ENTREVISTA A RODRIGO SOROGOYEN

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Rodrigo Sorogoyen, director y guionista nacional que ha recibido tanto reconocimiento de la crítica como del público con sus dos últimos largometrajes: Que Dios nos perdone y Stockholm, vuelve a ponerse tras las cámaras después de presentar en el Festival de Málaga su corto Madre.

Aprovechando la preparación de su nuevo largometraje, El reino, hablamos con él, unos días antes del comienzo del rodaje, sobre este proyecto e hicimos un pequeño repaso a su filmografía.

En tus trabajos son muy importantes los diálogos, pero los silencios juegan un papel crucial en muchas de las escenas, ¿es una forma de expresar la incomprensión que sienten los personajes hacia el mundo que les rodea? Creo que es una respuesta que tiene que decidir más el espectador. No es que yo quiera expresar la incomprensión, sino que pongo silencios porque creo que cuentan mucho, me gusta lo que crean en la escena. Creo que a veces nos quedamos callados, no sabemos qué decir, y, por lo tanto, yo lo intento plasmar, o lo intentamos Isabel Peña y yo. Creo que la gente tiene una idea en la cabeza, crea a su manera, y sin querer expresa otras.

Los personajes de tus trabajos presentan una dualidad psicológica bastante fuerte y cambiante, un lado oscuro y otro más brillante, algo que se refleja en los tonos sombríos, la noche, o los claros con las paredes blancas por el día. Pero lo que me llama la atención es que en Stockholm la luz y lo blanco se corresponde con la oscuridad de los personajes, y la noche con todo lo inverso. ¿Querías mostrar estos antónimos visibles físicamente para significar la lucha psicológica de los personajes? Esa era una idea totalmente consciente que nos encantó y que creíamos que funcionaba muy bien. Por la noche todo es muy bonito, y por el día es todo muy feo, hablando mal y rápido. Innovaba la historia, sabíamos que la historia llevaba eso. Lo que sí hicimos dirigiendo ya la película fue potenciar muchísimo esa noche, y potenciar muchísimo ese día, ese día tan luminoso. Entonces claro, toda la película se basa en una dualidad: día/noche, él/ella.

Stockholm (2013)

Otro de los elementos que se repite en tu filmografía es la cuestión de la violencia. Unas veces más contenida y otras más explotada, ¿por qué usar recurrentemente este recurso? Supongo que hay algo de la violencia que me fascina o que me gusta o me interesa. En Stockholm la hay, obviamente, creo que si no la hubiera, no habría película. Es algo que tiene que tener, pero la peli no va sobre la violencia, pero creo que si no hubiese violencia, la película no interesaría, no llegaría a grandes cosas, que era lo que pretendíamos.

En Que Dios nos perdone es totalmente al revés. Ahí sí que queremos la violencia. Entonces intentamos expresar distintas formas de violencia, distintos personajes. La película está pensada, a priori, como si fuese un triángulo de tres personajes que no tienen nada que ver, pero que obviamente están conectados y que se complementan, y que cada uno es un psicópata a su manera. Y creo que, menos el psicópata en sí, que también existe, los otros dos son seres que existen en nuestro día a día, y que podemos ser cualquiera, incluso en un momento dado, pero que son seres aceptados socialmente. De hecho, son dos policías. Entonces nos interesaba mucho bucear en cómo podemos llegar a ser tan violentos en nuestra vida, incluso con nuestros seres.

Stockholm es una película más minimalista, de planos más estáticos y largos, muy centrada en las miradas, en los reencuentros constantes y de la separación de los protagonistas hasta en la forma de filmarles en planos distintos. Sin embargo, Que Dios nos perdone tiene un ritmo más frenético, agobiante, ¿cómo fue este salto tan grande de una a otra? No me gusta dirigir solo de una manera, como has podido ver, y creo que intento dirigir pensando en lo que le viene mejor a la historia, o la manera en la que veo la historia. En Stockholm nos gustó mucho, no sé cuándo lo decidimos, pero fue una decisión que creíamos que le venía mucho a la historia, que fuese todo tan estático. Porque, sobre todo en la segunda parte, queríamos evitar el corte de montaje, que todo pareciera lo más real posible, asistir a los tiempos reales, o los más reales posibles, de una pareja. Tanto cuando se están divirtiendo, y hay un silencio, o esas risas, esas miradas; como cuando no se están divirtiendo, lo están pasando mal, pues los silencios son, encima, incomodísimos. Entonces eso sabíamos que podía ser muy potente, y que además reflejaba muy bien la realidad.

 Yo creo que en Stockholm lo que queríamos era eso. Y en Que Dios nos perdone pues he intentado rodarlo de una manera en base a la historia. Ahora estoy sumido en otra peli, voy a rodar ahora en julio y quiero hacer otra cosa totalmente distinta, no sé qué tal saldrá, pero va a ser con un ritmo muy frenético, mucho plano…

Que Dios nos perdone (2016)

Cuéntame un poco más de este nuevo proyecto. Pues es un guion de Isabel y mío, otra vez. La verdad que estamos muy contentos con el guion, lo hicimos relativamente rápido, pero creemos que nos ha quedado guay. Se llama El reino, y es un thriller tipo Que Dios nos perdone, pero el prota es un político corrupto. Entonces intentamos, igual que la anterior, tener las dos vertientes: el thriller entretenido, la aventura de un tipo. En el otro caso eran dos tipos buscando a un asesino, en este caso, es un tipo intentando salvaguardar su dignidad o protegerse de una traición de sus compañeros de partido. Pero, lo que más nos interesa, igual que en Que Dios nos perdone era la violencia, aquí es indagar en el perfil psicológico de un político corrupto, que está claro que llevamos asistiendo a esto 10 años, cada vez más, ya es como una rutina. Lo que nació como una indignación de “no nos podemos creer que esto sea así y que haya tantos así”, pues hemos intentado, obviamente no entenderlo, pero sí entender su psicología. Obviamente, nunca perdonarlo, pero el cómo es para estos señores despertarse, acostarse, querer a su familia, y saber que nos están robando. Todo nace de esa inquietud: intentar conocer un poco más a esta gente.

Es un poco de crítica a la actualidad política. Sí… Hombre, la crítica espero que esté, pero no creo que haga falta ni criticarlo. Es que ya, es tan obvia la crítica, creo que hemos intentado ir un paso más, cómo debería ser la normalidad, intentar ver qué pasa con esta gente. Si son gente mala, o son gente tonta, o si simplemente es gente avariciosa.

Como has dicho que es un thriller, era un género que apenas se hacía en España y que durante los últimos años está cogiendo fuerza con directores como Oriol Paulo, Fernando González Molina, Raúl Arévalo… ¿A qué crees que se debe este cambio de timón en la temática del cine español? Ha habido mucho thriller en los años 70 y 80, pero está claro que está habiendo una nueva ola que se debe simplemente a una conjunción de factores. Uno, que es un género muy “agradecido” para los productores y para el público (se supone, luego no tiene porqué funcionar). Supongo que bebemos del cine americano que nos llega y que cada vez somos capaces de hacerlo mejor nosotros. Entonces creo que hay un gusto o un atrevimiento normal. Y luego está claro que se junta el momento oscuro en el que vivimos, que esas cosas se traducen en thrillers.

Siguiendo con los referentes. En Que Dios nos perdone, a pesar de ser un claro thriller de carácter castizo, se pueden encontrar tintes de los mecanismos típicos estadounidenses. ¿Te han influido películas como Seven (David Fincher, 1996) a la hora de desarrollar el guion? No te puedo decir en mis películas. En Que Dios nos perdone, Seven fue un referente clarísimo, y Memories of Murder lo fue un poco, y también lo fue El silencio de los corderos.

Antonio de la Torre y Roberto Álamo junto a Rodrigo Sorogoyen

En esta edición del Festival de Cannes, es la primera vez que ha participado una película (Okja, Bong Joon-ho, 2017) que no será proyectada en salas, sino que se estrenará directamente en la plataforma Netflix. ¿Qué opinas sobre esta opción? ¿Crees que el futuro cinematográfico está aquí? Está claro que es el futuro, de eso nadie puede huir, evitar o negar. Yo no soy un gran consumidor de eso, soy consumidor de sala de cine siempre, soy como muy de vieja escuela, pero está claro que los tiempos cambian y que hay que adaptarse. Si unas determinadas plataformas quieren invertir en cine/ficción, siempre va a ser bueno, porque lo que falta es financiación e ideas no faltan. ¿Que se acaben los cines? Creo que eso no lo quiere nadie, me parece una tragedia, por supuesto.  Pero vamos, que la gente pueda ver sus pelis donde quiera y donde pueda, me parece también bien. A mí no me gusta, pero tampoco voy a hacer el talibán de “aquí no se debe ver cine”. No, para nada. Si Netflix o Movistar invierten en ficción, siempre hará bien y siempre será bueno porque ya hay más gente invirtiendo.

Elena Canorea

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