La ciudad de las estrellas (La La Land, Damien Chazelle, 2016) tiene la delicadeza de Sonrisas y lágrimas (The sound of music, Robert Wise, 1965), la picardía de West Side Story (Robert Wise, Jerome Robbins, 1961) y la elegancia de Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the rain, Gene Kelly y Stanley Donen 1952). Y es que el joven director, Damien Chazelle, ha hecho de su película un nuevo icono musical y ha convertido un género que estaba envejecido y quizás algo olvidado, en un nuevo referente que ha tocado la fibra sensible del público. La música, compuesta por Justin Hurwitz (compañero del propio Chazelle en Harvard) , es jazzística, rítmica y bailable al más puro estilo claqué o vals (en ocasiones incluso evoca, con suaves melodías de flauta, a la llamada de cualquier hada de un cuento de fantasía). Las letras de Benj Pasek y Justin Paul son divertidas, inspiradoras y lo más importante, tienen como objetivo expresar cómo se sienten los personajes, a veces, con mensajes profundos y metafóricos. De ahí que la ciudad de las estrellas sea el lugar de las oportunidades, y que “La La Land” venga de L.A., la abreviatura de la ciudad de Los Ángeles.

En vez de nombrar todas las influencias de otros musicales reflejadas en La La Land, interesa desglosar otras cosas que quizá, son más interesantes. Hay que tener en cuenta que Chazelle aprendió a tocar la batería en Princeton High School cuando estaba en secundaria, además de ser un gran director, entiende la música como instrumentista. Por eso, ya dejó arriba el nivel con su anterior película Whiplash (2014) que cuenta la historia de Andrew Neiman (Milles Teller), un baterista con un grado descomunal de autoexigencia y perfección, que refleja cuán duro es el recorrido de cualquier persona que decida estudiar música; sacrificado, absorbente y desmedido, pero uno de los más satisfactorios. Porque dedicarse a cualquier disciplina artística es una tarea ardua, compleja y en ocasiones injusta, pero todo artista que sea puramente vocacional, tiene como su mayor trofeo, la fascinación por crear.  Y eso también se refleja en La La Land, la historia de un romance entre una actriz y un pianista, pero hay mucho más que eso. Solamente viendo el inicio de la película, con ese plano secuencia hipnótico, original y alegre que transmite pura energía, el film queda ensalzado desde el principio con un mensaje a modo de presentación; “cuando me dicen que no y casi no tengo dinero, un micrófono y luces de neón es todo lo que necesito”. Monopatines, abanicos, bicicletas y gafas de sol en pleno atasco infernal para invocar a los sueños. En términos de arte y vestuario Chazelle apuesta por una simplicidad refinada y sin adornos, con texturas lisas y monocromáticas. Amarillos, verdes, azules sin estampados encajan con el particular estilo de la película.

Mia (Emma Stone) tiene como profesión el segundo oficio por excelencia de cualquier actriz, es camarera en una cafetería de los Estudios Warner. El destino la lleva a entrar en un restaurante donde se encuentra con Sebastian (Ryan Gosling) un pianista al que le apasiona el Jazz. Ambos luchan para conseguir hacer realidad sus sueños, el de ella, ser actriz, el de él, comprar un emblemático antiguo Club de Jazz que se ha convertido en un bar de Samba y tapas. Aunque Chazelle ha sido criticado por varios gremios de músicos que puntualizan que el Jazz de la película aparece como un cebo de comercio y marketing cultural, lo cierto es que el director intenta hacer una crítica a la decadencia del género que nacía a finales del XIX. Observamos una conversación entre los protagonistas en la que Sebastián asegura que “el Jazz se está muriendo” y por ello, se le aporta una chispa vida en la película.

Algo que apremiar en el metraje, es que Chazelle no cae en la perfección, y algo que parece La La Land a simple vista es una película muy cuidada y meditada, y lo es, pero a diferencia de otros musicales antecesores, las canciones no están perfectas y ese es uno de los grandes encantos. En ocasiones, vemos a los actores cantando juntos, riéndose, jugando y sobre todo, primando la interpretación a la voz, anteponiendo la transmisión de emociones a el tono, el timbre o la afinación. Emma Stone tiene una voz dulce y ligeramente rasgada, pero no es una gran voz, de hecho, es aireada en las notas más agudas. Lo bueno es que; no le hace falta; su magnánima naturalidad y la exuberante elegancia de Gosling son más que suficiente. Disfrutamos de lo mucho que Emma Stone pone de ella misma en la película, esos gestos alocados e infantiles que aparecen en algunas piezas, su característica manera ligeramente “ceceada” de hablar que la hace especial y sus ojos empañados en lágrimas que funcionan como espejo para el dolor. Gosling está pletórico al piano, al mismo tiempo que hace un papel sentimental y ligeramente altivo, el atractivo de la elaboración de su personaje se plasma en su elegancia, su forma de andar, de mirar por encima del hombro, de torcer el gesto y de mirar a su compañera de ojos color esmeralda. Puede parecer contradictorio, pero el veredicto conclusivo es que funcionan perfectamente bien por separado, porque son dos grandes actores, pero la química entre ellos como pareja romántica viene y va, es una fluidez inconstante. Pero el mejor acierto es que aunque sea una película divertida, alocada y con un aire festivo y en ocasiones Chazelle peque de excesos oníricos y fantasías, hay cierto amargor en su moraleja. El film nos inspira y nos hace volar, pero no sin antes hablarnos del esfuerzo, del sufrimiento y del sacrificio que conlleva cumplir con nuestros logros. Nos habla del porcentaje de IVA que hay que pagar si queremos conseguirlo, de la letra pequeña del contrato, porque aunque los sueños se cumplen, puede que eso signifique que nuestra vida profesional debe estar por encima de cualquier cosa, anteponiendo amistad, amor e incluso a nosotros mismos. Gosling aprendió a tocar el piano expresamente para interpretar el papel, los ensayos en cada baile, aprender a cantar, cuadrar cada pieza. Estas son las características que se pueden llevar a cabo en una superproducción, eso está claro, pero si esta película ha sido tachada o ensalzada por revalorizar las ambiciones individuales, la cuestión es que si después de tanta miseria y tantos problemas sociales no hay películas así, que nos hagan tener un gusanillo en el estómago de histeria personal, que sean un chute de energía para seguir adelante y para tener la cabeza llena de pájaros y las ideas llenas de ambiciones, entonces ¿qué haríamos?.


La La Land (EEUU, 2016)

Dirección: Damien Chazelle / Guion: Damien Chazelle / Producción:Summit Entertainment / Gilbert Films / Impostor Pictures / Marc Platt Productions / Música: Justin Hurwitz / Fotografía: Linus Sandgren/ RepartoEmma Stone, Ryan Gosling, John Legend, Rosemarie Dewitt, J.K. Simmons,Finn Wittrock, Sonoya Mizuno, Jessica Rothe, Jason Fuchs, Callie Hernandez.

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