MATERNIDAD Y CINE DE TERROR

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De Psicosis a Tu madre se ha comido a mi perro

Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)

Al cine de terror no le caen bien las madres. Ya sea por presentarlas como maníacas manipuladoras sin compasión o aterrorizándolas con monstruitos que las consumen desde su vientre, el cine de terror no deja a las figuras maternas en muy buen lugar. Algo extraño, pues el género ha sido uno de los pocos en crear heroicas figuras femeninas ya desde los años 70 (Jamie Lee Curtis, Sigourney Weaver…), pero siempre solteras. A las madres ni agua. Por supuesto hay honrosas excepciones, como Dark water (Hideo Nakata, 2002), Mamá (Andres Muschietti, 2013) o Babadook (Jennifer Kent, 2014), en las que la figura maternal se muestra como sacrificada protectora, gozando de cierto poder gracias a su valentía. Por lo demás lo normal es presentar a las madres en dos roles casi estandarizados: el primero sería como matriarca opresora que, ya sea psicológica o físicamente, manipula o, directamente, asesina. El segundo, la víctima embarazada, débil e impotente, que es atacada desde el exterior o, más habitualmente, desde el interior.

Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980)
Malas madres

Cuando se habla de maternidad en el cine de terror es inevitable dirigirse a Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Aunque la madre no juegue un papel directo en la acción (oh, spoilers), su influencia anterior sobre Norman es la clave de toda la trama. Se la dibuja como una figura manipuladora, maltratadora, déspota, que insemina en su hijo un odio visceral hacia las mujeres. Una relación que en la película sólo se intuía, pero que más tarde se desarrollará en forma de precuela en la serie Bates Motel (2013-Actualidad).

Las dos herederas directas de Norma Bates las encontramos en Carrie (Brian De Palma, 1976) y Viernes 13 (Sean S. Cunningham, 1980). En la adaptación de Stephen King, Margaret White (Piper Laurie), añade el componente ultrarreligioso y sube el nivel de maltrato hasta provocar la ira de su hija. Por su parte, la madre de Jason, Pamela Voorhees (Betsy Palmer), cambia los roles de Psicosis siendo ella misma la autora de los asesinatos en nombre de su hijo, supuestamente fallecido (vaya, más spoilers).

No son las únicas madres con tendencias violentas o asesinas. En El día de la madre (Charles Kaufman, 1980) nos encontramos ante otra matriarca que obliga a sus hijos a cometer crímenes, mientras que en Baby Blues (Lars E. Jacobson, 2008) o en Goodnight Mommy (Severin Fiala y Veronika Franz, 2014) la violencia es contra su propia prole, con algún que otro giro sorpresa. Los ejemplos más viscerales los podríamos encontrar en Madres Caníbales (James Aviles Martin, 1988) o en Braindead, tu madre se ha comido a mi perro (Peter Jackson, 1992), de las que creo que no hace falta comentar su argumento. Sin embargo, ha sido Dario Argento el que ha llevado el mal materno a su máxima expresión con su “trilogía de Las Tres Madres”: Mater Suspiriorum, Mater Tenebrarum y Mater Lacrimarum (Suspiria -1977, Inferno -1980 y La madre del mal -2007, respectivamente), tres hermanas brujas que controlan maléficamente el mundo ocultas en la sombra. Otra mala madre, en este caso por dejar morir a su hijo, es el personaje de Charlotte Gainsbourg en Anticristo (Lars Von Trier, 2009), que acaba en una espiral autodestructiva de locura y depresión a causa de ello.

La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968)
Embarazo no deseado

Quizá ese rol de maldad que poseen las madres en el cine de terror sea la causa por la que el género trata tan mal a las embarazadas. Quedarse embarazada en una película de horror es síntoma inequívoco de que la cosa no va a acabar bien. Cuando no es violentamente atacada aprovechando su estado de indefensión (como en Al interior -Alexandre Bustillo y Julien Maury, 2007-, Baby shower -Pablo Illanes, 2011- o Proxy -Zack Parker, 2013), la mujer se convierte en portadora del mal, en un vehículo, voluntario o no, para el nacimiento de criaturas terroríficas, cuando no del mismísimo Anticristo en persona. Llevándolo al límite, todo el cine de posesiones demoníacas no es más que una tópica metáfora de este concepto: una mujer, normalmente en la adolescencia, comete un pequeño desliz pecaminoso y un ente maligno se introduce en su cuerpo, torturándola. Un castigo divino totalmente moralista que nos retrotrae al misógino pecado original. Recordemos, por ejemplo, que la historia que inspiró El exorcista (William Friedkin, 1973) estaba protagonizada por un niño, pero se cambió el género para su adaptación a novela/película.

El nacimiento del mal es casi un subgénero dentro del cine de terror, siempre con la figura materna como principal víctima atormentada. Por supuesto hay excepciones, como el terrorífico parto de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) con John Hurt como malogrado protagonista, pero el ensañamiento femenino es una constante. Desde el clásico La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), en el que Mia Farrow era maltratada psicológicamente por una comunidad patriarcal tras ser violada por el Diablo, las películas de pequeños Anticristos, fetos asesinos y bebés con muy mala uva se han repetido hasta la saciedad, como por ejemplo en: ¡Está vivo! (Larry Cohen, 1974), sobre un bebé mutante que la lía desde el instante del parto, La profecía (Richard Donner, 1976), donde una madre da a luz a un niño muerto y adopta al Anticristo, ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), niños se vuelven asesinos incluyendo el que lleva en el vientre una embarazada, Cromosoma 3 (David Cronenberg, 1979), una mujer da a luz mediante tumores a un ejército de monstruitos, Baby Blood (Alain Robak, 1990), una embarazada asesina obligada por su hijo no nato, Amanecer de los muertos (Zack Snyder, 2004), alumbramiento zombie, Pro-Vida (John Carpenter, 2006), fanáticos antiabortistas intentan salvar a un bebé que no es humano o Grace (Paul Solet, 2009), en la que una madre se empeña en dar a luz a su hijo muerto con terribles consecuencias.

Prevenge (Alice Lowe, 2016)

Curiosamente, en el último año ha habido un aumento considerable de propuestas similares: Antibirth (Danny Perez, 2016), embarazo de criatura extraña tras una noche de fiesta, Shelley (Ali Abbasi, 2016), la maternidad subrogada da como fruto un bebé maligno, Prevenge (Alice Lowe, 2016), sobre un feto que manipula a su madre para cometer asesinatos y Holidays (VVAA, 2016), un compendio de relatos en el que aparece una mujer embarazada de un reptil y otra objeto de un nacimiento satánico. La tendencia continúa, y va para largo. Al final va a resultar que los asesinos enmascarados que no toleran el sexo casual en sus películas les están haciendo un favor a las jovencitas asesinadas, proveyendo un más que eficaz método anticonceptivo.

Fran Chico

 

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